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una fiesta de despedida incendiaria y celebratoria



San Pablo (enviada especial)- Kiss, la banda neoyorquina que deja los escenarios tras 50 años de carrera, desplegó toda su parafernalia para conformar a las más de 45 mil personas que desde el mediodía del sábado llenaron el estadio paulista Allianz Parque.

Scorpions, Deep Purple y Helloween pasaron antes por el escenario y animaron una jornada a puro hard rock. Este viernes 28 será el turno de Argentina con la llegada del Festival Masters of Rock al Parque de la Ciudad.

Gene Simmons con el impresionante logo de fondo en San Pablo. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

Ultima vez en vivo
Ahora sí, es la última visita de Kiss, ya que la banda se despide en diciembre y esta será la última vez que Sudamérica tenga al grupo en sus escenarios. Al menos en este formato y caracterizados. “Kiss con maquillaje va a dejar de tocar”, repiten en cada entrevista en el marco de su gira.

Paul y Tommy, de Kiss, en el festival de rock en San Pablo. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

El “End of the Road Tour”, que trae a la banda comandada por Gene Simmons y Paul Stanley a la Argentina, pasó por Brasil y Clarín pudo asistir, en exclusiva, a la escala en San Pablo en el Allianz Parque, sede del Palmeiras.
Kiss subió puntual a las 21 horas al escenario del estadio colmado de fans que desde la mañana empezaron a llegar al lugar. Cuando las luces se apagaron, en las pantallas donde se proyectaban las icónicas letras del logo de la banda, se vio una toma aérea del estadio y luego a los músicos en el área de camarines, ya listos para salir al set en medio de los alaridos de los asistentes.
Con la caída del telón y luego del grito de guerra de rigor «You want the best, you got the best. The hottest band in the word, Kiss!» (“¡Quieren lo mejor, tendrán lo mejor. La banda más caliente del mundo: Kiss!”) Gene Simmons (bajo), Paul Stanley (voz), Tommy Thayer (guitarra) y Eric Singer (batería) aparecieron en escena en distintas tarimas que luego se integrarían como pantallas superiores, para cantar Detroit Rock City en medio de fuegos y explosiones coreografiadas.

Paul Stanley en vivo en San Pablo. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

Es que ir a Kiss, como se sabe, no es para ver con qué se saldrán esta vez o que temas sonarán. El show es tan previsible para sus fans como contundente. Los neoyorkinos saben qué ofrecer, el público sabe qué buscar y sabe que lo va a encontrar.
Pirotecnia, vestuario, maquillaje, luces, fuego, láser, pantallas, todo puesto a disposición del artificio que sólo ellos generan. Son los campeones del entretenimiento y lo saben y lo honran. Las caras de los niños que muchos por primera y por última vez ven a sus ídolos -y a los de sus padres- desplegar todo su histrionismo caricaturesco, pero, a la vez, propio y real en escena, lo dicen todo. El show funciona y deslumbra.
No es un adiós triste
Paul Stanley es un domador de serpientes, divierte y se divierte. Canta, toca, baila y charla con el público generando un ida y vuelta que a lo largo del show va in crescendo. Se entrega y busca la complicidad y la euforia. Es el anfitrión perfecto de la despedida, mientras Simmons hace gala del revoleo de, quizás, la lengua más larga del rock.

El inigualable Paul Stanley. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

Es una despedida y Stanley lo recuerda. “Hemos venido ocho veces a San Pablo pero esta es la última”. Sin embargo, no es un final triste ni nostálgico sino de fiesta. Los Kiss saben ser anfitriones de su propio adiós y aportan todos los ingredientes para que en la celebración no falte nada. Hay ritual «satánico», escupida de sangre, y tirolesa sobre el público.

Gene Simmons en vivo en San Pablo, con Kiss. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts

Pero son ellos; el show los rodea, los envuelve y los hace parte pero no dejan de ser cuatro músicos de rock haciendo buenas canciones. Son autorreferenciales todo el tiempo y no descuidarán jamás su marca, pero el cotillón va por fuera y se sostiene porque la fórmula no falla. Kiss, con 50 años de carrera, son espectáculo, pero también son dos guitarras, voces, bajo y batería. Ni más ni menos.

El baterista de Kiss, Eric Singer, en San Pablo. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

A lo largo de las casi dos horas de concierto, hubo solos capaces de destruir naves espaciales, baterías elevadísimas y duelos de riffs mientras la lista avanzaba. War Machine, Heaven’s on Fire, I Love it Loud, Psycho Circus, I Was Made For Lovin’ You, Beth y Rock and Roll All Nite fueron de las canciones más coreadas en un show que nunca bajó la intensidad.
Siete bandas en total
Kiss fue la frutilla del postre de una jornada que fue desde temprano una gran celebración del género. Siete bandas, entre ellas Helloween, Deep Purple y Scorpions, que serán también de la partida en Buenos Aires -más Doro, Symphony X, Candlemass- se presentaron desde las 11.30 de la mañana para, casi sin respiro, convertir al sábado 22 en una verdadera maratón de alto volumen.

