A 35 años de México 86: el día que los surcoreanos se convirtieron en karatecas para frenar a Maradona

admin

02/06/2021

Nunca le pegaron tanto a nadie en la historia de los Mundiales. El hombrecito, que ya sabía que lo habían roto a patadas desde sus días en Barcelona, jugó aquel partido contra Corea del Sur, ese 2 de junio de 1986, como si nada le pasara. Ese día, Argentina derrotó en su debut en la Copa del Mundo en México a un equipo de karatecas. Sin embargo, Diego Armando Maradona ofreció una de las mejores de sus magias. No sólo se bancó la mayor paliza de la historia, sino que ofreció tres asistencias para el 3-1 de Argentina.

“Mamita, ¡Cómo me pegaron! Algunos me dejaron sangrando, sin joda… Al número 17 de ellos, no me acuerdo como se llamaba, pero yo ya lo había bautizado Kung Fu”, contó Diego alguna vez en referencia a Huh Jung-moo, uno de los dos amonestados por el árbitro español Victoriano Sánchez Arminio, que se quedó corto con las tarjetas en la tarde del Estadio Olímpico de la Ciudad de México.

Corea del Sur era un equipo de desconocidos. Ya había participado de un Mundial, en 1954, pero aquella ocasión contra Argentina en México era como otro debut. Y ese momento histórico se transformó en otro juego: patadas y más patadas. Todos contra Diego. Sólo basta con ver videos en YouTube o las mismas fotos que en esta nota aparecen. “Nunca vi que fajaran tanto a nadie en un partido”, le contó hace un lustro el Negro Enrique a Clarín.

Maradona frente a Corea del Sur.
Maradona frente a Corea del Sur.

Ni así pudieron contra él. Se los pasó a todos. Lo hizo siempre: los tres partidos en el recorrido de las Copas del Mundo con la mayor suma de infracciones vinculadas a un futbolista sucedieron frente al mago, claro. Diego.

El tipito ya avisaba lo que venía. Aquella Argentina que parecía ofrecer poco, y que muy bien estaba preparada por Carlos Bilardo, ya se asomaba a la gran conquista. Todos los rivales ya conocían a quien golpear. A Diego. Porque era el mejor. Porque no había con qué darle. Los coreanos no pudieron contra él; por mas que le pegaran como a nadie nunca antes. Fueron once faltas de las 53 que le propinaron en aquella ocasión.

Tras sacarse de encima los nervios del debut, el andamiaje diseñado por Bilardo empezó a funcionar al ritmo de Maradona. Jorge Valdano abrió rápido la cuenta, después aumentó Oscar Ruggeri, de cabeza. Y otra vez Valdano liquidó el partido. En el medio, Diego agarraba la pelota y encaraba. Le iban pegando de a uno: a los 80 segundos de partido lo bajó Joo Sung Kim; un ratito más tarde Huh Jung-moo le dio una patada a la altura de la cintura. Criminal.​De esa falta llegó el primer gol.

El que le pegó desde atrás después fue el número 12, Pyung Seok Kim, el encargado de seguir a Diego como estampilla por toda la cancha. Pero no pudo evitar que el 10 argentino tocara de primera para Burruchaga, que sacó un zurdazo que dio en el palo. Otra falta del 12 sobre Diego derivó en el 2-0: centro y cabezazo de Ruggeri. A los 23 minutos, el entrenador surcoreano, Jung Nam Kim, lo sacó de la cancha y en su lugar entró el 4, Kwang Rae Cho.

Después de los 25 minutos, Maradona se fue a jugar sobre la derecha. Allí lo tomó el 17, el lateral izquierdo. En la primera que lo encaró, el surcoreano lo hizo volar por el aire. Ya le dolía todo a Diego, que no ejecutó el tiro libre y se fue otra vez a jugar sobre la izquierda. Ahora el que lo perseguía era el 20, Young Se Kim, que salió reemplazado en el entretiempo. No le encontraban la vuelta. Sobre el cierre de la primera etapa, Maradona le tiró un caño al 17 en la mitad de la cancha y el surcoreano lo bajó con un manotazo a la cara y un pisotón al tobillo. Iban 43 minutos y el árbitro sacaba -al fin- la primera amarilla.

El árbitro Victoriano Sanchez le muestra la amarilla a Jung-Moo Huh, que bajó a Diego. (AP)
El árbitro Victoriano Sanchez le muestra la amarilla a Jung-Moo Huh, que bajó a Diego. (AP)

Al minuto del complemento, Maradona agarró la pelota y se escapó por la derecha a pura gambeta. Envió un centro que -tras un rebote- le quedó servido a Valdano para que marcara el 3-0. La historia estaba liquidada y la intensidad del partido bajó. También aminoró la marcha Diego, el Mundial recién empezaba. Aunque le siguieron cometiendo faltas. El otro amonestado fue el 10, Chang Sun Park (autor del descuento) pero por una dura entrada contra Valdano.

Aquel Maradona, puto amo de la historia (como diría José Mourinho, uno de sus principales admiradores), establecía su récord.

Contaba García Márquez: “Un artista tiene el derecho a ser juzgado por la mejor de sus obras”. Ese Diego, autor de las mejores fantasías que el mundo concibió en el último siglo, tiene el derecho a ser valorado también por todo a lo que se expuso. Los coreanos, referentes de las artes marciales, tampoco pudieron con él. Tenía 25 años, se bancó todas las patadas, la revista El Gráfico las contó en detalle.

Él supo escapar, de todo eso y de muchas otras cosas. Se les rió, de algún modo, sin conocerlos. El Mundial ya estaba en marcha y Diego ya estaba convencido. Fernando Signorini, su preparador personal, lo contó alguna vez: “Ya estaba dispuesto a todo. El tiempo demostró que tenía razón”.

Y allá fue él.​

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