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un sin cesar de hits y reggaetones súper conocidos



Romeo Santos anoche ofreció un ininterrumpido concierto de casi dos horas y media de música, en el primero de su doblete de este fin de semana en Buenos Aires, como parte de su gira Fórmula 3.

El estadio de Vélez no lució repleto por completo, pero cabe destacar que el espectáculo de ayer viernes lo agregó la productora organizadora del evento no hace tanto, tras agotar rápidamente los tickets para el concierto que el artista desarrollará esta noche de sábado.

Romeo Santos dio su primer show en el estadio de Velez el viernes por la noche. Repetirá al día siguiente. Foto: Rafael Mario Quinteros

Además de presentar las canciones de su último álbum, Romeo Santos recorrió sus grandes éxitos consagratorios, prácticamente sin pausa alguna y con mínimos bailes de su parte desde arriba de las tablas.
El inicio

Romeo Santos en Velez, después de haber llenado River, el estadio Unico, GEBA y el Hipódromo en los últimos años. Foto: Rafael Mario Quinteros

Aunque el concierto estaba anunciado para las 21 horas, recién el cantante estadounidense de ascendencia dominicana (sus padres lo son) recién dijo presente sobre el escenario montando en el Amalfitani muy cerca de las 22, para iniciar un sin cesar de bachatas y reggaetones, acompañado por un minúsculo grupo de músicos cerca del fondo y a su diestra, con roles destacables de sus coristas varón y mujer, grandes soportes en su interpretación en ciertos pasajes del recital, generando destacables duetos.
Más allá de que muchas de sus canciones resultan súper conocidas, ya sea porque desde hace años suenan constantemente tanto en radios como en boliches, el público siguió atentamente cada estrofa, coreando al unísono casi tan fuerte como el sonido de propio cantautor moreno nacido en el Bronx, barrio bravo de Nueva York, hace 41 años.
El anticipo a su repertorio tuvo como protagonista principal a Dj Mad, quien se encargó de precalentar la noche durante una hora musicalizando/versionado a través de sus bandejas hitos del mundo bolichero, pero a su vez alentando al público para que el estadio luzca como si fuera una discoteca a cielo abierto.
Quien acompaña a Santos con las bandejas a lo largo de su gira mundial logró su cometido a modo de precalentamiento, generando adrenalina e incluso ansiedad en el público presente, que en su mayoría era femenino y rondaba entre los 25 y 35 años (con algunas excepciones).

Romeo Santos en vivo en Velez.
Foto: Rafael Mario Quinteros

Dentro del caótico ingreso al estadio (fue bastante desordenado) se pudo ver algunas dominicanas que residen en Buenos Aires, todas conformando grupitos de amigas, muy sectorizadas por propia cuenta.
Es que muchas de ellas también son responsables del éxito de este artista estadounidense en Argentina: hace por lo menos 15 años muchas de ellas fueron las primeras en promulgar las canciones de El Rey de la Bachata dentro de los locales bailables de Ciudad de Buenos Aires.
Ese impacto ocasionado no tardó en retumbar dentro de otros reductos nocturnos porteños para transformarse luego en éxitos inmortalizados.
Dentro del terreno visual llamó la atención el protagonismo de luces desde dos aspectos: el primero lo ejerció el público, pues la mayoría de las presenten llevaban puestas coronitas de luces de colores que se encendían y apagaban sobre sus cabezas. Además de iluminar el estadio a lo largo y lo ancho, resultó agradable lo sucedido sin haber sido premeditado con antelación.

Por otra parte, el juego de luces del escenario fue de alta gama, a tal punto que se transformó en el punto más alto de la apuesta de la noche, porque el sonido nunca se acomodó por completo y a su vez a Romeo Santos no se lo notó totalmente motivado pese a haberlo dado todo desde el terreno vocal, que sin duda es su fuerte y razón más que suficiente para que haya llegado a la fama mundial.
Entre canciones y mensajes, 33 canciones fueron el gran sacudón para las fanáticas, pues tanta catarata de hits fue el antídoto necesario para aquellas fans que deseaban este reencuentro con su ídolo, a quien siguen desde primera hora y a quien ya habían acompañado tantísimas veces en sus multiplicados recitales en River Plate, el Estadio Único de La Plata, varios GEBA e incluso el Hipódromo de Palermo, hasta llegar a este presente en la cancha del club de Liniers.
Las canciones
Las primeras estrofas de Pañuelo fueron interpretadas por su bellísima corista mujer, quien fue la encargada de recibir al anfitrión extranjero, quien fue iluminado de lleno por una luz clara: Romeo estaba vestido con una camisa color crema y pantalón ancho azul con rayitas blancas, además de unas zapatos marrones y lentos oscuros.