La gigantesca pantalla de video del Festival Monsters of Rock en San Pablo, con la bandera de Brasil. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

Se sabe que los shows de metal y los de Kiss en particular no suceden solo en el escenario. Lo que generan es una fiesta en sí misma que convoca a su público a celebrarlos en todo sentido. Así, los alrededores de estadio se convirtieron en la sede del peregrinaje de las 45 mil personas –similar número de asistentes se espera en el Parque de la Ciudad- que con vestimenta, accesorios y maquillaje a tono con el género iban ingresando al predio para vivir el festival y palpitar el plato fuerte de la noche.
La cita reunió a un público fiel que transitó el día con pasión metalera. No hay audiencia más entusiasta ni tradicionalista que la del heavy y el rock en todas sus vertientes. Padres y madres con sus hijos pequeños pintados a lo Kiss, grupos de amigos con cabelleras anaranjadas como calabazas, rockeros de la vieja guardia que conservan sus pelos largos y sus viejas remeras negras de Deep Purple, en una sana y festiva convivencia.
Abrió Helloween
Ya para el comienzo de Helloween, a las 15, el estadio estaba en un 70 por ciento de su capacidad. La banda alemana de power metal desplegó sobre el escenario su calabaza gigante, tras una desordenada caída del telón, que dejó ver la batería de Dani Löble.

El cantante de Helloween en vivo en San Pablo. Foto gentileza Fenix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

A lo largo de un set que incluyó sus clásicos Perfect Gentleman, Best Time, I Want Out, entre otros, se encendió un público fiel y de culto como el que en octubre pasado desbordó el Luna Park en su última visita a la Argentina. La banda ofreció un concierto de una hora que alternó entre los duelos instrumentales de las tres guitarras al frente y los vocales de los legendarios Kai Hansen, Michael Kiske, y Andi Deris.
A la tarde, Deep Purple
Promediando la tarde, Deep Purple arrancó con su clásico de 1972 Highway Star, y presentó a su nuevo guitarrista Simon McBride, estrenado el año pasado en reemplazo de Steve Morse que estaba en la banda desde 1994. McBride desplegó todo su arte y se plantó frente al público como si se tratara de un histórico.

El cantante de Deep Purple, Ian Gillan, en el Festival Masters of Rock en San Pablo. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

Referentes del heavy metal y el hard rock, imprimieron su sello en el festival con poderosos solos de guitarra y teclados y los agudos inconfundibles de Ian Gillan. La banda no dejó de lado sus clásicos indiscutidos como Uncommon men, dedicada al fallecido ex miembro del grupo, Jon Lord, Smoke on the Water o Hush en uno de los momentos más festejados del show.

Deep Purple en Brasil, en el Festival Masters of Rock en San Pablo. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

El hard rock de Scorpions
Ya con la caída del sol fue el turno de Scorpions. La banda alemana mostró en la pantalla central su gran escorpión animado y arremetió con una buena dosis de hard rock.

Scorpions mostró su hard rock y cantó sus grandes hits en el Festival Masters of Rock en San Pablo. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

Aunque a su vocalista Klaus Meine no le lo vio con la misma energía que al resto de sus compañeros, gracias a las visuales y a la pericia de sus guitarristas Rudolf Schencker y Mattias Jabs, y al incansable Mikkey Dee en la batería, la banda oriunda de Hannover dio un concierto poderoso que emocionó a sus seguidores y recorrió grandes clásicos de su carrera.

Klaus Meine, cantante de Scorpions, en el Festival Masters of Rock en San Pablo. Foto: gentileza Fénix/Mercury Concerts/Ricardo Matsukawa

Wind Of Change con el estadio coreando y acompañando con sus celulares fue un lindo momento, como el poderoso bis que incluyó el clásico Still Loving You y el poderoso Rock You Like A Hurricane. La banda, además, presento temas de su último disco Rock Believer.
La pantalla central que ofició de telón de fondo de Scorpions fue de lo más impactante de la noche por sus efectos 3D y las composiciones (televisores, parlantes, los suburbios de Nueva York y hasta la bandera de Brasil) que acompañaron cada tema y levantaron la vara de la performance.
Ahora Argentina
Cabe destacar que en San Pablo, algo que aun en Buenos Aires no se termina de aceitar, además de los conciertos, se vive, como gusta calificarse ahora “una experiencia” de entretenimiento pura. Los ingresos ordenados evitan las grandes aglomeraciones de gente, para consumir comidas y bebidas (sí, se toma cerveza como agua y al menos aquí no se vio ningún desmadre) hay puestos fijos y hay vendedores bien señalizados que recorren el predio con posnet y bebidas en mano evitando filas innecesarias.
El viernes Buenos Aires será la sede de reunión de estos pesos pesados del metal y el rock más los locales Horcas, que se darán cita desde las 14 horas en el Parque de la Ciudad (Av. Gral. Francisco Fernández de la Cruz 4000) con entradas que van desde los 20 mil a los 50 mil pesos más costos de servicio, en venta en Full Ticket.
Además, al festival Masters of Rock se suma el side show de Avantasia, la banda de metal sinfónico liderada por Tobias Sammet el jueves 27 en el Teatro Gran Rivadavia.
Para Kiss, tal como lo conocemos, será la despedida de Argentina y, como en Brasil, tendrá todos los condimentos de una receta infalible. La mesa está servida. Que sea rock y que sea show.
MFB

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