Agua en Israel: “Lo que no has de beber… reciclala”

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19/09/2021

La agricultura se encuentra hoy en día en el foco de la importante discusión acerca de su papel futuro. El sector agrícola deberá dar respuestas a las expectativas de una sociedad, que exige tener en cuenta las necesidades de proteger el ambiente (sustentabilidad ambiental) y no menos importante asegurar el suministro de alimentos sanos con costos razonables (seguridad alimentaria).

En referencia a la sustentabilidad ambiental, hay consenso que la actividad debe reducir los efectos contaminantes como son, por ejemplo, las emisiones de gases de efecto invernadero o el uso ineficiente de los recursos naturales como el suelo y las aguas. Paralelamente, el crecimiento de la población durante las próximas décadas y los cambios en los hábitos dietéticos que se producen por procesos de urbanización, aumentarán la demanda de alimentos. Según FAO, en el mundo se estima que hasta el año 2050 la demanda de alimentos aumentará más del 60 %. Estos hechos, transforman a la producción de alimentos en forma sustentable en un verdadero desafío.

Uno de los efectos ambientales más marcados y con impactos negativos sobre los niveles de producción son los crecientes problemas de déficits hídricos. El estancamiento o déficit en las reservas de agua, transforma al recurso agua en un artículo costoso que conlleva graves costos económicos, sociales e incluso políticos, generando entre los tomadores de decisiones una verdadera preocupación para el futuro. En la Argentina, las noticias relacionadas con la bajante del Paraná, la problemática situación en la cuenca del rio Bermejo y la acumulación de 13 años de sequias en la cuenca de los ríos Neuquén, Limay y Negro son parte de la crisis que pone al descubierto los impactos negativos del avance del cambio climático.

En casos de extrema escasez, se suele optar por derivar el agua de los agricultores hacia las ciudades, tal cual ocurre en las poblaciones ribereñas del Río Paraná, ya que, el agua tiene mayor valor económico en su uso industrial y urbano que en la mayoría de los fines agrícolas. La escasez del recurso agua permite entender que la producción de alimentos necesaria para alcanzar la seguridad alimentaria deberá enfocarse en la intensificación las prácticas agropecuarias sostenibles ambientalmente como por ejemplo el uso de aguas recicladas.

Para poder comprender y analizar el verdadero valor del proceso de reciclaje me permito exponer los datos que la Autoridad del Agua en Israel publicó acerca del consumo de agua de una persona en Israel. Israel recicla aproximadamente el 80% de sus aguas, que en su mayoría son usadas con fines agrícolas. ¡La cantidad de agua promedio que un hombre o mujer utilizan es de 165 litros! (en el mundo se calculan entre 200 a 400 litros) ¡Es decir más de 60.000 litros al año!

El 30 % del agua es usada en el inodoro, 40% en la bañera, lavabo y similares, 14% en el lavado de ropa, 6% en el lavado de vajilla, 5% en jardinería y otro 5% para cocinar y beber. De los 165 litros, prácticamente la mitad son lo que comúnmente se conoce como aguas grises. Estas aguas son aquellas provenientes del uso doméstico, tales como el lavado de utensilios y de ropa así como el baño de las personas. Se distinguen de las cloacales contaminadas con excrementos, llamadas aguas negras, que también pueden ser recicladas, si bien el proceso requerido es más complejo.

Un reservorio de efluentes para tratamiento secundario, previo al filtrado y tratamiento para el tratamiento a nivel terciario. (Foto: Ofri Harari)
Un reservorio de efluentes para tratamiento secundario, previo al filtrado y tratamiento para el tratamiento a nivel terciario. (Foto: Ofri Harari)

Debe tenerse en cuenta que las aguas residuales urbanas también contienen diversos detergentes y diversos materiales sintéticos tóxicos. El boro, por ejemplo, sustancia derivada de los detergentes, es perjudicial para muchos cultivos si están por encima de 0,4 mg por litro. Si sumamos las cantidades de ambos tipos podemos rápidamente comprender que son muy significativas. Si una ciudad promedio reciclara el agua que usa, ahorraría casi un 60% del suministro.

El reciclaje y posterior reutilización de las aguas depuradas tiene regulaciones diferentes en distintos países del mundo acorde a su uso. En cualquier caso, la regulación de reutilización de agua tiene algo en común a nivel mundial: ésta debe cumplir unos exigentes criterios de calidad.

Tres niveles de purificación

El uso de agua reciclada en agricultura es una opción que se está adoptando cada vez más en regiones con escasez de agua, poblaciones urbanas crecientes y con una mayor demanda de agua de riego. ¿A qué grado de purificación deben llevarse las aguas residuales para ser usadas en la agricultura? En general, pueden pasar por tres niveles de purificación.

