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«Volver por dinero no alcanza, y la gente se daría cuenta»



En la intensa y muy creativa década del ’90, Los Caballeros de la Quema fueron una de las bandas claves, dentro de una generación que incluyó artistas como Los Piojos, La Renga y Babasónicos.

Tuvieron su pico de popularidad con el hit Avanti morocha y se separaron poco después, en 2002. Hoy vuelven a juntarse para una gira y un Luna Park, el jueves 13 de abril.
Cabe aclarar que no es su primer reunión en veinte años, porque en 2017 llenaron el Estadio Unico de La Plata, dentro del festival Provincia Emergente. Desde entonces sólo hubo un puñado de shows, pero nunca hubo una gira ni mucho menos un concierto de esta magnitud en Capital.

Los Caballeros de la Quema, antes de un ensayo en un club de Ituzaingó. Foto: Constanza Niscovolos

«Siempre es una celebración»
Según cuenta Iván Noble, «Hasta ahora, este año solo hicimos un show, en Zapala, que estuvo muy bien. La verdad es que estoy esperando el Luna con emoción y felicidad, que no es poco. Porque cada vez que nos hemos juntado en estos años, que fueron tres o cuatro pero muy esporádicas, siempre terminó siendo una celebración».
-Fuiste el primer sorprendido por la gran respuesta de la gente.
-Sí. Y la pasé muy bien, Porque yo, entre mis neurosis y mi mirada escéptica, nunca sabía del todo si tenía ganas de hacerlo o si juntarnos era una buena idea. Sobre todo al ser una banda que había salido 20 años de la escena. Pero lo que siempre pasó, desde el estadio Unico de hasta lo de este año en el Día de la Memoria, Verdad y Justicia, fue ver a padres e hijos mancomunados. Eso fue lo que más me flasheó.
-¿Pensabas que se podían haberse olvidado del grupo?
-La verdad es que fueron muchos años de ausencia, y si bien había hits como Avanti morocha, Sapo de otro pozo y Oxidado, no sabía cuánto se habían atesorado y cuánto traccionaban. Y me sorprendió y conmovió. Tocamos el último 23 de marzo en el Espacio de la Memoria ex ESMA, para el Foro Mundial de Derechos Humanos, y pasó lo mismo, lo cual me da cierto pudor porque veía a contemporáneos míos llorando.
Quería decirles: «¡Señores, no es para tanto, y estamos grandes!» (risas). Evidentemente hay algo en nuestras canciones que le arañaron el corazón a bastante gente, más de la que yo pensaba.

Los Caballeros de la Quema, reunidos para festejar los 25 años de «La paciencia de la araña».. Foto Constanza Niscovolos

-Casi todas las bandas que se separan dicen que en un momento creen que la gente se olvidó de ellos.
-O que tal vez no se hayan olvidado, pero no que fuera tan fácil traccionar la emoción de vuelta. Hay un anclaje emocional que va más allá de las canciones, porque no es solo un disfrute musical. Hay remembranzas. Me parece que hay mucho de esa palabra intraducible: «saudade». O sea que excede a la banda, que en un punto es como la coartada para que la gente tenga ese vínculo.
-Toda una responsabilidad.
-Sí. Las bandas tienen que estar a la altura de esa emoción. Las canciones tienen que estar bien ejecutadas y lo que pasa en el escenario no puede estar desangelado. Y eso solo ocurre si a nosotros también nos emociona. Y la verdad que sigue pasando.
Yo tenía dudas que a mí no me pasara, porque toda mi carrera solista no tiene que ver musicalmente con Caballeros. No sabía cómo iba a ser ponerme esa pilcha de vuelta. No sabía si iba a tener que actuar eso. Y la verdad es que fue una buena enseñanza personal, porque me ayudó a encontrarme con un lado mío que estaba en desuso.
La reunión 2023
-¿Cómo surgió este regreso?
-A fines del año pasado caí en la cuenta que se iban a cumplir 25 años de La paciencia de la araña. Me pareció un número simbólico, con lo mucho y poco que significan esas cosas. Ahí nos comunicamos y pregunté si hacíamos algo. Y a diferencia de otras veces, parecía que en vez de hacer un evento podíamos hacer cinco o seis shows a modo de gira. Ahora estamos embarcados en esa, los ensayos están saliendo buenísimos y la camaradería sigue siendo muy buena.

Los Caballeros de la Quema frente al Luna Park, donde tocarán el 13 de abril. Foto de prensa.

