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La deslumbrante puesta de Fausto inauguró la temporada lírica del Teatro Colón



La temporada lírica del Teatro Colón se inauguró oficialmente con el regreso de Faust, de Charles Gounod. Entre las diversas versiones estrenadas entre 1859-1869, la producción que se presentó surgió en el 2015 entre teatros de Italia, Suiza e Israel, y contó con la dirección de escena, escenografía, vestuario, iluminación y coreografía del italiano Stefano Poda y la dirección musical del británico Jan Latham-Koenig.

Fausto, una de las leyendas más célebres de la cultura occidental, que el texto de Goethe proyectó a la inmortalidad, en el libreto que Jules Barbier y Michel Carré escribieron para Gounod, la metafísica goethiana se redujo a una historia de amor burguesa entre Marguerita y el personaje del título.

Fausto, con puesta del italiano Stefano Poda. Foto gentileza Máximo Parpagnoli.

El Fausto de Goethe es una obra moderna, que se trata básicamente de un hombre que lucha por superar sus propios límites a través del conocimiento y no duda en pactar con Mefistófeles para lograrlo.
El Fausto de Gounod, por el contrario, el libreto no enfatiza el hecho de que es un científico, se trata de un anciano que quiere recuperar la juventud. Pero en la producción de Poda, Fausto es atemporal. Todos los personajes, excepto Margarita (única vestida de blanco), están igualados con vestimenta negra.
Un anillo enorme
La deslumbrante puesta de Poda inyecta una atmósfera metafísica a la historia a través de elementos simbólicos, motivos filosóficos, y litúrgicos. Aunque su abstracta y bella poética a veces choca con el desarrollo narrativo, tiene su propia lógica estética que termina resultando convincente.

Fausto, con el enorme anillo de la puesta. Foto gentileza Máximo Parpagnoli.

Todo gira alrededor de la imagen de un anillo enorme –y su alusión a la continuidad, circularidad de la vida—que sube o baja lentamente. En el piso del escenario que rodea al anillo están escritos algunos versos del Fausto original en referencia a la brevedad del tiempo.
Poda organiza la puesta en etapas, sin perder continuidad; algunas se dilatan y otras se contraen. El estudio de Fausto y su búsqueda frenética de lo inalcanzable se sintetiza en la ruina de una biblioteca, en el primer cuadro, y el tiempo que no se detiene: los relojes de arena rodean la maquinaria teatral.
El proceso continúa en la alusión al mundo fashion y su frágil temporalidad, todos vestidos de rojo, proyectan su vanidad a través de sus movimientos de pasarela. Visualmente impactante y con coreografía cautivadora, el vals del final del segundo acto fue una danza entre estática e inarticulada.
Alrededor de Marguerita se derrumba el anillo que anticipa su destino trágico. Un árbol blanco en el interior del anillo redunda sobre la metáfora de la vida, y el jardín de Margarita se sintetiza en un abrigo que la envuelve con flores que se marchitan. El mismo universo interior continúa en el clima opresivo en la escena de la iglesia, bien logrado con una enorme cruz de luz invertida.

En esta versión de Fausto se lució especialmente el bajo ruso Aleksei Tikhomirov, como Mefistófeles . Foto gentileza Máximo Parpagnoli.

Entre los humos sulfurosos del reino demoníaco, la Noche de Walpurgis fue impactante. Cuerpos sórdidos pintados de negro armaron el gran bacanal. Lo mismo puede decirse de la escena de la prisión, Margarita y Fausto atrapados en la diabólica red de Mefistófeles, con los barrotes representados por cuerdas que se extienden por todas partes unidas al gran anillo.
Un elenco sólido
Aunque el concepto escénico no haya ayudado a mostrar la evolución y los matices de los personajes, el elenco tuvo un sólido desempeño. El reparto encabezado por el Fausto del tenor armenio Liparit Avetisyan no tuvo el reto de hacer justicia al viejo y al joven Fausto, tampoco de mostrar los contrastes entre lo ensombrecido del primer acto hasta la desbordante pasión del dúo del tercer acto.
Sin embargo, abrió la noche con una buena interpretación Salut Ô mon dernier matin y continuó con un buen dominio, pero con una voz no tan vigorosa, el complicado primer acto. Pero su verdadero dominio técnico se desplegó en las partes más líricas, como el arrebatador Salut demeure, que fluyó con la soltura que exige la partitura.

Una impactante «Fausto» abrió la temporada lírica en el Colón. Foto prensa Teatro Colón/Máximo Parpagnoli.

La soprano rumana Anita Hartig tuvo el desafío de dar vida a Margarita, uno de los papeles más exigentes de la literatura operística.
Con una presencia cautivadora en el escenario, una técnica fina y un timbre cristalino, cubrió todos los aspectos del gran espectro vocal que exige su personaje. Brilló en la célebre aria de las joyas. Aunque a la balada melancólica del Roi de Thulé que la precede podría haber tenido más matices interpretativos en el recorrido por los diferentes cambios de humor, entre el dolor y la muerte, pasando por el amor eterno y la soledad.
En el trío final se convirtió en la justa vencedora de la batalla redentora: Se proyectó encima de sus compañeros y de la orquesta, acumulando tensión en cada frase.
El bajo ruso Aleksei Tikhomirov se robó la noche. Fue un Mefistófeles imponente, con gran presencia vocal y escénica. Su serenata burlona que canta para Margarita (con las risas que pasaron a la historia) fue excelente, tanto como Le veau d’or, y su destacado fraseo en Vous qui faites l’endormie.

Fausto, con la soprano rumana Anita Hartig como Margarita. Foto gentileza Máximo Parpagnoli.

El barítono Vinícius Atique ofreció una interpretación convincente de Valentín en su aria del segundo acto.
El elenco se completó con muy buenas intervenciones de Juan Font (Wagner), Florencia Machado (Siébel) y Adriana Mastrángelo (Marta).
Con el rigor acostumbrado en las diferentes caracterizaciones que se le exigen, el coro dirigido por Miguel Martínez se lució y brindó una interpretación impecable en todo momento, en especial en el célebre coro del cuarto acto. El cuerpo de baile también brilló con su gran desempeño.
La dirección musical en manos de Jan Latham-Koenig al frente de la Orquesta Estable mantuvo el pulso dramático, en ocasiones con exceso de volúmenes, y la refinada orquestación de Gounod tuvo momentos de enorme belleza.
Poda fue tan ovacionado como los cantantes principales en la despedida final.
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Ficha
Fausto
Calificación: Muy buena​.
Autor: Charles Gounod, con libreto de Jules Barbier y Michel Carré.
Dirección musical: Jan Latham-Koenig.
Dirección de escena, escenografía, iluminación, vestuario y coreografía: Stefano Poda.
Sala: Teatro Colón, 14 de marzo.
Funciones: 14, 15, 16, 18, 19, 21 de marzo.

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