  • -Purificación inicial: incluye filtración gruesa de aguas residuales y sedimentación de partículas pesadas. Esta agua aún no es adecuada para su uso en la agricultura.
  • -Segunda purificación: se basa en la descomposición biológica que actúa sobre la materia orgánica en las aguas residuales y la eliminación de los sólidos en suspensión y la desinfección de efluentes para eliminar los microorganismos que causan enfermedades. Esta agua se usa en la agricultura, pero con restricciones severas como por ejemplo su prohibición para cultivos de hojas u otras hortalizas.
  • -Purificación terciaria: incluye la eliminación de nitrógeno y fósforo en procesos biológicos y químicos, filtración de sólidos en suspensión e infiltración. Este proceso crea efluentes de alta calidad y elimina más del 95% de los contaminantes en el agua como boro, sales, ácidos, aceites, compuestos orgánicos de nitrógeno y materiales sintéticos.
Un reservorio de efluentes tratados a nivel terciario, previos a ser usados por agricultores israelíes. Se observan también paneles solares (fotovoltaicos) para generar electricidad (Foto: Ofri Harari)
Un reservorio de efluentes tratados a nivel terciario, previos a ser usados por agricultores israelíes. Se observan también paneles solares (fotovoltaicos) para generar electricidad (Foto: Ofri Harari)

En estas circunstancias, el uso de agua reciclada en agricultura permite conservar agua dulce para un fin de mayor valor económico y social y, al mismo tiempo, los agricultores reciben un suministro fiable y rico en nutrientes. Este intercambio también acarrea posibles beneficios ambientales, al permitir la asimilación de los nutrientes de las aguas residuales por las plantas reduciendo así la contaminación aguas abajo. De no optar por la opción del reciclado, el déficit hídrico produciría contaminación, provocada por las aguas residuales de ciudades y la penetración de dichas aguas contaminadas a los acuíferos. Dicha contaminación del agua empeoraría los efectos de la escasez, al reducir la cantidad de agua segura para el consumo.

Desgraciadamente, la brecha entre la oferta y demanda de agua seguirá aumentando a medida que las poblaciones urbanas crezcan y como efecto del cambio climático disminuyan los recursos hídricos. Esta situación nos obliga inevitablemente a adoptar soluciones de reciclaje.

Opinión pública, el fracaso en Australia y la educación

Una de las mayores barreras para la difusión de la tecnología de tratamiento de aguas residuales es, por supuesto, la opinión pública. En 2006, por ejemplo, una ciudad del este de Australia golpeada por la sequía trató de implementar el reciclado del agua. La realidad llevo a las autoridades a tomar una decisión desesperada sin dar a los ciudadanos el tiempo para acostumbrarse a la idea. Lo que les ocasionó un desastre político. En un referéndum, el 62% de los votantes rechazaron la medida. Muchas personas evitan beber agua que proviene de aguas residuales, incluso cuando innumerables pruebas muestran que el agua es completamente segura para beber. Ya en los años 60 del siglo pasado, se había instalado la primera planta recicladora de aguas residuales. Muchos años después, en 2013, se creó una planta recicladora con el objetivo de tratar aguas servidas transformándolas en potables.

Los últimos años se caracterizaron por un continuo desarrollo de sistemas de reciclaje que son capaces de transformar el agua que usamos en los inodoros, llevando las aguas negras a un grado de purificación que permite su uso como agua potable. ¿Sería usted capaz de beber ese tipo de agua?

La planta de tratamiento Shafdan, en Israel, que trata a nivel terciario los efluentes de la zona central del país (aproximadamente, de dos millones de personas). (Foto: Mishele Mejía).
La planta de tratamiento Shafdan, en Israel, que trata a nivel terciario los efluentes de la zona central del país (aproximadamente, de dos millones de personas). (Foto: Mishele Mejía).

Se ha demostrado que el cambio en la opinión publica deberá basarse en programas de educación que puedan explicar en detalle el proceso durante cada etapa del mismo, de cualquier forma, hasta convencer a la población de ello, se puede comenzar con programas que eduquen a ahorrar agua.

Asimismo, activar sistemas que reciclen las aguas residuales con un grado de purificación que permita su uso en riego para agricultura, y de existir excedentes que deban verterse al mar, ríos, arroyos, etc., no sean contaminantes. Para esto también se deberá aportar fondos en investigación para adaptar cultivos a los tipos de agua, invirtiendo en el desarrollo de tecnología que aumente la eficiencia en el uso del recurso y desarrollando infraestructuras que lleven el agua reciclada a los agricultores.

Es importante continuar alentando el cambio de mentalidad por intermedio de programas de educación para todos los segmentos de la población en temas de ahorro y cuidado de las fuentes de agua. El reciclaje del agua ofrece un “triple dividendo” para los usuarios urbanos, agricultores y el medio ambiente.

Nota de la Redacción: El autor es director del Departamento de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional en el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Israel.

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