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una tira que hizo historia en una TV… que hoy extraña la ficción nacional



Por entonces la Argentina batía récords de “locos por el diesel”. Aquel año las estadísticas daban cuenta de que la mitad de vehículos de nuestro país eran gasoleros. Los bolsillos de conductores y peatones estaban semivacíos. 1998. El Presidente era Carlos Saúl Menem, la economía estaba atravesada por el auge de las importaciones, las privatizaciones y el cierre de las industrias y en Polka había un plan: reflejar lo que pasaba entrañas adentro de un barrio cualquiera.

​La lupa en la billetera y los sentimientos de la gente común. Así nació Gasoleros: la primera incursión de Adrián Suar como productor de una tira diaria que llegaba cada día a casi dos millones de espectadores.
A 25 años de la primera emisión (el 5 de enero de 1998, por el viejo Canal 13), el programa se resignifica como una piedra angular de ficción en muchos aspectos.
YouTube permite rebobinar y desmenuzar ese primer capítulo de cortina reconocible: la voz desdeñosa y afectada de Vicentico anunciaba “gasoleros/no hay dinero/alma sola vagando por la ciudad/no me deje en banda gasolero/si mañana hay aguacero tengo que ir a trabajar”…

“Pensar que era un ciclo para pasar el verano, para cumplir con un espacio y se convirtió en lo que se convirtió”, analizó el hombre que en la calle será Panigassi hasta el último día, Juan Leyrado. “Recuerdo que la primera charla con Adrián fue en un barcito de Palermo. Me contó la historia con pasión y me motivó mucho. Polka era una oficinita y Adrián vio que había un espacio que ocupar desde la ficción», evocó a cuento de los 20 años, hace un lustro ya.
«Yo conocía esa filosofía del hombre de barrio de mi infancia en Barracas. Gasoleros nos daba la posibilidad de ver el funcionamiento y la nobleza de un barrio, donde lo que más importa es la relación con el otro”, reconocía en su momento.
Mercedes Morán, la protagonista de aquel éxito que medía un promedio de 20 puntos diarios, también hizo un viaje movilizante al pasado: “Yo dudé en hacerla. Sentía que no era la actriz adecuada para protagonizar una novela convencional, pero Suar me dijo que quería hacer otra cosa, quería un tipo de verdad que había reconocido en alguno de mis trabajos y decidimos seguir adelante”.

Panigassi & Roxi, pareja inolvidable de la TV.

“Roxi fue un personaje inolvidable para mí. Instalarme en ese carácter -confesó en el 2018- me resultó una de las experiencias más relajadas que hice en la televisión. Yo la llenaba de imperfecciones con el propósito de humanizarla. Era una mujercita que, básicamente, no se daba por vencida ni aún vencida, transgresora, criaba a su hijo, tenía un amante, regenteaba una flota de taxis…».
Y completó el perfil de su criatura: «T​enía una mucama que era su amiga. No cumplía casi ninguno de los requisitos de las protagonistas típicas”.
Un fresco costumbrista
La historia planteaba dos mundos aparentemente irreconciliables: colectiveros versus taxistas. En el primer bando, Héctor (ex colectivero, devenido en mecánico en cuyo taller se prohibía ingreso a taxis). En el otro, Roxana Presutti. La movilidad ascendente ya no era para ellos, pero los personajes “se rompían el lomo” para que las oportunidades fueran de sus hijos.

Brieva, Montanari, Morán, Leyrado, Solda, Camisani, Milone, Rada, Rago, Santoianni y Cabré.

Esa línea narrativa fue una parte que explicó el boom. El otro costado estaba sostenido desde lo visual y lo técnico. La casa chorizo de Panigassi, el bar de Emilia (Silvia Montanari), la casa de Roxi. En las cocinas los artefactos eran reales: salía agua de las canillas y las hornallas funcionaban.
Y muchas escenas parecían tomadas en exteriores, a pesar de haber sido grabadas en estudio. El efecto se lograba mediante un complejo montaje de iluminación. Cincuenta lamparitas de 100w, por ejemplo, simulaban el sol.
El escritor Jorge Göttling sabía precisar con maestría el motivo del fenómeno de audiencia: “El barrio, más que una noción de catastro, es un paisaje interior, un código de conducta. Una luz de almacén, el romance idealizado de la mujer que está de vuelta, los comerciantes crédulos que aún fían con los números en rojo constituyen un buen dibujo de vecindad. Y pueden convocar a la vergonzante humedad de la lágrima”.
Para los guionistas Gustavo Barrios y Ernesto Korovsky, la hipnosis en el ojo argentino estaba en una fórmula simple: “Gente sin laburo que no por eso pierde la alegría. Y realismo llano. Sin giros caprichosos ni sobrenaturales”.
Cincuenta trabajadores detrás de cámara, cuatro decorados fijos, dos móviles. La gasoleromanía era tan profunda que los archivos dan cuenta del desfile de visitas ajenas al mundo artístico. Hasta las Abuelas de Plaza de Mayo almorzaban con Roxi y Panigassi en el set.
“Comimos con ellos melón con jamón. Y hablamos del caso Pinochet”, explicaba Berta Schubaroff, junto a Estela de Carlotto. Después, Diego Maradona tomó el taxi de Roxi en un guiño que se transformó en bolo.

