Ahora que no hay vacunas, pueden comprar vacunas

admin

08/04/2021

No hay mejor definición del autoritarismo que la de aquellos que lo ejercieron o lo padecieron. Una de las caracterizaciones más interesantes la hizo el ucraniano Yuri Piatakov. Fundador del comunismo en Ucrania, primero se enfrentó a Lenin en los albores de la revolución rusa, y después a Stalin en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.

De esas internas crueles extrajo el siguiente pensamiento. “Si el partido lo exige, un verdadero bolchevique debe estar dispuesto a creer que lo blanco es negro y que lo negro es blanco”. No le fue muy bien con su rebeldía. Sus poderosos enemigos lo acusaron de conspirar con la Alemania nazi y, en una fría mañana de enero de 1937, lo fusilaron en Moscú.

Es curioso cómo las prácticas fascistas del siglo pasado recobran vigencia en estos tiempos de pandemia y de populismo. Lo que es blanco un día al otro día puede ser negro. Y viceversa. Sólo hay que estar dispuesto a defenderlo, como decía Piatakov. Algo de eso le sucedió esta semana a Santiago Cafiero, el funcionario con apellido más peronista de todo el gabinete.

Hace algunos meses, cuando el gobernador de San Juan, Sergio Uñac, lo consultó sobre la posibilidad de que las provincias compren vacunas por su cuenta le respondió que eso era imposible. “Las compras están centralizadas por el Gobierno nacional”, se resignó públicamente el sanjuanino.

Ahora Santiago Cafiero dice que las provincias pueden comprar vacunas por su cuenta. Foto: Marcelo Carroll
Ahora Santiago Cafiero dice que las provincias pueden comprar vacunas por su cuenta. Foto: Marcelo Carroll

Uñac no fue el único gobernador que comenzaba a desconfiar de la cantidad de vacunas que podía conseguir el gobierno de Cristina y Alberto con su estrategia ideológica de mercado. Axel Kicillof hizo una consulta para ver si podía comprar la Sputnik V por su cuenta; el cordobés Juan Schiaretti lo intentó con las vacunas de Pfizer y AstraZeneca, y el radical Gerardo Morales hizo lo mismo desde Jujuy con laboratorios chinos.

Los tres se encontraron con la misma barrera. Ni Rusia ni China estaban dispuestas a venderles vacunas por fuera del acuerdo con el gobierno argentino. Y los laboratorios privados ya no tienen más oferta de vacunas hasta fin de año.

Y como lo blanco al otro día puede volverse negro, Cafiero sorprendió el último miércoles mientras hablaba con Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano ante las cámaras de TN. “Las provincias y el gobierno de la Ciudad pueden salir a comprar vacunas también; no está prohibido”, explicó esta vez, amparándose en la ley 27.573. Es cierto que la ley no prohíbe expresamente la importación de vacunas a las provincias como también es cierto que el Gobierno monopolizó las negociaciones con los países y los grandes laboratorios que producen los medicamentos contra el Covid.

Es un debate abstracto, ninguna compañía puede entregar vacunas con un contrato elaborado en este momento”, dijo el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, siempre componedor y diez horas después de escuchar a Cafiero cuando la Ciudad tiene cada vez menos dosis. ¿Tendrían que haberlo hecho antes?

De 30 mil a más de 1.800.00

En su parábola televisiva, Cafiero también aprovechó para criticar la llegada de vacunas Pfizer a Chile. “Prácticamente no están en la región; a Chile llegaron sólo 30.000”, arriesgó sobre las vacunas de la farmacéutica estadounidense que la Argentina no adquirió por razones donde se mezclan misterios políticos, ideológicos y de competencia muy áspera de mercado con la vacuna de AstraZeneca.

Minutos después, le respondía a Cafiero por Twitter el secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Chile, Rodrigo Yáñez Benítez. “Puedo precisar que con las 234.000 vacunas de Pfizer que están llegando mañana tendremos 1.886.625”, corrigió. Blanco sobre blanco. Evidentemente, el funcionario del gobierno de Sebastián Piñera no había leído a Piatakov.

Detrás del si voy vengo, y si vengo voy de Cafiero hay una falencia estructural del Gobierno que al ministro le toca justificar para compartir el costo político. Y es el fracaso creciente de la estrategia de compra de las vacunas y del operativo endeble de vacunación. Además de la falta de testeos, de las fallas organizativas y de los cientos de casos de vacunación de privilegio, nadie puede explicar honestamente por qué Argentina no acordó con Pfizer, Moderna u otros laboratorios que hubieran hecho crecer la cantidad de dosis para enfrentar la amenaza real de la segunda ola.

Una sociedad agobiada por la inflación, el desempleo y la pobreza debe enfrentar ahora lo peor del invierno. Una travesía con pocas vacunas, a la intemperie de un toque de queda que reflota las imágenes nefastas del pasado al que siempre volvemos.

Lo leiste en #FMVoz

0 Comments

Dejá una respuesta