Agustín Viñas y sus juguetes rabiosos

admin

26/03/2021

La primera impresión que se tiene al entrar en la galería es la de haber accedido a un plano muy cercano a lo fantástico y, paradójicamente, hiperreal. Con el uso magistral del color, la luz y la sombra, Agustín Viñas (La Plata, 1974) logra crear la mágica sensación de que es posible tocar y sentir las texturas nítidas de los objetos representados en lienzos de diversos tamaños: formas suaves y tersas, sugestivos pliegues y curvas, materiales blandos de colores estridentes, superficies brillantes y pulidas. Pero en este virtuosismo pictórico no concluye todo.

Viñas, de 46 años, exhibe en la Galería Zurbarán 18 de sus más recientes creaciones pintadas al óleo. Como es usual en sus obras, se trata de retratos de personajes y juguetes infantiles fácilmente reconocibles por adultos y por niños (es por ello que en sus muestras es habitual que haya niños recorriendo ¡o corriendo!). Sin embargo, si bien su estética se basa en la réplica exacta de estos objetos, abre un juego conceptual insospechado en el que los títulos son parte esencial de la composición.

Es claro que los objetos que protagonizan las obras de Viñas responden al patrón estético que el filósofo británico Simon May identificó como lo cuqui (“cute”, en inglés): “figuras, muñecos, personajes u objetos que despiertan nuestra ternura, nuestra capacidad de empatizar y proyectar amor por su combinación de colores, sus formas redondas y suaves, o su tamaño pequeño y manejable”.

“Tiempos violentos”, óleo sobre lienzo, 50 x 80 cm, 2020.
“Tiempos violentos”, óleo sobre lienzo, 50 x 80 cm, 2020.

Superhéroes –Spiderman, Superman, Flash-, marcas de juguetes –Lego, Playmobil, Funko–, personajes de Disney y Pixar–Mickey Mouse, Blancanieves, Sullivan–, están todos habitando nuestros recuerdos nostálgicos de la infancia, pero también disponibles para formar parte de narrativas más complejas y oscuras que compiten con las que surgen en una primera mirada inocente de los cuadros.

Sobre las paredes blancas de Zurbarán, destacan ahora Minnie Mouse, Kitty y Batgirl, que lideran el llamado a la acción a gran escala de “Girl Power” (2020). En “El mejor amigo del monstruo” (2020) el reemplazo de la palabra “hombre” por “monstruo” en la conocida frase popular cambia el significado de la imagen. El peluche de Sullivan (Monsters Inc.) abrazado al perro Max (Mascotas) nos hace ahora reflexionar acerca del comportamiento muchas veces “monstruoso’’ del hombre hacia los animales.

Pero no por nada lo cuqui abunda en el mercado del arte: las investigaciones actuales en neurociencias muestran que las imágenes que provocan emociones intensas preparan al cerebro para recordarlas de forma más eficiente. Obras de Jeff Koons, Takashi Murakami, Damien Hirst o Romero Britto, que se venden a precios exorbitantes, se replican por doquier en prendas de indumentaria o de diseño.

“Game over”. Óleo sobre lienzo, 100 x 110 cm. 2020.
“Game over”. Óleo sobre lienzo, 100 x 110 cm. 2020.

Los detractores de este tipo de arte argumentan que son obras que no tienen ningún mensaje para transmitir más que lo tierno o agradable de sus personajes y colores. Paradójicamente, tal vez la mejor metáfora de esto sea una obra del propio Viñas: “Jeff PUM!” (2018). El título es un ingenioso juego de palabras basado en la homofonía del apellido Koons y la onomatopeya “Pum” y en la imagen puede verse a un pequeño soldadito de juguete que con un disparo podría hacer estallar a “Balloon Dog”, la obra de Koons que en 2013 se vendió en la casa de subastas Christie’s por 58,4 millones de dólares.

El estallido de “Balloon Dog” revelaría para sorpresa de nadie que está hueco, que no esconde nada, solo aire. Es la síntesis perfecta del vacío de contenido que reina en gran parte del arte actual, según suelen denunciar muchos críticos e historiadores del arte. El mismo Koons ha dicho que utiliza imágenes banales porque la sociedad responde a lo banal.

Viñas no es ingenuo –no es casual que ante cada nueva pintura, gran parte de sus seguidores en las redes sociales reaccionen inicialmente con un alto componente emocional– pero con una alquimia irónica su obra trasciende lo meramente cuqui. Tal como señala el artista, lo que persigue es “conmover de alguna manera, que la imagen sea un atractivo para después decir algo más. Movilizar a alguien o detonar una idea”. Si la imagen es el señuelo que seduce y atrae, el título de cada una de sus obras es el vehículo que lleva al público hacia el mensaje que el artista busca transmitir.

“No me olvides”. Óleo sobre lienzo, 60 x 80 cm., 2020.
“No me olvides”. Óleo sobre lienzo, 60 x 80 cm., 2020.

Biólogo con orientación en ecología, antes de dedicarse por completo a la pintura, Viñas fue ilustrador de libros y revistas científicas junto a paleontólogos. “Patoruti” (2019) guarda registros de esa época. En efecto, el pato de peluche es un ánade real, una especie que es fauna autóctona del bosque de Vallombrosa (como la pintura de Emilio Pettoruti que Viñas reproduce detrás), víctima de la caza deportiva.

En su nueva “Hater” (2020) retoma a Pettoruti (esta vez reproduciendo su obra “Concierto”) y a través de un “gorila” enojado nos recuerda que “odiadores” hubo siempre, ya que cuando el pintor expuso por primera vez su obra de vanguardia en el país, los haters de su época querían golpearlo y reclamaban cárcel para él.

Los títulos entonces poseen un carácter disruptivo respecto de las pinturas capaz de disparar la sorpresa. Y la sorpresa precede al pensamiento pero da lugar a él; permite reflexionar, que etimológicamente significa “volver a mirar”. No es poco: un llamado a la reflexión incluso en una época signada por lo inmediato.

Agustín Viñas
Lugar: Zurbarán, Cerrito 1522.
Fecha: hasta el 31 de marzo.
Horario: lunes a viernes, 12 a 20.
Entrada: gratis.

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