Romeo Santos junto a la cantante de su banda. Foto: Rafael Mario Quinteros

A partir de entonces, el consagrado artista a nivel global continuó con canciones como La Diabla, Eres mía y Mar, cuya interpretación estuvo acompañada de una plácida imagen de marea quieta, con un fondo de cielo y nubes rosas.
Minutos más tarde, luego de entonar seis canciones, recién Santos tomó por primera vez la palabra: “Muy buenas noches, Buenos Aires, aquí no se vino a hablar, aquí se vino a cantar”, sentenció el artista como modo de agite a su público argentino.
Siempre con un micrófono bañado en oro agarrado bien fuerte con una de sus manos, el astro se paseaba de un lado al otro del escenario, pero sin contagiar al baile desde arriba de las tablas: razón que llamó poderosamente la atención.
Sin embargo, para Promise, canción de su primer álbum, a través de un gesto con su otra mano le pidió a la gente que saltara y enseguida eso sucedió. Fue justo cuando su corista varón se lució de manera brillante en acompañando al bachatero.

Concierto del cantante Romeo Santos
Foto: Rafael Mario Quinteros

“Sinceramente, mi lugar favorito para cantar es Argentina, por su vibra. Hay muchas personas conduciendo y bebiendo. A ver, es tomar o conducir, no ambas cosas. Vamos a disfrutar de la bachata. Quiero hacer un brindis especial por Argentina”, aclamó el cantante para luego brindar con un vaso de ron oscuro y entonar Bebo, de la placa que vino a presentar a Buenos Aires.
A su lado, había una mesita alta con la botella a la vista. Para el final de la canción, Santos, ni lerdo ni perezoso, tomó con una de sus manos la botella y bebió un buen sorbo del pico, a espaldas de su público, que lo festejó con aplausos.
“Ey, escucha las palabras de Romeo. No sé si has cambiado de opinión y no te vas. Si tu vuelo de las 3 cancelaras”, rezó en la letra de Llévame contigo, mientras observaba bien de cerca a su público femenino desde el borde del escenario.
El hit que grabó con Karol G
Cuando ya había pasado la tres cuarta parte del show y ya había entonado hitazos como Volví, Ella quiere beber o Farsante, fue el turno del tema taquillero llamado X si volvemos, que grabó junto a Karol G, que ambos hicieron para el último trabajo de la reconocida colombiana.
Antes de entonarla, el vocalista volvió a hablarle al público: “Dicen que en la Argentina cuando a las mujeres les encanta una canción se la aprenden rápidamente y se convierte en himno a los dos días. ¿Eso es cierto? Vamos a ver”, expresó como para poner a prueba a los suyas, a ver si la conocían.
Pese a cantar gran parte de la canción con la voz de la cafetera de fondo en las partes que le tocaba aparecer, este cantante alto y de notable seriedad en su rostro frenó la música y se mostró insatisfecho con el coro de la gente, pregonando luego mayor clamor de las suyas para lo suyo.
“Ok, voy a hacer una pregunta. Sean sinceros. ¿Tienen una suegra ejemplar, cariñosa? Si no tiene esa suerte y es una hdp y maluca y si encima está presente esta noche, solo háganme una seña”, señaló quizás en el mayor tramo de simpatía dentro del set para darle paso a Suegra, que forma parte de su última placa.
Durante el resto del concierto, hubo palabras más, palabras menos, canciones desde los escalones de una pequeña escalerita sobre el mismo tablón, acercamiento a su público a través de la pasarela delantera, canciones a capella, enganchados de bachatas exitosas y un final con Sus Huellas y Propuesta Indecente, cuyo video grabó en Buenos Aires y arranca con el sonido de un bandoneón para transformar su música en baile.
Romeo Santos, en el primero de su doblete en Buenos Aires, fue sinónimo de necesidad de canto con su presencia, y no a través de un equipo de sonido en un boliche. Sin duda algunas sus fanáticas enardecidas resultaron ser el mayor atractivo de la noche. Algo así como la extensión de un recital que no solo fue escenario, sino también campo, popular y platea.
MFB

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