“Suar hizo una gran mezcla: mezcló un Midachi con un Rubén Rada y un Manuel Callau. En el programa aprendí todo para después ponerle el pecho al Sodero de mi vida. Venía de un lugar teatral en el que tenía que elevar la voz y la energía y en la primera escena Leyrado me enseñó a no gritar”, evocó emocionado Dady Brieva.
“Todavía yo vivía en Santa Fe. Recién en agosto de 1999 me mudé a Buenos Aires y cuando trabajaba acá paraba en una pensión. Terminamos siendo un grupo comando aceitado, un tetris perfecto, una Selección. Yo, Tucho, mi personaje, sabalero, peronista, era un tipo que tenía un loro, Sanguinetti, con el que hablaba y con el que logramos escenas fellinescas como el día que murió el lorito”.
Las perlitas del fenómeno
Al comienzo de la tira Jimena Barón tenía apenas diez años.
El programa ganó nueve de las diez ternas que integraba del Martín Fierro 1999.
La primera escena de sexo entre los protagonistas rompió con todos los esquemas románticos vistos hasta entonces: Panigassi agarró la guía de teléfono y marcó el número de un albergue transitorio. Pidió dos habitaciones y la parejita entró el lugar en el taxi de Roxi, con ella al volante y él como pasajero. Cada uno en su habitación, hasta que él hizo el trabajo fino: se puso un traje y golpeó la puerta del cuarto 403, con un ramo de flores.
El sueldo de un actor protagónico superaba apenas los 25 mil pesos.
Las jornadas de grabación duraban 12 horas y el elenco estaba expectante por el Mundial de Francia.
“Yo venía del exitazo de Montaña rusa, pero era muy chica, tenía 21 años. Y el mundo era otro: no teníamos celular y en el contestador de mi casa me dejaban un choclo con el cronograma de escenas del día siguiente. Tiempo después me compré un radio llamado”, se ríe Malena Solda (Luciana).

El taller del encuentro, 25 años atrás, testigo del amor de Panigassi y Roxi.

Y agrega la actriz: “Había una línea romántica de adultos y otra de más jóvenes, y yo integraba esa última, como novicia. Gasoleros tocó una fibra. Y revolucionó la manera de iluminar, algo que era del cine”.
Matías Santoianni, el hijo de Panigassi, agrega más huellas: “Gasoleros marcó los últimos tiempos de varias costumbres extinguidas. El autógrafo, el tener que usar la videocasetera para grabar y no perderse el capítulo. Hoy nos pueden mirar hasta en el colectivo y desde su pantallita de celular. Pero ese universo era distinto”.
La presencia más entrañable la disfrutó Cecilia Milone, que compartía camarín con “el mito” que se sumó en la segunda temporada, China Zorrilla. “Conviví con ella y su perrita Flor. Fue el gran premio de la vida que me dio esa tira”, juzgó a cuento de los 20 años del éxito.
“Un gran porcentaje de ese elenco venía del teatro, así que había una forma de trabajar teatral, que marcó un estilo: si se derramaba una botella, secábamos la mesa y seguíamos la escena. Eso daba sensación de TV hecha como teatro”, recuerda la hermana de Panigassi, Isabel.
¿Descabellado pensar en una remake? “No es ley que segundas partes no son buenas. Basta recordar que estoy casada con Nito Artaza. Creo que segundas veces valen la pena si historia es tan buena”, entiende Milone.
ADRIÁN SUAR:
«Yo venía de hacer unitarios, Poliladron, Verdad consecuencia, RRDT, y no quería hacer una tira. En ese momento el canal me convenció de que Polka hiciera su primera tira. Así nació Gasoleros», contó Suar.
«Cuando apareció la historia, la empecé a trabajar en mi cabeza como una comedia familiar. Me acuerdo que yo tenía el concepto del programa, estaba durmiendo y me desperté una noche con el título. A las dos de la mañana dije se llama Gasoleros. Fue una comedia que terminó de definir a Polka como productora de ficción», considera el creador de la usina.
«Además, en ese momento juntar a Juan Leyrado y a Mercedes Morán era raro para la época. Y terminó siendo una pareja icónica», califica sin dudarlo.
Curiosidades gasoleras
La primera tapa de Gasoleros en Clarín se publicó el 20 de diciembre de 1997 y presentaba al clan que haría historia días después. «Hijos de la calle», se tituló la nota. Suar, vaticinaba: “Será un éxito. Me gusta arrancar cunado todo el mundo está de vacaciones”.
El programa empezó con un promedio de 18,6 puntos y se enfrentó ese 5 de enero a Son o se hacen, comedia de Canal 9 con Julieta Ortega, Carolina Fal, Rodrigo de la Serna y Walter Quiroz. En abril de ese año regresó a la pantalla VideoMatch, por entonces en Telefe, y enseguida ambos ciclos se pusieron cabeza a cabeza superando los 20 puntos cada uno.
La pareja más exitosa de la TV de ese momento saltó a la publicidad. Una cadena de supermercados los tuvo seduciéndose entre góndolas al ritmo de Penumbras, tema entonado por Sandro. Y gracias a ellos, disparó las ventas.
Pablo Rago, Nicolás Cabré, Alejandro Fiore, Héctor Bidonde, Nicolás Pauls, Pamela Rodríguez, Valeria Bertucelli, María Fiorentino, Favio Posca y más dejaron su huella.
Panigassi dejó frases memorables como «una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa». La tira terminó el 30 de diciembre de 1999.

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