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No es un chiste: Martín Piroyansky es Tangalanga



Llega una película alrededor del insólito mundo, real e imaginario, del Doctor Tangalanga. Guste o no guste, esto es así: el día que se murió, diez años atrás, se acabaron las cargadas telefónicas. Inimitable, inconfundible, único. Julio Victorio de Rissio, conocido popularmente como el Doctor Tangalanga o Tarufetti, se llevó a la tumba el más grande secreto de la improvisación.

Tangalanga unió generaciones, hizo reír sin distinción de clases sociales. Los seguían Luis Alberto Spinetta (le regaló un teléfono blanco desde donde hizo decenas de llamadas), los Ricardos Mollo y Darín. Mirtha Legrand. Para algunos las carcajadas que provocaban sus bromas pesadas eran producto de las puteadas, de cuando putear estaba mal visto. Para otros la genialidad de su oficio radicaba en el work in progress previo al remate.
Murió a los 97 años en 2013. Si sos un imberbe que no sabe quién fue el verdadero genio de la transversalidad, también podés ir a ver El Método Talgalanga (estrena el jueves 19 de enero) como la historia intercambiable de un señor bastante raro, de una especie de superhéroe anti Marvel que cuando levantaba el teléfono (de línea) sufría un trastorno de personalidad entre satírico y picante.

Martín Piroyansky en el filme que estrena este jueves en los cines. Fotos Prensa

Tangalanga merece estar en la lista de los grandes genios que ha dado la Argentina. Está al nivel de Borges y Piazzolla, en el sentido de que creó un lenguaje absolutamente personal. Esto nos los dijo Diego Recalde, director de Víctimas de Tangalanga, frenético documental basado en el más grande repentizador de todos los tiempos.
“Creó una forma de expresión donde la mala palabra dejó de ser mala para volverse una palabra más. La rescató, la elevó y le dio una legitimidad que no tenía. Fue el primero en mezclar con naturalidad el lenguaje civilizado con la expresión bárbara y crear un idioma único”, agregó Recalde.
Julio De Rissio había comenzado a grabar bromas telefónicas subidas de tono a mediados de los ’60, para un amigo que se encontraba internado con problemas de salud.

Julieta Zylberberg es el interés romántico del protagonista.

Ahora, Martín Piroyansky llega al cine haciendo del Doctor en El Método Tangalanga. No es un papel más, muchacho: has tenido el honor de componer a un verdadero ícono del humor. Argentina sólo lo hizo. No hay imitadores ni sucesores ni herederos de Tangalanga.
En una época no se sabía quién era el tipo de las llamadas. Fue como el Zorro o el Batman de un rubro impensado. Tangalanga participó en espectáculos propios, ciclos radiales y en la TV. Vivió casi 100 años y tuvo un auge anterior al consenso zombie de la última década.
Su estatura artística consistió en hacer lo que de todos modos hubiera hecho sin público.

El Doctor Tangalanga. Murió hace casi diez años, el 26 de diciembre de 2013. Foto Archivo Clarín

“He aquí un brevísimo ejemplo del surrealismo verbal que se repite en las más insólitas formas, cuando escuchamos los cassettes de este genio underground del humor argentino. Lo importante aquí es la risa que nos genera, ese sentido de querer repetir la risa y, sobre todo, tener el placer de ver al maravilloso ser humano que esconde…”, destacó Spinetta.
La peli no es exactamente una biopic sobre el paladín de las bromas telefónicas. Es la historia sobre Jorge, un oficinista un poco tímido que tartamudea al hablar en público y no sabe cómo acercarse a la chica que le gusta (Julieta Zylberberg). Tal fue la rareza de Tangalanga, que la comedia de Mateo Bendesky introduce elementos fantásticos para intentar explicar el superpoder de marcar el teléfono y convertirse en el irreverente Doctor Tangalanga.
La entrevista
-Martín, ¿tenés conciencia de la posteridad del personaje?
-¿Con posteridad te referís a lo que fue Tangalanga en los ’80 o si pienso en qué le pasó al personaje de Jorge en la ficción…?

