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Los proyectos por amor al arte de uno de los músicos preferidos de Charly García



No deben existir muchos casos de bateristas de rock que además sean bandoneonistas. La pregunta es qué hace un músico de Charly García -es eso lo que define básicamente a Fernando Samalea– haciendo música con esa cosa tanguera que respira asmática como la literatura de Juan José Saer.

En breve sale el vinilo Instrumentales 1999/2010, por RGS MUSIC, una recopilación de los álbumes de bandoneón de Samalea, cosas que él fue registrando en la Argentina, Italia, Francia, España, Marruecos, Estados Unidos y Brasil.
La presentación del álbum será el sábado 13 de mayo a las 18 en la disquería RGS (Corrientes 5233). El arte de tapa -¡carátula doble deluxe!- tiene ilustraciones de Renata Schussheim. ¿Participaciones estelares? De a uno en fondo: Tony Levin, Gustavo Cerati (con quien tocó y grabó mucho y formó parte de su banda en su última gira), Charly García, Nirankar Singh Khalsa, Migue García, Fernando Kabusacki y más.

Fernando Samalea, el baterista que toca el bandoneón. Un músico completo. Foto: Martín Bonetto

«No soy tan adelantado»
-¿Sos el primer tipo del rock nacional que saca discos instrumentales y encima vas por el décimo álbum?
-No soy tan adelantado, eh. Quizá sólo sea un insistente que edita y edita. Al no cantar ni tener ese perfil, me decidí por el bandoneón, mezclándolo con otros estilos. Lo transformé en la “voz” de mis humildes melodías, intentando que cada paso tuviese una estética definida, incluso con humor. La lista de peros era larga, aunque no me importó. 
-Pero…
-Igual sabrás que a un montón de rockeros les encanta lo instrumental y supieron componer sin letras, empezando por García y (Luis Alberto) Spinetta. Andrés Calamaro tiene joyas como Bienvenidos al hotel y Fito Páez descolló en varias ocasiones.
Bastaría pensar en bandas como Crucis, en discos de otra galaxia como Pubis angelical (Charly García) o en Amenábar de Spinetta Jade. No podría ni compararme con esos artistas u obras del Olimpo pero, a la hora de intentarlo, me dieron un empujón enorme.

Fernando Samalea, un músico que va por sus sueños y suele dejar de lado lo material. Foto Martín Bonetto

«Soy el under del under»
-¿Hay mercado para tus antojos musicales?
-Soy el under del under y coqueteo con subsuelos inexistentes por más que tenga varios CDs y un vinilo en las bateas. ¡A incomprendido no me van a ganar! Quiero materializar álbumes casi dadaístas en paralelo a acompañar a esa infinidad de artistas alucinantes que ya sabés.
-¿Por qué sos baterista y tocás el bandoneón?
-Para moverme en los dos mundos: el primitivo barra salvaje de aporrear tambores y el melódico barra compositivo del fueye, que respira, se queja, baila como una oruga sobre tus muslos, hacen ruido sus teclas. La batería es lo moderno en technicolor que palpé de chiquito. En cambio el bandoneón sería lo blanco y negro poético del pasado que conocí por libros, discos o películas. Además, le hago un guiño a mi Buenos Aires natal.
Un periplo beatnik

Fernando Samalea, de los parches al fueye y del rock al tango. Foto: Martín Bonetto

Entre 1999 y 2010, en un «raid salvaje», se dio el gusto de publicar diez álbumes instrumentales. Completamente loco Samalea. ¿Resultado? Un «periplo beatnik» por estudios de grabación de Buenos Aires, Tánger, Milan, París, Madrid, Nueva York y Río de Janeiro.
«El bandoneón me ayudó al convocar a músicos como el bajista norteamericano Tony Levin, por ejemplo. Lo conocí cuando King Crimson actuó durante 1994 en Argentina. Tras lograr hacerme invisible en uno de los ensayos, le mostré el bandoneón. De inmediato Tony arqueó sus cejas y confesó ser fan de la película Tango, de Carlos Saura».
-Sos uno de los músicos preferidos de Charly. ¿Cuántas veces te dejó tocar el bandoneón en sus temas? 
-Cuando empecé a estudiar bandoneón con Carlos Lázzari, en 1989, el Artista me propuso incluirlo en No soy un extraño. Enseguida pasamos la canción en la sala de Fitz Roy, bien entrada la madrugada, e intenté copiar como pude la versión original de Clics modernos. El bajista Fernando Lupano me ayudó hasta que encontramos un “arreglo afrancesado”, como decíamos en broma. Fui memorizando dónde meter los dedos y no pegarle a la nota de al lado.
-¿Pero qué piensa García de ese instrumento?
-Charly ama la música de Buenos Aires, como buen baluarte de la esquina de José María Moreno y Rivadavia, aunque quizá no tanto esos experimentos entre tango y boliche. Una vez le preguntaron qué opinaba del tango electrónico y respondió, brillante: “¡Es un tanguero en una silla eléctrica!”.

Fernando Samalea, tocando en vivo con Charly García en el CCK. Foto: Martín Bonetto

Era fantástico abrir el fueye mientras Charly cantaba “y siento un humo como familiar…” mirándome con su sonrisa de hoyuelos. Jamás lo olvidaré. Lo recuerdo a Andrés (Calamaro) de cabellera negra enrulada, asintiendo divertido desde un costado bajo una luz tenue.
Estábamos a días de la presentación de Cómo conseguir chicas en el Rex, así que García me hizo debutar a lo grande. Cancherísimo, durante esas 15 funciones salté de la batería al borde del escenario, agarrando el fueye del piso y dándole.
-¿Qué pensás que diría Piazzolla si te escuchara?
-“¿¿Qué es esta porcarata??”.
MFB

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