Sin categoría

Alejandro Sanz cantó, agradeció y una multitud lo ovacionó bajo la lluvia



Pese a que la noche del viernes se tornó compleja por una lluvia copiosa que fue de menor a mayor, el Movistar Arena se colmó de público desde mucho antes de la hora anunciada para recibir al madrileño Alejando Sanz.

Fue en el marco de su gira Sanz en Vivo, en el primero de sus cinco conciertos en Buenos Aires, todos con entradas totalmente agotadas.

Alejandro Sanz. Foto: Martín Bonetto.

El músico se presentó unos días antes en la provincia de Córdoba y la ciudad de Rosario, y ahora se encuentra en CABA para esta serie de recitales que siguen demostrando su eterno romance con Argentina, ese que nunca se agotó desde que vino por primera vez en 1994: siempre llenando estadios y generando suspiros en mujeres y admiración en varones.
A diferencia de otras estrellas del pop melódico, Sanz congrega público de ambos sexos, a tal punto que en su recital de anoche había un 70 por ciento de mujeres y el resto de varones.
Incluso muy cerca del final del show sucedió algo llamativo para un recital convencional: en un mínimo momento de silencio generalizado, entre tema y tema, retumbó en todo el campo un “¡Te amo, Ale!”, en la voz de un joven eufórico, que fue aplaudido por todas las mujeres presentes, acompañado de algunas carcajadas cómplices y benevolentes.
El inicio del show

Alejandro Sanz. Foto: Martín Bonetto.

Un rato antes, afuera, el andar de la gente era complejo; la llovizna hizo que muchos entren al predio algo mojados, aunque de todos modos sobre el ingreso de avenida Corrientes algunas chicas no dudaban en comprarse alguna remera, vincha o pin con el rostro sonriente de uno de los cantantes españoles más queridos por los argentinos.
A diferencia de la típica costumbre de que un espectáculo está anunciando a determinada hora y comienza, como mínimo, media hora después, la propuesta del artista llegó apenas con catorce minutos de demora.
Apenas ingresaron los músicos, el estadio entero se puso de pie para nunca más abordar las sillas y butacas.

Alejandro Sanz. Foto: Martín Bonetto.

Fue tan fuerte la emoción que en una de las filas del campo se pudo observar a un grupito de tres chicas, cercanas a los cuarenta años, que lagrimeaban y se abrazaban intensamente por unos minutos para celebrar el reencuentro con su ídolo, tanto de la adolescencia como de la adultez, pues dos de ellas llevaban alianzas en sus manos, razón más que suficiente para comprender que se trataba de mujeres casadas, atravesadas por una larga historia que las une a Alejandro Sanz en los terrenos de la canción y del corazón.
Sobre las tablas, los músicos fueron los primeros en dar cuerda a un espectáculo intenso que duró cerca de dos horas.
Se nota que Sanz es inclusivo a la hora de armar su banda: ellos eran dos pianistas, un tecladista, dos coristas mujeres, un percusionista, dos guitarristas, un trompetista y dos mujeres más: bajista y baterista.
Cada uno o una en su rol sonaron casi al mismo ritmo de un reloj, como producto de la precisión sonora. Esto sucedió tanto en los momentos de melodías lentas o cuando fue la oportunidad de acelerar los instrumentos con el fin de mixturar estilos musicales.

Alejandro Sanz. Foto: Martín Bonetto.

Cuando ingresó Alejandro al escenario, lo hizo casi como un rey. De pronto se abrieron dos tablas lisas donde se proyectaban las imágenes y él apareció allí, parado sobre unos escalones, en la altura, predispuesto a recibir un baño de piropos femeninos que de inmediato lo tiñeron de cariño.
Acto seguido, el español se predispuso a cantar con una sonrisa amplia en su rostro y levantando sus brazos a modo de agradecimiento.
Sanz lucía cabello blanco, un traje beige, remera negra, zapatillas claras, lentes semi oscuros y la manga derecha de su saco, arremangada para dejar al descubierto los tatuajes que tiene cerca de la zona de su muñeca.
Sus palabras al público
El concierto gozó de varios momentos con bloques de canciones casi unidas, ya sea de a dos o de a tres, generando una inmediatez constante. De esa manera, este consagrado de la música que consiguió vender 25 millones de discos en todo el mundo, estimuló a su público para que nunca decaiga: lo logró con precisión.
Alejandro se colgó varias guitarras acústicas y de diferentes colores: marrón, negra y una que contaba con detalles de dibujos florales sobre su madera.
El primer bloque consistió en canciones como No es lo mismo (de su homónimo álbum), Lo que fui es lo que soy (del disco Viviendo de prisa) y Deja que te bese, canción que fue grabada con Marc Anthony, pero para la ocasión lo vocalizó en dueto con su tecladista calvo y de barba, que además llevaba puesto lentes negros.
Detrás llegaron una seguidilla de canciones en las que sus músicos comenzaron a destacarse: tanto en el momento de El alma al aire, con piano, bongó y trompeta como base total, como cuando fue el turno de Hoy llueve, hoy duele, cuya escenografía visual consistió primeramente de imágenes de un charco donde caían gotas de lluvia para luego trasladarse a un copioso aguacero, a lo que el músico sumó: ¡Buenos Aires, llueve!, en consonancia con el estado climático en la ciudad.

