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cómo fue el entierro en el Cementerio de la Chacarita


Sus familiares y amigos, el radical Rodolfo Terragno y algunos oyentes y televidentes despidieron a Lidia Satragno, que murió a los 87 años.

Los restos de Pinky ya descansan en el Cementerio de la Chacarita de la Ciudad de Buenos Aires. Tras su muerte, el último jueves a los 87 años, su círculo familiar más cercano le dio el último adiós en el entierro que se llevó a cabo este domingo al mediodía.

En una ceremonia muy íntima y sencilla en la que estuvieron su hijo Gastón, junto su esposa y sus dos hijos (Miranda e Isidoro), los nietos de Pinky, el coche fúnebre ingresó alrededor de las 11.30 al cementerio acompañados de dos autos.
Además de sus familiares más cercanos, quienes dieron su presente en esta última despedida, fueron también los dirigentes radicales Rodolfo Terragno y Juan Farizano, jefe de campaña de Elsa Lidia Satragno en aquella campaña a intendenta de La Matanza por la Alianza en 1999.

Su hijo Gastón, sus familiares más íntimos y Rodolfo Terragno estuvieron en la despedida de Pinky. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Luego de un responso formal y austero en la capilla de Chacarita, y aunque se especuló con que podía ingresar en el Panteón de los Actores, los restos de Pinky fueron depositados en nicho.
El recuerdo de su amigo Terragno
Terragno recordó a Pinky con mucho cariño. Dijo que siempre la consideró parte de su familia y que la conoce desde los 16 años, cuando tenía una revista literaria estudiantil y la entrevistaron en Canal 7 como periodista.

Terragno recordó que Pinky, su amiga, lo acompañó afectivamente durante su exilio en tiempos de dictadura. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

El ex diputado de la UCR contó que, durante su exilio en los setenta, era una de las dos personas que le mandaba continuamente cartas contándole cómo estaba la situación política en esa Argentina gobernada por los militares.
«Eso estrechó muchísimo más nuestra relación cuando volví para ser parte del gobierno de Raúl Alfonsín«, reveló Terragno. «Y te lo digo como para contrarrestar esa idea de que por conducir las 24 horas por Malvinas con Cacho Fontana significaba que adherían al régimen militar. Era todo lo contrario. Lo hizo como un servicio, porque ella era contraria al régimen», sostuvo.
Terragno también recordó lo decepcionada que se sintió Pinky cuando fue electa diputada, porque llegó con un montón de ideas y propuestas y ninguna prosperó. Y que por esa razón se terminó retirando de la actividad política.
La muerte de la «Señora televisión»
Cabe recordar que este sábado, Pinky fue velada a cajón cerrado en el Salón de los Pasos Perdidos de la Legislatura porteña, en un sepelio que se extendió desde las 12 del mediodía hasta las nueve de la noche, con acceso permitido al público en general.

Además de sus familiares y amigos, se acercaron a la capilla de Chacarita algunos oyentes y televidentes de Pinky. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Allí se supo que el lunes había muerto Azucena, la hermana mayor de Pinky y de Raquel, que ayer llegó primera al velorio acompañada de su hija, la periodista Kari Araujo junto su marido.
Kari también estuvo este domingo en el último adiós en la Chacarita.
En la Legislatura, de tarde, también estuvo el otro hermano de Lidia. Y su hijo Gastón y sus nietos. Leandro, el otro hijo de Pinky y Raúl Lavié, falleció en 2019 y sus restos también descansan en el Cementerio de la Chacarita.
La muerte de Pinky se supo a la una de la tarde del jueves y sacudió al país. La querida figura de medios radiales y televisivos tenía cáncer hace varios años y vivía en su casa frente al Botánico, donde su hijo Gastón la encontró sin vida al mediodía de este jueves.
Pinky fue periodista, actriz, modelo, conductora televisiva y también política: fue candidata a la intendencia del partido de La Matanza en 1999 por la Alianza, y en 2007 fue elegida diputada nacional por la provincia de Buenos Aires por Unión PRO.
La anfitriona de la TV a color
Fue la protagonista de un hecho histórico que representó un hito en su carrera el 1 de mayo de 1980, cuando estuvo al frente de la transmisión en donde se inauguró el color en la televisión argentina en el canal estatal rebautizado Argentina Televisora Color (ATC).
Su voz impecable, su elegancia, su vocabulario excelso y el manejo del oficio le permitieron dominar las cámaras como muy pocos pudieron lograrlo. A veces, esa misma personalidad trataba de esquivar sus dolores (los físicos y los del alma). Pudo sortear la crueldad de un cáncer en los años ’80, rara vez se la vio en algún escándalo mediático.
En los últimos tiempos la vieron abatida, por su salud delicada. Primero fue una trombosis y un epoc, producto de muchos años de cigarrillo, que la obligó a recluirse en su icónico departamento en la calle República Arabe Siria.
Otra recaída física la obligó a quedarse un tiempo en un instituto, donde se reencontró, después de más de treinta años, con su antiguo compañero de conducción televisiva, “Cacho” Fontana.
“Yo estaba sufriendo problemas de estabilidad, me había caído varias veces. Fue Cacho el que vino a buscarme junto al dueño de la clínica. Tal vez me hubiera muerto si no me hubieran ayudado”, agradeció.

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