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ya no está la vaca adentro, pero sí las redes afuera



En varios sentidos, entre la Argentina del 2001 y ésta parece que hubieran pasado más de 21 años. Desde la cotización del dólar a los logros tecnológicos de la época, ya nada es lo que era. Y, haciendo foco en la TV, y luego metiendo máximo zoom en el primer Gran hermano local, el juego seguirá siendo el mismo… pero, como dice el tango, cómo cambian las cosas los años.

Como botón de muestra, la pantalla que oficia de nexo entre “el adentro” y “el afuera”, apelando a la jerga universal del reality creado por John de Mol a fines de los ‘90 en Holanda, marca una de las grandes diferencias.
Soledad Silveyra, la primera conductora que tuvo el ciclo de Telefe, aparecía en un 20 pulgadas, aparatoso, hoy etiquetado como vintage, casi objeto de colección. Ahora, Santiago del Moro entra en “la casa más famosa del país” (y pensar que uno creía que la más famosa era la Rosada) casi a modo de gigantografía, a través de un 64 pulgadas, finito, de altísima definición.

Santiago del Moro se apoya en su oficio y en la tecnología. Captura TV.

Desde aquella noche del 10 de marzo del 2001 (la primera edición terminó el 30 de junio de ese año) hasta el lunes 17 de octubre de este 2022 no sólo pasaron dos décadas, sino que la TV como medio mutó notablemente: las plataformas de streaming se fueron llevando, de a poco, a los televidentes tradicionales, y la vara del rating se fue pinchando.
La curiosidad no tiene fecha de vencimiento
Así y todo, GH pasó a ser, sorpresivamente, el tanque de este año, con una media que se mueve por encima de los 20 puntos diarios de promedio. ¿La clave? Quién sabe: Susana Giménez se tomó otro año sabático, Mirtha Legrand y Marcelo Tinelli no convocan como antes y las ficciones locales brillan por su ausencia en los siete canales de aire.
En ese marco, la chance de ser testigos de un grupo de desconocidos parece que sigue gustando. Y eso que en el casting de esta décima temporada no ha aparecido -hasta ahora- ningún personaje especialmente atrapante, como sí lo fue Gastón Trezeguet en aquel debut del formato holandés en la Argentina.

El living de los comienzos tenía un televisor que hoy parece chico. Pero estaba muy bien para la época.

El participante que se subió al tercer escalón del podio de aquella edición inaugural (que ganó Marcelo Corazza) ahora es pieza fundamental de los debates de Telefe sobre el programa, en los que también están Sol Pérez, Analía Franchín y Laura Ubfal, entre otros.
En el 2001, por caso, uno de los panelistas era el sociólogo Eliseo Verón, que se las ingeniaba para explicar cómo una idea sobre el encierro televisado podía ser un éxito del prime time. Aunque no lo fue de entrada: la gala debut marcó 14,1 puntos de rating, mordiéndole los talones al Sábado bus que Nicolás Repetto había mudado de Telefe a El Trece (ganó con 14,2).
Claro que para conocer las cifras oficiales de Ibope hubo que esperar dos días: en ese entonces no había medición minuto a minuto, y los promedios finales se conocían recién a las 48 horas. Sí, tiempos pintados de sepia. En la gala siguiente, GH ya tomó el liderazgo con 16 (contra 12 de Nico), para despedirse en junio con un promedio de 36,1. Un verdadero fenómeno para una TV que sólo vivía de las figuras.
Y, de golpe, la llegada de esos muchachos desconocidos surgidos de un casting tomaba las charlas de café, de ascensor y de oficinas.

Ahora la casa tiene un diseño moderno, tanto en los espacios como en la decoración.

Todo sube en «el adentro»
De la primera temporada a ésta, la cantidad de participantes creció un 50 por ciento: entraron 12, ahora fueron 18 (hasta este momento, tras la salida de la catamarqueña María Laura, quedan 11 adentro, rumbo a una final sin fecha definida).
Y no son los únicos números que se incrementaron. La primera casa, construida bajo la supervisión de un ingeniero en un lote perteneciente a Telefe, dejó en claro que eso no era ni escenografía ni cartón pintado. Era una casa de las de verdad. Habitable, cómoda, amplia, luminosa. Bien equipada, pero olvidate de las persianas, claro. Y de los espacios extra.

El gran micrófono del parque, en el 2001, con la vaca Margarita de fondo… en su propio encierro.

