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El Ballet del Colón arranca su temporada con El lago de los cisnes



Este martes a las 20 el Ballet del Teatro Colón comienza su temporada con El lago de los cisnes, creado por los coreógrafos Lev Ivanov y Marius Petipa sobre una partitura compuesta por P.I. Chaikovsky. El estreno original ocurrió en San Petersburgo en 1895 y desde el principio fue un éxito absoluto, como lo sigue siendo hasta hoy.

Cuatro primeras bailarinas del Colón -Ayelén Sánchez, Camila Bocca, Rocío Agüero y Eliana Figueroa- hacen los roles antagónicos de Odette (el Cisne Blanco) y Odile (el Cisne Negro). Por su parte, el príncipe Sigfrido está interpretado por los bailarines Federico Fernández, Juan Pablo Ledo y Gerardo Wyss En las dos últimas funciones, dos artistas invitados excepcionales: la superestrella argentina Marianela Núñez, del Royal Ballet, en el doble rol de Odile y Odette, y el espectacular bailarín coreano Kimin Kim, del Ballet Kirov, como el príncipe.
Resumamos la trama: el príncipe Sigfrido descubre en el bosque a la joven Odette que el hechizo del brujo Von Rothbart transformó en cisne, pero que recupera su forma humana durante la noche. Amor fulminante y juramento de fidelidad eterna de parte de Sigfried, que así podrá romper el hechizo.

“El lago de los cisnes”, creado por los coreógrafos Lev Ivanov y Marius Petipa sobre una partitura compuesta P.I. Chaikovsky.

En el tercer acto, la reina madre organiza una fiesta para presentar princesas casaderas a su hijo. Llega Von Rothbart con su hija Odile bajo la apariencia de Odette; sin percibir el engaño, el príncipe le reitera su juramento y todo se derrumba. El hechizo no podrá quebrarse y los amantes terminan arrojándose a las aguas del lago.
El lago de los cisnes es sin dudas la obra de ballet más popular de todos los tiempos y de la que más versiones diferentes se han hecho. Esta en particular fue creada por Mario Galizzi, director además del Ballet del Colón desde hace un año, a partir de la renuncia de Paloma Herrera. Galizzi es un experimentado repositor de obras de repertorio y respecto de El lago de los cisnes ya había hecho otras adaptaciones.
Ahora se ofrece la misma versión con que cerró la temporada del Ballet del Colón en 2019; ya entonces Galizzi había introducido un cambio importante: la unión del primer acto con el segundo y el tercero con el cuarto, dando así más fluidez al curso de la historia. Eliminó además algunas variaciones con lo que la obra es menos extensa: ”Una renovación hoy necesaria -dice- porque los tiempos del público también son otros”.

Mario Galizzi, director del Ballet del Teatro Colón. Fotos Lucía Merle

Mario Galizzi estudió minuciosamente cada reposición o nuevo montaje de un ballet y siempre tiene algo nuevo para decir al respecto. Cuando todo parece estar ya dicho sobre este clásico de los clásicos, con él aparece algo nuevo.
-¿Qué tiene de particular para usted “El lago de los cisnes” que lo hace un ballet siempre presente?
-Creo que es la madre de la danza clásica y una herencia fundamental de Marius Petipa, de Lev Ivanov -su asistente y que creó los dos poéticos “actos blancos»- y por supuesto Chaikovsky. Incluso las personas que no conocen nada del ballet saben que hay una obra que se llama El lago de los cisnes, aunque algunos de ellos (sonríe) suponen que es una parte de La muerte del cisne. Por supuesto que no lo es.

Una imagen del tercer acto de «El lago de los cisnes». También se lo podrá ver por streaming.

-¿Qué aspectos considera más importantes cuando se hace el montaje de “Lago”?
-El conocimiento de la obra, pensar cuál es su sentido. Pero es algo que debería ocurrir siempre: si un ballet, por ejemplo, transcurre en el Renacimiento, el bailarín debería saber sobre esta época para entender el ámbito, el estilo y la forma de comportamiento de los personajes. Creo que es una falencia actual. Los maestros suelen pedir “¡más alta la pierna!, ¡más velocidad!, ¡más piruetas!”. Es poner la importancia en la técnica y no en lo que le ocurre al personaje.
Y agrega: “La primera entrada de Odette, por ejemplo, ¿cómo se siente en ese momento en que comienza a recuperar su forma de mujer? ¿La entristece ser prisionera del brujo o la alegra volver a transformarse en mujer, aunque fuera transitoriamente? Y cuando encuentra al príncipe y descubre que es el amor de su vida, ¿cuáles son sus emociones?”.

El estreno será este martes 11 de abril, a las 20 horas.

