Acuerdo o internas, la grieta entre Larreta y Macri

admin

17/05/2021

Buen lector de Maquiavelo y de otros académicos del poder, Raúl Alfonsín decía siempre que había que desconfiar de quienes sostenían posiciones extremas. Los más duros hasta el final eran los que lograban los mejores acuerdos. Y algo de eso puso en práctica cuando hizo el Pacto de Olivos con Carlos Menem, que dio origen a la reforma constitucional de 1994. Alfonsín había sido el más intransigente opositor al menemismo para terminar una mañana en la Residencia de Olivos, ofrendándole a su adversario la reelección que tanto quería a cambio de senadores y cargos judiciales. Fueron varios los dirigentes que durmieron el sueño de la ignorancia. El más célebre fue Eduardo Duhalde, quien llegó a la quinta con facturas y vistiendo un equipo de jogging para enterarse de que no iba a ser el próximo candidato presidencial del peronismo. La política es cruel cuando se cruzan el secreto y la sorpresa.

La anécdota viene a cuento de la disputa que va creciendo en Juntos por el Cambio. La coalición opositora debe dirimir la más estresante de sus pulseadas internas: la que alumbrará un nuevo liderazgo, el de Horacio Rodríguez Larreta, o la que ratificará a Mauricio Macri, quien lo ejerció durante sus cuatro años como presidente. Son ellos dos los que van a definir, a través de un diálogo complejo o a través de elecciones internas, quienes van a ser los candidatos estelares de la oposición en las próximas elecciones.

Un anticipo de ese desenlace se vio la semana pasada, cuando Rodríguez Larreta viajó ochenta kilómetros hasta Exaltación de la Cruz para compartir una tarde de sol con la dueña de casa, Elisa Carrió, y con los dos dirigentes de su espacio mejor ubicados en las encuestas: María Eugenia Vidal y Diego Santilli. De esa tertulia no salieron definiciones contundentes, pero sí empezaron a consolidarse dos tendencias. La ex gobernadora bonaerense preferiría “poner el cuerpo” en la Ciudad y el vicejefe porteño avanza para dar el salto a la Provincia. Un swap novedoso que seguramente va a acelerar la tensión interna.

La intención no era provocar un efecto espejo pero, a la misma hora del cónclave en Exaltación, Macri se reunía con Patricia Bullrich y un grupo de dirigentes salteños del PRO en las oficinas que el ex presidente tiene en avenida del Libertador, a tres cuadras de la Quinta de Olivos. Un dato más para el psicólogo que para el análisis político, lo cierto es que Mauricio prefiere mantenerse dentro de esa geografía de la nostalgia. Además, vive muy cerca, a unos diez kilómetros, en la localidad de Acassuso.

Hasta ahora, Macri ha preferido no hablar de candidaturas en público. El que sí lo hace es otro Macri, Jorge, el intendente reelecto de Vicente López. “Lo ideal es que María Eugenia compita en la Provincia y Patricia sea la candidata en la Ciudad”, ha dicho, como quien tira un huevo frito en la sartén. En privado, el primo Jorge ya le avisó a Rodríguez Larreta que él respetará el lugar de primus inter pares bonaerense de Vidal pero que irá a internas si el candidato es Santilli. Es el mismo planteo que Bullrich le hace en Capital. Quiere ir en el primer lugar de la lista. En caso contrario, irá a las PASO, aunque tenga que enfrentarla a Vidal.

¿Tendrá el PRO una mega interna en el AMBA, que además podría involucrar a todo Juntos por el Cambio? Los dirigentes más cercanos a Rodríguez Larreta se envalentonan y se ponen desafiantes. “Si quieren ir a internas, vamos con todo lo que tenemos”, explican, incluyendo a Elisa Carrió y a la Coalición Cívica en la lista bonaerense. Y recuerdan que Horacio fue jefe de gobierno después de atravesar una interna durísima contra Gabriela Michetti. No deberían olvidar, tal vez, que fue Macri quien lo apoyó en aquella ocasión.

Claro que son tiempos distintos y Rodríguez Larreta tendrá que evaluar cuánto tiene para ganar y cuánto para perder en semejante pulseada en la que los Macri, Bullrich y varios de los dirigentes que se siguen reportando con el ex presidente permanecen en la vereda de enfrente. Bastante tiene ya el jefe de gobierno porteño con la batalla sin cuartel que le declararon primero Cristina Kirchner, Axel Kicillof, y luego Alberto Fernández, cuando el Presidente abandonó cualquier intención de proyecto político propio y se alineó dócilmente con las posturas pre Muro de Berlín del kirchnerismo post Néstor.

De hecho, está también el tercer integrante de la coalición cambiemita. La Unión Cívica Radical es presidida por Alfredo Cornejo, el duro mendocino que también quiere darle batalla al sueño presidencial de Rodríguez Larreta. Está el senador Martín Lousteau, que espera heredarlo en la jefatura porteña y que tampoco descarta pelear por el premio mayor. Y está el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, quien ha dicho a todo volumen que desea competir por la presidencia en 2023 y que (en un gesto inesperado que emocionó a Alberto Fernández y a toda la Casa Rosada) acaba de criticar las clases presenciales en la Ciudad, la victoria política más rutilante del larretismo, avalada además por la Corte Suprema de Justicia.

El escenario que se le presenta a la oposición ya sería lo suficientemente complicado si el país no sufriera emergencia alguna. Pero allí está el flagelo de la pandemia y los más de setenta mil muertos en la Argentina, que pronto serán muchos más a juzgar por el ritmo fallido e insuficiente al que llegan las vacunas. Quizás la magnitud de la tragedia sea una buena razón para que Rodríguez Larreta y Macri encuentren en una mesa de diálogo alguna línea en común que les permita superar la grieta oscura y desesperante de los egos.

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