Piroyansky cuenta cómo preparó el personaje.

-Un tema interesante es la impunidad que daba el viejo y querido teléfono de línea, ¿no?
-Lo que más me llamó la atención mientras estudiaba al personaje era el talento particular que tenía Tangalanga para mantener a las víctimas respondiendo y sin cortar el teléfono…
-En la peli eso se manifiesta casi en una dualidad al mejor estilo Jeckyll y Hyde…
-Los enredaba con ideas absurdas y después quizá los insultaba. Era una época en donde las llamadas telefónicas tenían más valor que ahora. Y en cuanto a esto que mencionás de Dr. Jeckyll y Hyde, es algo que me toca de cerca, porque mi película favorita de la infancia era La máscara, con Jim Carrey. Ver esa película me cambió la vida porque me hizo ver que la actuación podía sobrepasar ciertos límites. En El Método Tangalanga pude darme el gusto de actuar una historia parecida.
-Llama la atención cómo alguien que cuando murió apenas mereció una mención en los medios, hoy sea material de libros y más de una película…
-Sigue siendo un personaje de culto. En cada reunión en la que contaba que yo iba a interpretarlo, la gente se emocionaba mucho y me preguntaba qué bromas iban a aparecer, así como en qué época iba a estar situada la película. Susana Giménez, cuando le conté, me dijo que su padre había sido amigo de Tangalanga y me pasó algunos datos que no conocía.

«En cada reunión en la que contaba que iba a interpretarlo, la gente se emocionaba y me preguntaba qué bromas iban a aparecer», cuenta el actor.

-A juzgar por lo que fuiste tomando del personaje, ¿qué pensás que significó Tangalanga para el humor argentino?
-Tangalanga es recordado sobre todo por haber sido un gran puteador, pero creo que lo más interesante del personaje era su humor absurdo. Las imágenes e ideas que creaba eran muy ingeniosas, ridículas…
-En la peli aparece como el humorista de culto que nunca dejó de ser. La historia está instalada en el comienzo de la leyenda, sus primeras cargadas telefónicas para el amigo internado…
-Ese fue el enfoque que le dio Mateo Bendesky, el director y uno de los guionistas de la película. Me pareció muy interesante que en vez de mostrarlo de grande, como llegamos todos a conocerlo popularmente, se prefiriera mostrar por qué empezó a hacer las bromas telefónicas. Tomando la historia real como base, Mateo creó un cuento fantástico y se tomó todo tipo de licencias volviendo la historia aún más interesante.

El filme de mateo Bendesky muestra al personaje en sus comienzos.

-¿Qué tipo de trabajo tuviste que hacer para recrearlo? ¿En qué te inspiraste?
-En realidad tuve que hacer dos trabajos, porque en la película interpreto a dos personajes: uno es Jorge, un tímido empleado que a través de una hipnosis se transforma en el Dr. Tangalanga cada vez que habla por teléfono. Entonces, por un lado Jorge, y por el otro lado estudié las bromas telefónicas que están disponibles en YouTube y en Spotify para imitar el tono…
-¿Estuvo bueno eso?
-Sí, fue un trabajo muy divertido, la verdad. Y compuse a este Jorge tímido que es exactamente lo opuesto al desinhibido Doctor Tangalanga. Me inspiré en el tono del cine argentino de los ’60 y con Mateo le fuimos encontrando los diferentes matices que va teniendo el personaje a lo largo de la película.
Y en cuanto al Dr. Tangalanga, trabajé en encontrarle la fisicalidad, porque para mí fue siempre una voz en el teléfono. En la película, en cambio, lo vemos caminando e interactuando con el resto de los personajes… Volviendo al principio, todo el tiempo sentí la responsabilidad que significaba interpretar a un personaje real y sobre todo tan querido por los argentinos. Espero que la gente la disfrute tanto como nosotros disfrutamos hacerla.
POS

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