La actual se mudó de manzana, pero sigue estando en Martínez (a 15 cuadras de distancia). Y creció a tal punto que tiene 2.200 metros cuadrados, y es la más extensa de todas las ediciones argentinas. Tiene sauna y todo.
Y ni que hablar de la parte técnica: de las 30 cámaras (4 de ellas eran infrarrojas) que intentaban mostrar todo en las primeras temporadas se pasó a las 65 que se utilizan ahora, y que toman lo que se ve de día y de noche, en el baño, en la pileta, en el spa, donde sea. No hay intimidad, ésa es la idea.
De los 70 micrófonos originales se pasó a 87 (entre los corbateros que usan los participantes y los de sonido ambiente), capaces de captar hasta los susurros. De hecho, algo imperceptible (con el volumen del televisor puesto en 87) que La Tora le dijo a Juan al principio fue tomado como prueba para una sanción en contra de ellas, por incumplir las reglas.

La casa de los comienzos. La de ahora queda a 15 cuadras, todo en el marco de Martínez.

“Todo ha mejorado notablemente, tanto en cantidad de equipos como en calidad tecnológica. Contamos con un tratamiento digital de avanzada. Y hemos armado un staff de 150 personas que rotan para ver todo, absolutamente todo lo que pasa en la casa”, cuenta en off a Clarín uno de los productores de Gran hermano, que reconoce que también hay otro grupo atento al pulso de las redes.
​Los grandes hermanos virtuales
En los primeros años de GH, se hablaba de lo que se veía y la respuesta estaba en el boca a boca o en el rating tardío. Ahora, a esas dos vías de devolución se le suma la impronta inmediata de las redes sociales, en las que no sólo se opina sobre lo que se ve, sino que ante cada gala de nominación o eliminación se tejen campañas con sus respectivos hashtags.
Hashtags, por otra parte, que han ido cambiando en este mes y medio, porque de pedir a gritos -la mayoría- que saquen a Alfa (el mayor del grupo, con 60 años) y coronen a Agustín, a quien han bautizado Frodo (por El señor de los anillos) y hasta le han creado una Frodoneta, ahora piden la cabeza del chico que se ha bautizado como “León”, pero su rugido está molestando en “el afuera”.

Cocina y comedor integrados. Un punto de encuentro para los participantes a la hora de las comidas.

Con el aislamiento garantizado -del otro lado del muro quedaron celulares, relojes y computadoras, entre muchas otras cosas-, lo que digan las redes no influye en “el adentro”, pero es un elemento clave en el análisis del juego para los que están afuera, incluida la producción.
“No todo lo que dicen las redes es cierto, lo sabemos. El otro día se hablaba de fraude o de favoritos nuestros y nada de eso es verdad, pero lo que los fans o televidentes ponen en sus cuentas nos potencia mucho. Estamos atentos a todo y siempre alguno de los chicos es tendencia por algo. Siempre hay un hashtag con GH”, comentan.
Teniendo en cuenta que Facebook fue creada el 4 de febrero de 2004 y que Twitter nació el 21 de marzo del 2006, hubo varios Gran hermano sin redes, y el fanatismo -sobre el final de primera edición- llegó a tomar forma de pancarta callejera en favor de Trezeguet o de Tamara Paganini, que fue finalista en el 2001.

Dicen que GH todo lo ve: las cámaras del baño no descansan ni cuando Thiago y Daniela tienen sexo.

Un programa para más de un canal
Así como ahora se replican los mejores segmentos en las ediciones diarias del prime time de Telefe y se puede ver el vivo durante 24 horas en Pluto TV (el streaming gratuito de Paramount), en el 2001 DirecTV había destinado cinco señales a ese formato vedette: en cuatro se emitían situaciones de distintos sectores de la casa y en el quinto había un mosaico como para no perderse nada.
Y no sólo importaba lo que hacían los 12 participantes iniciales, sino que también habitaban ahí la vaca Margarita, a la que ordeñaban dos veces por día, el ternero Ernesto y varias gallinas, a los que luego se fueron sumando mascotas.
Pero de los 112 días encierro de la primera temporada, Margarita y Ernesto sólo pudieron estar 82, porque un equipo de veterinarios detectó que los animales se habían estresado con el encierro y las cámaras. No fueron a placa, pero debieron abandonar la casa.
Ya no hay mascotas ni huerta (los chicos comían los que cosechaban) y algunas reglas han cambiado: esta vez pueden ver los partidos de la Selección argentina en el Mundial de Qatar (con relatos especiales para ellos, a cargo de Hernán Feler) y para tener sexo deben dar un consentimiento a cámara.
También ha cambiado el premio, claro. De lo 200 mil pesos que se le entregaba al ganador en el 2001 (Corazza se llevó 121.200, equivalente a los días que estuvo en el juego, ya que ingresó como suplente) ahora se pasó a 15 millones de pesos, más una vivienda prefabricada.
Si es cierto aquello de que 20 años no es nada, 21 debería ser casi lo mismo, pero, siguiendo con el cancionero, y con los ojos puestos sobre los de Gran hermano, se ve que el tiempo es veloz. Y no para.

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