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confesiones, rarezas e historias de niños que renunciaron a la fama



Iba a llamarse Pelito para la vieja, pero sus hacedores cambiaron el título a último momento por tratarse de una frase anticuada, poco marketinera. Finalmente apostaron por la sonoridad de la primera palabra, que remitía a vello, a despertar hormonal.

Con esa audacia pueril, Pelito llegó a Canal 13 seis meses antes de la recuperación de la democracia. Fue un ciclo infanto-juvenil que abrió paso a una industria capaz de replicar los rostros del éxito en póster, papeles de carta, souvenirs. También funcionó como incubadora de estrellitas adolescentes: bajo esos rayos se criaron Adrián Suar, Gustavo Bermúdez, Julián Weich, Pepe Monje.
La mayoría de sus actores no saben que el ciclo (idea de Eduardo Thomas y Máximo Soto y dirección de Eduardo Mazzitelli) encontró inspiración en la película Los muchachos de la calle Pal, un drama juvenil sobre dos bandos, a la vez basado en la novela del húngaro Ferenc Molnar (1906).
Primero como unitario, los sábados de 19 a 20, y luego como tira diaria, el fenómeno «padre» de Clave de sol y tal vez «abuelo» de Amigovios y Montaña rusa abrió un nicho puntual. No era extraño que en esa era pre-Internet con boom de autógrafos y cámara de rollo, tuviera que intervenir la Policía. En el revuelo de las giras teatrales por el país, por ejemplo, los fanáticos formaban embudos humanos y las estrellas infantiles tenían que ser subidas al micro por la ventanilla.

Claudia Flores como Diana en «Pelito»

El casting en diciembre de 1982, en Canal 13, reunió a 2500 candidatos, desbordó a empleados y desvaneció a varios acompañantes. Da cuenta de eso Jorge Pollini, Arturito luego en la ficción, el ahora médico que debutó en cámara a sus 11 años. «La fila desde la calle San Juan daba toda la vuelta por Cochabamba hasta llegar a Lima», detalla. «Mi mamá terminó internada, con hipertensión, después de estar parada al rayo del sol».
Pollini fue uno de «los colados» que en aquella fila del infierno escuchó el ultimátum materno y se animó a la trampa de adelantarse varias posiciones. «Yo vivía en La Plata, era muy vergonzoso y fui filtrándome hasta que entré y me entrevistó el productor y creador Jorge Palaz. Para no decir que vivía tan lejos y que no me eligieran, dejé el teléfono de alguien de Capital. Hubo una segunda prueba, quedamos 250 y llegó el llamado final». 
Noelia Noto no pasó por el extenuante filtro de las miradas de esos productores. Era una celebridad infantil cuando fue convocada. Protagonista de Annie, el musical en el Lola Membrives cuyo casting había ganado, su carita y su cabellera rojiza eran recurrente en Billiken o Anteojito.

Tres de los actores de «Pelito» hoy y ayer, Dougan, Noto y Pollini.

«Mi madre, mi manager, se las ingenió para que un día que fui invitada al programa de Carozo y Narizota nos cruzáramos con Jorge Palaz. Él me preguntó si quería sumarme a Pelito y respondí que sí, porque era mi programa preferido», cuenta la actriz que vive entre España y la Argentina y participó luego de series como Vis a Vis. «No me olvido la primera escena que hice: rojo mi pelo, rojo el vestido, con un suéter que mamá mandó a tejer, y rojos los cachetes porque lo tenía a Adrián Suar enfrente, que era más grande».
Noto era la pequeña Silvia, vivía en la ficción un romance con Emiliano Kaczka y hacía la tarea escolar en los recesos, entre decorados. «No sentía que fuese explotación, terminé siendo abanderada», advierte.
Renuncia y silencios incómodos
​Mientras Carlitos Balá, ya rey de la infancia, promocionaba su nueva película Un loco en acción, aquel abril de 1983 en Clarín se elogiaba el estreno de Pelito. «En general, los programas de televisión para niños resultan un aglutinante de mensajes equívocos», arrancaba su artículo (firmado con iniciales) el crítico B.L. «Ante ese desolador panorama surgen dos islas que contemplan la persona del chico y lo respetan, Festilindo y Pelito».
El eje de Pelito era la pandilla, un grupo con problemáticas de preadolescencia que sacaba a la luz temas como la menstruación, los cambios físicos, el despertar sexual y otras temáticas que los hacedores de Señorita maestra preferían no poner sobre la mesa.

La publicidad de «Pelito», en el 13

Paula Dougan es la actriz que logró sacar del olvido varias gemas. Ya a comienzos de los ochenta era una privilegiada que contaba con la novedad de la videocasetera y fue coleccionando los VHS que de a poco está digitalizando. Hoy diseñadora de interiores, tenía 13 años cuando entró en el dilema de saltar de Como la gente (ficción de Canal 9 con Nora Cárpena y Guillermo Bredeston) hacia Pelito.
«Yo había empezado en Cantaniño, arrancaba para 1983 el secundario, ya no quería hacer más televisión, pero Jorge Palaz habló con mi representante y en principio acordar que fueran cinco capítulos. Seguí feliz hasta el final», rememora la mujer que encarnaba a Pelusa, la rubia de rulos a la que el personaje de Gustavo Bermúdez (Federico) intentó conquistar, pero que terminó enamorada de Hernán (Julián Weich).
«Era otra era, jurásica, otra dimensión, sin celulares, le cuento a mis hijos de 19 y 20 y no pueden creerlo», se ríe. Chica de Olivos, gracias a ese trabajo televisivo, sus padres, que administraban el ingreso mensual, pudieron comprar un Fiat 600 para llevarla a las grabaciones en Constitución y pagar un colegio privado. Los beneficios fueron mucho, pero las contrariedades también.