Alejandro Sanz. Foto: Martín Bonetto.

Aunque ese comentario no fue solo una frase suelta, porque cuando terminó de cantar el tema, se dirigió por primera vez a sus gente.
“Buenas noches, Buenos Aires, no sé ni qué decir, la verdad normalmente no soy elocuente y hoy mucho menos. Mi emoción es una felicidad, lo es estar en esta ciudad. Esta noche la vamos a disfrutar. Quiero que sepan que todos esos sueños que tenemos desde chiquitos hoy los vamos a disfrutar. ¡Disfrútenlo!”, señaló y recibió ovación.
Más éxitos
Pasaron un par de baladas pop hasta llegar al exitazo Looking for Paradise, tema que grabó junto a Alicia Keys y forma parte del disco Paraíso Express, de 2009. Para el caso, su preciosa corista morena fue con quien realizó el dueto, mientras que en el fondo se proyectaba el video junto a la norteamericana que se encuentra en el país, pero solo se la vio en pantalla. Mucho se especuló con que ella quizás se haría presente en el estadio que linda con el de Atlanta, pero eso al final no sucedió.
Después, tras otros pasajes de canciones de diversos discos, fue el turno de Cuando nadie me ve, otro de los hits consagratorios del artista que alguna vez quiso ser jazzero pero tomó otro rumbo.
Luego llegó otra seguidilla de temas conocidos: el inicio fue con una inesperada performance de uno de sus guitarristas que deslizó destrezas a través de punteos precisos y acompañado de un colchón sonoro por parte del tecladista, consiguiendo algo similar a lo que fue el rock progresivo.
Sin embargo, enseguida todos retomaron camino por el lado del pop y lo melódico.
Otro momento glorioso sucedió cuando Sanz y los suyos interpretaron Contigo, tema que grabó junto a Joaquín Sabina y por el cual obtuvo su último Grammy Latino en 2020. Con certeza, se trató de otro momento de los más altos de la noche, ya que de nuevo sus coequipers se lucieron a más no poder. La que más se destacó fue su bajista, quien marcó el ritmo de manera notable con el contrabajo como gran anfitrión.
Lo mismo sucedió cuando llegó Labana, una rumba flamenco pop que probablemente sea el mayor arriesgo musical en la larga trayectoria artística del español.
La despedida
Tras otra oleada de canciones entremezcladas entre lo nuevo y lo histórico, Sanz volvió a hablarle a su público, antes de anunciar un falso final.

Alejandro Sanz. Foto: Martín Bonetto.

“Ustedes creen que es una broma, pero cada vez que me despido pierdo un poco de mí. Los quiero a lo grande, a lo bobo. En el camerino hoy me dejaron una foto del año ’94, de la primera vez que vive a Buenos Aires. Gracias por esto que es tanto y gracias por ese Mundial que tanto disfruté. Fue un ‘¡Dios, estamos ganando un Mundial!’ ¡Se lo merecen! Dicen que los ingleses inventaron el futbol, pero la pasión se inventó aquí. Y por Lio también se lo merecen”.
Fue allí cuando entonó Corazón partío, cuya letra fue la más coreada por el público presente. Para acompañar la canción, gran parte del público femenino que se encontraba en la primera mitad del campo levantó a la alto cartelitos con inscripciones que contenían sustantivos como alegría, esencia, amor, coraje, familia y vida, entre otros.
Tras la canción, todos los músicos se retiraron del escenario, se apagaron las luces y los asistentes con celeridad trasladaron uno de los pianos al centro del tablón.
El regreso del cantante no demoró demasiado. Asimismo, fue aclamado sin cesar por todo el público que coreaba su nombre sin cesar. Las cámaras enfocaban al teclado y a las manos del artista, que llevaba encintados dos de los dedos de su mano derecha: suele hacerlo por cábala, según contó en una entrevista hace unas pocas semanas.
Pasaron Llega, llego soledad (del disco El alma al aire, cuya letra habla sobre Piazzolla, Carlos Gardel, el tango herido y la mujer porteña), Los ves y un popurrí hasta el cierre real que fue con Este último momento, de 1997.
A esa altura todas y todos se mostraban satisfechos, con sus rostros felices. Ya eran las once de la noche y la hora precisa para despedirse del español tan querido.
A la par, en la calle llovía con intensidad. Sin embargo, poco le importó a esas mujeres coquetas y varones alegres al retirarse: es que haberse mojado con una sonrisa musical sí que valió la pena anoche.
MFB

Mirá también


Source link

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba

Bloqueos Detectados

Debes desbloquear tu bloqueador de anuncios para ver el sitio completo!