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Abbey Road, fábrica de música y epicentro Beatle, el eje del documental Si Estas Paredes Cantaran


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Con el debut como directora de Mary McCartney, Disney+ estrena una investigación sobre los famosos estudios londinenses, con un archivo antológico y plagado de estrellas.

“Soy yo en el estudio, en una foto tomada por mi madre, que era fotógrafa y estaba en una banda con mi padre” cuenta en off Mary McCartney, la directora del documental. Claro que su madre era Linda, su padre Paul, la banda Wings y el estudio Abbey Road.

Así comienza Si estas paredes cantaran, el recorrido fílmico dedicado a los históricos estudios británicos, que acaba de estrenar Disney+.
Nueve décadas gloriosas

«Si estas paredes cantaran» (If these walls could sing) es el debut de Mary McCartney como directora.

Mary, además de ser la hija mayor del ex Beatle, es fotógrafa, y en su debut como documentalista aceptó el ofrecimiento de contar la historia de los más de 90 años que llevan abiertos los estudios Abbey Road. En rigor, «los estudios EMI», porque si bien ya eran conocidos por el nombre de la calle donde están, no fueron bautizados oficialmente como Abbey Road hasta después del álbum de los Beatles.
Pero, ¿cómo plasmar nueve décadas gloriosas en menos de una hora y media? Una respuesta aproximada podría ser: con algunos hitos, un material de archivo sorprendente y llamando a unos amigos de papá (y a papá).
Ahí es donde aparecen Paul, Ringo Starr, Elton John, Cliff Richard, David Gilmour, Roger Waters, Nick Mason, Nile Rodgers, Jimmy Page, John Williams, Noel y Liam Gallagher, Kate Bush y George Lucas, entre otros.
Con esos nombres, cualquier documental se vuelve atractivo. Escuchar a Elton John hablar del miedo que sintió al entrar a los estudios la primera vez, o a los ex Pink Floyd recordar las sesiones con Syd Barrett y la grabación -ya sin él- de The Dark Side of the Moon, nunca deja de ser interesante.
Un archivo invalorable

Una vista de los estudios Abbey Road, cuya historia se recorre en el documental «Si estas paredes cantaran».

Para entender por qué Abbey Road es tan importante para la música desde hace casi cien años, habría que hablar de cuestiones más técnicas y -por suerte para la mayoría- Si estas paredes cantaran no lo hace. De otra manera se convertiría en una producción de nicho (en todo caso queda pendiente un documental dedicado sólo a ese aspecto).
A pesar de eso, la cronología del relato permite entender la importancia de su construcción, las dimensiones de sus salas, la acústica y el equipamiento con el que contaba -y cuenta-. En esa parte es donde se vuelve invalorable el archivo.
Hay desde imágenes de la orquesta grabada en el Estudio Uno en 1931 (con una calidad sorprendente) hasta sesiones a cargo de John Williams para las bandas sonoras de Star Wars. Precisamente la música para películas fue lo que salvó a Abbey Road de una crisis terminal en 1980.
Tanto Paul como Ringo subrayan el hecho de que en otras salas se estuvieran grabando orquestas, porque eso les permitió -a través de la enorme creatividad y experiencia de George Martin- experimentar con esos sonidos. Es decir, así como Abbey Road no sería lo que es sin los Beatles, los Beatles no hubieran alcanzado su punto máximo sin Abbey Road.
Al no tener a George Martin (murió en 2016), es su hijo Giles, también productor, el encargado de hablar del trabajo de su padre y de reproducir cintas de los Beatles en las máquinas originales (el inagotable archivo de esos señores no deja de emocionar).

Roger Waters, uno de los grandes músicos entrevistados en el documental sobre Abbey Road, «Si estas paredes cantaran».

Los aciertos y puntos flojos
A lo largo del trabajo de Mary también pueden verse viejas planillas con cada plan de grabación, las sesiones del nigeriano Fela Kuti (en vivo ¡y con público!), las de Oasis y -otro momento emocionante- la violonchelista Jacqueline du Pré, acompañada por quién fuera su esposo, nada menos que un jovencísimo Daniel Barenboim.
Entre los aciertos del documental está el uso de los registros fílmicos, donde Mary, por ejemplo, aprovecha el archivo grabado a dos cámaras y lo muestra en simultáneo, aprovechando la relación de aspecto de las pantallas actuales.
Los puntos más flojos son -paradójicamente- la música original, que suena a la de cualquier otro documental, y la manera de narrarlo: lo que empieza siendo un relato personal, se va perdiendo con el correr de los minutos para convertirse en un trabajo más del género. Pero nada de eso es grave, tratándose de un recorrido por la vida de los estudios más importantes de la historia de la música.
No en vano John Williams señala que Abbey Road es “una especie de madre de la música que se interpretó ahí”. Suficiente razón para ver Si estas paredes cantaran.
MFB

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