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Misántropo, de Damián Szifron: ¿éxito o fracaso?



No podemos decir que fueran haters, pero el viernes por la mañana más de uno se subió a las redes sociales para remarcar que Misántropo, la nueva película de Damián Szifron, había llevado menos de 4.000 espectadores el jueves, día de su estreno en la Argentina.

Las cifras del fin de semana (38.471 entradas vendidas, o sea que casi multiplicó por 10 lo que hizo el jueves) les cerraron la boca y demostraron que el thriller con connotaciones de drama del creador de Los simuladores tenía y tiene potencial para seguir su camino en la cartelera argentina.
Ahora bien, hubo muchas circunstancias por las que Misántropo no se convirtió en el éxito inmediato que muchos auguraban. Vamos a pasar a analizarlas.

Damián Szifron. «Misántropo» la rodó en Montreal, tuvo muchas salas, pero pocas funciones y muchas copias en castellano… Foto Gabriel Machado

Primero, estrenar el mismo jueves que Guardianes de la galaxia Vol. 3 (393.101 entradas del jueves al domingo, 435.725 con las funciones de preestreno del miércoles), quizá haya sido la decisión menos afortunada. ¿Por qué, si supuestamente apuntan a públicos algo diferentes? Poque todas las películas de Marvel estrenan en una enorme cantidad de complejos y de salas de todo el país, dejando muy poco lugar -pantallas- al resto de las películas que ya estaban en cartel, o estrenan en simultáneo.
La película de James Gunn con Chris Pratt estrenó en más de la mitad de los cines de todo el país (516 salas de 224 complejos, según Ultracine). Y en la gran mayoría de sus salas, en todos los horarios.
Misántropo, no. Tuvo una muy buena salida en cuanto a la cantidad de salas (de 123 llegó a 131 porque sumaron algunas el fin de semana), pero ese número llama a confusión, porque en la mayoría de los casos se proyectó en una o dos funciones solamente.

Ben Mendelsohn, el agente del FBI, en la morgue. En muchos cines sólo se lo puede escuchar hablando en castellano.

O sea que había que buscar, y con lupa, los horarios de las proyecciones.
Y otra contra
Y otra contra más, que da para un debate posterior y más amplio: muchas de las copias de la película rodada en Montreal, que se hace pasar por Baltimore, Estados Unidos, estaban en castellano, no en el idioma original -inglés- con subtítulos. Y me consta que muchos que querían ir a ver el filme, huían despavoridos al enterarse de que la oferta era con Shailene Woodley (Bajo la misma estrella) y Ben Mendelsohn (Ready Player One) doblados al español neutro.
No sé si Misántropo es una película para cinéfilos. Pero el público argentino prefiere y está ben acostumbrado a escuchar las voces originales, no dobladas como sucede en España.

«Guardianes de la galaxia Vol 3» se exhibe en más de la mitad de las salas de todo el país. Foto Disney

Otro análisis que puede hacerse es dónde la gente fue con mayor masividad a ver el filme en el que una agente de la policía es reclutada por un agente del FBI caído en desgracia, para seguir la pista y cazar a un asesino en serie, que no es un loquito terrorista ni el típico villano de Hollywood.
Como podía preverse, le fue mejor en los cines de la Ciudad de Buenos Aires que en el interior. En Rosario y Córdoba, dos plazas fuertes, no hizo la diferencia que se esperaba.
Insisto con esto: no es que la distribución de las pantallas haya sido errónea. El problema es que las funciones fueron escasas, y si encima eran en castellano…

Shailene Woodley, la policía detrás del asesino serial en el filme de Damián Szifron. Fotos Diamond

Otro debate es si hay que considerar a Misántropo una película argentina. Y, no, porque lo único que tiene made in nuestro país son el director y el director de fotografía (Javier Juliá, el mismo de Relatos salvajes y la más reciente Argentina, 1985). Para aquéllos que quieran estimarla o valorarla como argentina, Misántropo en cuatro días en cartel se ubica cuarta en el año, detrás de La extorsión, la de Francella, Asfixiados, con Sbaraglia y Julieta Díaz, Argentina, 1985 y El método Tangalanga. La extorsión lleva 465.000 desde su estreno el 6 de abril.
¿El público, cuando elige ir a ver un filme y pagar la entrada, lo hace por los nombres de los intérpretes, por el director o por las tramas? Salvo Santiago Mitre, recuerdan los nombres de quiénes dirigieron La extorsión, Asfixiados y El método Tangalanga?
Ya no son los tiempos en los que las películas con elencos encabezado por Ricardo Darín, Guillermo Francella, Adrián Suar, Diego Peretti o Pablo Echarri alcanzaban fácil, el millón de espectadores. Salvo Argentina, 1985, claro.
Habrá que ver si cambia -o no- la cantidad de salas de Misántropo a partir del jueves, donde no hay estreno de tanques de Hollywood previstos. Quienes deciden la salida, la cantidad de copias, son los exhibidores, los dueños de los complejos, y los distribuidores. Y aunque pueda parecer que la última palabra la tienen los primeros, en realidad la tienen los espectadores.

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