Una publicación de presentación del elenco de «Pelito»

«Yo subía al colectivo y no me cobraban el boleto. O iba a la peluquería y me decían ‘no es nada’. Cumplir con las grabaciones y el colegio era mucho sacrificio y en la adolescencia padecí tanta popularidad. No podía caminar por la calle, iba a la playa en Pinamar y me perseguían. ¿Supervisión de padres? Muchos sí, las familias se conocían, seguimos manteniendo el vínculo con muchas familias, pero repensándolo, el ambiente era algo extraño, acosador. Los camarógrafos podían decirnos cosas a las chicas y en ese momento nadie se daba cuenta de que eso no estaba bien».
Pollini fue de los pocos que se plantó y pudo pegar el portazo cuando las condiciones de su contrato no permitían cuestiones básicas de derechos infantiles como irse de viaje de egresado. «En 1985 pedí permiso para viajar con mi curso, séptimo, a Córdoba, y como me contestaron que era había un trabajo que cumplir, elegí irme con mis compañeros de grado y renuncié. Mi nombre continuó apareciendo en los créditos, pero yo ya no estaba», cuenta.
«Ya había cambiado de turno en la escuela por las grabaciones, no iba a resignarme a algo inolvidable como el viaje. Los padres que podían estar en las grabaciones, estaban, algunos dejaron de trabajar y empezaron a vivir de los ingresos de sus hijos. Y alguno permitió que su hijo dejara la escuela», se lamenta. «Por suerte mis padres siempre me guiaron y yo lo viví como algo mágico, bueno. Tampoco podría compararse esa época con la actualidad, eran tiempos sin tanto peligro, yo me volvía solo a mi casa en La Plata, llamaba a mamá desde el fijo del 13, iba a esperar el micro a Plaza Constitución y ella calculaba mi regreso una hora y cuarto después. Viajaba paradito, o me sentaba en los escaloncitos del colectivo, al lado del chofer. Repartía autógrafos para todos los hijos de los choferes».

Emiliano Kaczka en «Pelito» y hoy.

Emiliano Kaczka todavía se emociona cuando ve a ese bajito de poco más de un metro ganar la maratón de esa carrera que se ve en la presentación del programa. Aterrizó en la historia sin buscarlo, después de acompañar a su hermana Analía (que sería la pequeña Bichi ficción) a un casting.
«Yo pensaba que no era para mí actuar, pero en el momento me metí en la fila, hubo una avalancha, logré volver a entrar y tuve la entrevista con Palaz», narra el ahora abogado, hermano de Guido, que tras largas pausas decidió volver a la ficción hace dos años.
«Pude llevar bien tanta exposición, porque los que generaban histeria eran Suar y Bermúdez, los más grandes. Una temporada en Mar del Plata hacíamos teatro en la misma sala que Alberto Olmedo, que protagonizaba ‘el bicho tuvo la culpa’. Las chicas perseguían tanto a Adrián y a Gustavo que una vez se refugiaron en el auto de mi papá, un BMW. Cuando los descubrieron empezaron a mover y golpear el auto. No me olvido de mi papá sufriendo, agarrándose la cabeza».
Para 1985 hubo una nueva selección de «caras frescas» con intención del seleccionado «Pelito 1986», pero el ciclo ni tenía demasiada vida. María Laura Santillán hizo su móvil dando cuenta de esa marea que explotaba el teatro Lasalle de Cangallo al 2200. El programa terminó ese año mundialista para dar paso en 1987 a otro hito, Clave de sol, de Jorge Maestro y Sergio Vainman.

Adrián Suar en «Pelito».

Lo advertía Palaz, el hombre detrás del fenómeno. «Los padres que descargan tanta ansiedad en poner a trabajar a un chico en televisión, no saben cuánto daño le pueden hacer al chico y cómo lo pueden descarrillar de lo que verdaderamente debe ser un chico a su edad. Queremos ver qué grado de salud tienen los padres, que atraídos por la luz de la pantalla chica quieran descargar en los chicos la carencia con que han vivido».
Cuatro temporadas duró el producto que puertas adentro vivió varias revoluciones secretas, como el día que desaparecieron dos adolescentes del elenco. Cuenta la leyenda que en un alto de las grabaciones en Martínez Damián Canavezzio invitó a Pollini al hipódromo de San Isidro sin avisar a ningún adulto. Estuvieron a punto de paralizar a un país.
Los chicos se subieron a la bicicleta de un camarógrafo y perdieron la noción de tiempo. Cuando volvieron, dos horas después, descubrieron que se había montado un operativo de búsqueda entre padres, actores y técnicos a punto de denunciar y exigir averiguación de paradero.

Gustavo Bermúdez en «Pelito»

Claudia Flores, Leandro Martínez, Solange Mathou, Gabriel Bauducco, Karina Terén, Natalia Di Salvo y tantos otros que se corrieron del foco y las luces fueron también parte de esa TV de decorados frágiles y fornido rating. Un patrón los aunaba: ese aire natural estético que estaba en las antípodas de los producidos Rebelde Way. No hubo necesidad de pelos planchados ni otras delicadezas. Pelito dejó huella más allá de las cabelleras. 
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