-¿Y en el Cisne negro, que es un rol mucho más espectacular desde el punto de vista técnico y eso quizá se pone muy en primer plano?
-No, no; tiene que entrar al escenario a cautivar: convencer al príncipe de que ella es el cisne-mujer del que se ha enamorado. Ser sugestiva y mostrar, de alguna manera, que es pérfida y parte del plan de su padre Von Rothbart. La variación de los “rond de jambe fouetté”, (nota: una destreza de gran virtuosismo y dominio técnico) no puede hacerla con una sonrisa resplandeciente. Por otra parte, le pido a la bailarina que interpreta a Odile que se dirija no sólo al príncipe sino también a la reina madre, que es la que aprobará o no su compromiso.
-¿Son formas de acercamiento a los roles que vienen de su larga experiencia en reponer ballets?
-Cuando estudiaba en el Instituto del Colón había grandes maestros que se ocupaban de estas cosas. Y en la década del ‘60 vino Jack Carter a montar El lago de los cisnes al Teatro Colón -la primera vez que se hacía la versión aquí completa en cuatro actos-; él le daba mucha importancia a la puesta en escena y explicaba maravillosamente todos los detalles: el estilo, la época, la conducta de los personajes.
Recuerdo que era una producción extraordinaria y quedó como una leyenda en la historia del Ballet del Colón, aun entre quienes no llegamos a bailarla y también en las generaciones siguientes.

«Muchas veces en los ensayos, prefiero sentarme lejos del escenario y apreciar la totalidad», dice Galizzi.

-¿En qué tipo de cosas se detiene especialmente durante los ensayos?
-Muchas veces en los ensayos no me enfoco particularmente en los pas de deux. Prefiero sentarme lejos del escenario y apreciar la totalidad; ¡y que los primeros bailarines se arreglen con su técnica haciendo la clase todos los días! (se ríe).
El balance de un año
-Pasando a otro tema. Se cumple un año desde que asumió la dirección del Ballet del Colón. ¿Podría hacer algún balance?
-No podría decir que fue un año fácil, pero creo que hay un estado de satisfacción en los bailarines. La compañía está distendida para bien. No me refiero a los paros y a los reclamos por las jubilaciones que son parte de otro problema. Pero se acomodaron muy bien a cambios que hice en la temporada 2022, reemplazando títulos que estaban programados desde antes. Por ejemplo, volver a traer el Cascanueces de Rudolf Nureyev, una joya que tienen pocas compañías en el mundo. O hacer nuevamente Oneguin, otra joya, en lugar de un ballet-comedia previsto por la dirección anterior.

Galizzi es contundente: «No me canso de insistir en la necesidad de que el Ballet haga más funciones».

-¿Cuáles serían las metas más importantes a conseguir?
-No me canso de insistir en la necesidad de que el Ballet haga más funciones; nada estimula más el crecimiento de la compañía. La experiencia y la madurez artística se logran en el escenario.
-Pero el Teatro Colón tiene una programación muy amplia.
-Es cierto. Pero ya teniendo armado El lago de los cisnes, por ejemplo, ¿por qué no hacerlo en otros espacios –se me ocurre el Luna Park-, o llevarlo en gira?

«¿Por qué no hacer ‘El lago de los cisnes’ en el Luna Park?», propone Galizzi.

-Hablaba de las jubilaciones de los bailarines del Colón. ¿Seguramente su no resolución tiene también una incidencia artística?
-Claro, porque si no se resuelve, ¿cómo se renueva la compañía? Si después de tantos años de formación en el Instituto de Colón la gente no encuentra un lugar aquí, se va entonces a Uruguay o a Chile o a Europa. Donde pueda bailar. Es algo gravísimo porque la ley de jubilación de los bailarines existe y en alguna época se aplicó. En el Ballet del Argentino de La Plata, en el Ballet de Córdoba, en el de Bahía Blanca está reglamentada. ¿Por qué no en el Colón? No puedo entenderlo.
-¿Qué ocurre hoy con los bailarines que no se jubilan por motivos económicos?
-Pueden hacer otros roles expresivos, hermosos. Pero hace falta darle lugar a la gente joven. Y es una carrera tan corta.
-El próximo título es “Caravaggio”, del coreógrafo italiano Mauro Bigonzetti. Una obra difícil, ¿no es cierto?
-Es un lenguaje más contemporáneo y resulta bueno para la compañía saltar a otro mundo, del que hacemos muy poco; pero si incrementáramos el repertorio de danza contemporánea -como tienen las grandes compañías internacionales, el Royal Ballet o el Ballet de la Opera de París- nos quedaríamos sin lugar para los clásicos: tenemos sólo seis obras por temporada.
-Curiosamente el Ballet del Colón nació y atravesó muchos años con un concepto de repertorio modernista.
-Sí, llegaron aquí coreógrafos importantísimos de la modernidad: Bronislava Nijinska, Antony Tudor, George Balanchine y otros. Ese fue el repertorio desde los comienzos de la compañía y durante décadas y lamentablemente se ha perdido. ¿Cómo comprender entonces hoy las formas más contemporáneas de la danza si la modernidad se ha salteado hace ya mucho tiempo?
(«El lago de los cisnes», a partir del estreno del martes 11 a las 20 -la obra se emitirá por streaming: teatrocolon.org.ar- habrá nueve funciones más. Teatro Colón, Libertad 621.)
POS

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