-¿El Luna Park era una asignatura pendiente, un viejo antojo?
-Para mí el Luna era una espina, porque me acuerdo que quería presentar La paciencia en el Luna, Porque ya habíamos hecho Obras y porque era un lugar legendario donde vi a Titanes en el Ring, Ray Charles, Charly, James Brown y los Chili Peppers. Pero estaba cerrado y tuvimos que ir a Parque Sarmiento. Así que también es como un berretín.
-¿Los temas son casi los mismos que la reunión anterior?
-Hay una columna vertebral de quince canciones que son inamovibles y hay otras 10 que pueden tocarse o no, de acuerdo al evento. Al ser un lugar cerrado y lindo, vamos a hacer un set acústico con canciones que tal vez no podés tocar al aire libre, en el marco de un festival. Porque también nos dimos cuenta de eso: hay canciones que son el ADN de la banda y es inimaginable no tocarlas.
El reencuentro en 2017
-¿Cómo fue el primer reencuentro, antes del estadio Unico?
-¡Nunca más nos habíamos visto! Eventualmente alguno se encontraba con otro en un cumpleaños, pero nunca nos habíamos juntado los cinco miembros originales. Recién ocurrió 15 años después, antes del Unico, en un encuentro con empanadas, vino y rencores por limar, que tampoco fueron muchos. Creo que la adultez o la madurez te apacigua el veneno.
-Y se puede hablar del tema o simplemente ignorar al elefante que está en la habitación.
-Claro. Además, somos otra gente después de quince años. Yo siempre históricamente dije lo mismo: «Los Caballeros se separaron sin trompadas ni abogados», aunque por supuesto que hubo momentos donde varios nos odiábamos o despreciábamos mutuamente. En ese momento cada uno tenía sus razones, pero ya no.
¿Qué tiene de raro que una banda se separe? Basta con ver Get back o el documental de Metallica. Creo que en realidad lo notable son las bandas que siguen juntas después de 10 años, y por eso admiro mucho a Babasónicos y Los Auténticos Decadentes.
-Es raro ignorar un pasado que fue tan importante y que duró tanto.
-Uno es lo que hizo con su vida, y en el caso nuestro fue la mitad de la vida. Profesionalmente, a los 18 fui cadete, luego estudié Sociología e inmediatamente empecé a cantar. Es el oficio de mi vida, y en ese sentido Caballeros fue Jardín de Infantes, Primaria y Secundaria. Entonces la situación de seis personas encontrándose en el oficio, más viejas y más tolerantes, es para agradecer y celebrar. Sobre todo si las cosas se hacen con respeto a la historia.
Yo estoy absolutamente seguro que es mejor banda ahora que antes. Sonamos mejor ahora, porque las condiciones de audio y ensayo eran muy precarias hace 25 años, pero además se maceran las personalidades. Hay un ensamble de pasión y cosa añeja. No sé cuánto más va a durar, ¡quizás llegue el momento donde sea más añejo que pasional! (risas)
-Qué viene después del Luna?
-Después viene toda la gira: Rosario, Mar del Plata, Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Dijimos de hacer un primer semestre de Caballeros. Después veremos qué pasa durante el periplo.
Tocar para los hijos
-¿Influyó en algún regreso querer mostrarle la banda a sus hijos?
-Yo dudaba mucho de juntarnos. Unos años antes no tenía antes, y cuando salió lo del Unico lo que me terminó ed decidir fue que Benito comenzó a escuchar mucho a Caballeros, y tenía unos 12-13 años. ¡Me acuerdo que un día me llamó Julieta y me dijo, «Tu hijo está escuchando Caballeros»! Incluso ahora siguen apareciendo algunas canciones en sus playlists.
Creo que es una forma de mostrar tu historia, así como nuestros abuelos contaban sus hazañas de la guerra. Hay un momento de la vida, cuando estás en búsqueda de serenidad, que empezás a hacer un racconto, un inventario, y no son tantas las cosas que uno hizo en la vida. Y de esas cosas que uno hizo, las que te convirtieron en lo que sos ahora, son dos o tres: las mujeres que amaste, los amigos que conservaste y lo que hiciste con tu oficio. 
-¿Los regresos de las bandas sirven para volver a disfrutar lo que en un momento se dejé de disfrutar?
-Sí. Es como volver a Itaca, a la tierra natal, más viejo. La maldición de Ulises era que iba a volver pero tarde, mal, sin mapas y sin compañeros. Volver tarde y mal para una banda es lo peor que le puede pasar. Sin mapas no está mal. Y sin compañeros es imposible. Las bandas tienen que volver antes que sea tarde, lo más bien que se pueda, dignamente, haciendo honor a la historia y con los compañeros, porque eso es innegociable. Volver por dinero no alcanza, y la gente se daría cuenta. 
MFB

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