Alberto, Gambito de Dama

admin

01/05/2021

A mucha gente este título le podrá parecer una ironía pero no lo es. En el tablero de la política nacional, Alberto Fernández siempre está varias jugadas adelantado. Con una sabiduría propia del gran maestro Gari Kasparov y la genialidad de Bobby Fischer, el “presidente” mueve sus piezas conforme a un plan que la mayoría de los mortales no comprende. Él ve mucho más lejos.

Tal como se informó la semana pasada en exclusiva y en esta misma página, el “presidente” es un gran topo embarcado en un operativo político de magnitud. Según lo planeado, Alberto se introdujo en el kirchnerismo como un Caballo de Troya para destruirlo desde adentro, inmolándose en defensa de la Constitución Nacional y la República.

Cada medida que toma el “presidente” persigue ese objetivo supremo. Sobre todo aquellas que, a priori, resultan completamente incomprensibles. Aún las cosas más disparatadas como liberar violadores en plena pandemia, vacunar amigos o reivindicar a Maduro, son movidas estratégicas cuyo resultado se verá más adelante.

¿Qué carajo está haciendo este tipo en Ezeiza, caminando entre los aviones, con un chaleco fosforescente de personal aeroportuario, señalando turbinas y revisando pallets con vacunas frente a las cámaras de televisión? Esto mismo se habrán preguntado millones de televidentes el jueves a la noche al ver al “presidente” en acción. Sin embargo, él sabía perfectamente lo que estaba haciendo. No es ningún gil. Lee muy bien el partido y sabe encontrar la jugada precisa para provocar el mayor daño posible. Basta con imaginar la cara y los gritos de Cristina pegada al televisor del Instituto Patria para entender mejor la maniobra.

No por nada, el “presidente” se hizo acompañar por Carla Vizzotti y Santiago Cafiero. De a tres, el efecto buscado siempre tiene más impacto. Por algo Gaby nunca se presentaba solo en los shows. Siempre fue Gaby, Fofó y Miliki. No es una comparación feliz pero ayuda a una más clara comprensión de los hechos.

Al día siguiente del show aeronáutico, el “presidente” intentó despistar a los analistas y al Instituto Patria diciendo por cadena nacional una frase muy importante: “Yo tengo un único enemigo, el virus”.

En realidad, ya sabemos que no tiene uno si no dos enemigos: el virus y el kircherismo. Dado que las estadísticas indican que en política la efectividad suele ser del 50%, es altamente probable que en su lucha contra el kirchnerismo tenga éxito, ya que está visto que en la pelea contra el virus le está yendo como el orto.

Toda la habilidad, la pericia, la capacidad de gestión y el profesionalismo del que Alberto simula carecer para ejercer la presidencia, en realidad está puesto en llevar adelante el plan conspirativo. Esto también incluye enloquecer al Instituto Patria en general y a Cristina en particular.

Ejemplo: el lunes sale Alberto diciendo que “Debemos olvidarnos por un rato de las diferencias”. Obviamente, Cristina enfurece y de la bronca rompe el baño de su despacho con una masa. El martes Alberto declara que Cambiemos no terminó viviendas por el odio que tienen. Ahí Cristina disfruta, pone long plays de La Joven Guardia y baila feliz mientras Parrilli empastina las juntas de los azulejos que tuvo que reemplazar y sella los bordes del inodoro nuevo. Y así, van y vienen todos los días. Desgastar psicológicamente al objetivo también es parte de la estrategia. El resto es un elaborado trabajo de demolición.

Para demoler una gran estructura, como una fábrica abandonada o el kirchnerismo, no hace falta arrojar toneladas de bombas desde un B52. Alcanza con colocar un par de cartuchos de dinamita en puntos específicos para hacer colapsar la estructura y así lograr que todo el edificio se venga en banda. Eso es lo que hizo nuestro estratega Alberto con las vacunas.

Para eso tenía reservado un cartucho de dinamita llamado Cecilia Nicolini. Una señora a la que nadie juna y que el “presidente” utilizó como alfil para negociar la compra de vacunas. ¿Experiencia en grandes negociaciones internacionales? Ninguna que sepamos. O sea, la candidata perfecta para el plan. Si hubieran designado a Guillermo Coppola ya estaríamos todos vacunados con dos dosis de la Pfizer. Pero Alberto eligió una apertura siciliana, sacrificó el caballo (Ginés) y mandó al frente a su alfil Nicolini, con el éxito que ya todos conocemos (éxito para el plan de destrucción, obviamente).

Según informaron los medios, esta talentosa funcionaria elegida por Alberto, en realidad es cercana a Cristina por lo que la jugada del “presidente” es aún mucho más sofisticada: le usa a Cristina su propia tropa, le pone un chaleco con explosivos, se guarda el detonador en Olivos y manda el regalito al Instituto Patria.

Curiosamente dicen que Nicolini fue elegida porque habla bien inglés. Raro, porque es sabido que Cristina no permite que haya funcionarios en el gobierno que hablen inglés mejor que ella. De ahí el nombramiento del canciller Felipe Solá, otra gran jugada.

El riesgo que corren Alberto y su heroísmo es que la misión empiece a quedar expuesta y en el Instituto Patria se aviven. De hecho, algo olieron y comenzaron maniobras de defensa. La idea de untar las cuerdas de la guitarra de Alberto con un trapito humedecido con Coronavirus no era mala, pero evidentemente no se consiguió el objetivo porque Parrilli no es el gran maestro Tigran Petrosián ni el gran maestro Miguel Najdorf. Parrilli es Parrilli. La maniobra debió ser antes, no después de la Sputnik.

Oscar Parrilli, entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández
Oscar Parrilli, entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández

Como todo gran jugador, Alberto ve más adelante y lanza nuevas ofensivas. Sorpresivamente, en medio de la crisis pandémica, el viernes lo mandó al ministro Guzmán a pedirle la renuncia a un funcionario de tercera línea, el subsecretario de energía Basualdo, a sabiendas de que Cristina iba a salir a contradecirlo y a defender a su peón antes de que Alberto se lo coma.

¿Esto significa que el presidente está dibujado y que no pude decidir ni el menú de la Rosada o que en realidad juega a mostrarse dibujado para debilitar a su propia coalición gobernante? Ni está perdido, ni es un inútil, ni nada de lo que se dice por ahí. No subestimen a un diferente. Alberto se mueve en la política nacional como si fuera el gran maestro Anatoli Karpov jugando simultáneas.

Por otro lado, habrá que esperar las próximas jugadas del maestro para entender si Kicillof, Gollan y Kreplak son sus cómplices en el plan para destruir al kirchnerismo, o si los tres tipos son así como son y su colaboración en el sabotaje es involuntaria.

Como ya se ha dicho, el “presidente” se está sacrificando por todos nosotros. Confiemos en que su mente brillante le siga permitiendo ver más allá de lo que vemos los mortales y al final del juego haya una luz.

Si esa luz es la esperanza, sería bueno ir preguntándole a los muchachos de la oposición si ya entendieron lo que les pasó cuando fueron gobierno o si, en caso de ganar, van a volver a boludear con los globitos. No sea cosa que Alberto, nuestro soldado heroico, deje la vida por nada.

Si luego de semejante esfuerzo, Alberto logra su objetivo pero los que dicen defender la Constitución, los valores republicanos y la democracia vuelven a fracasar, solo nos quedará el premonitorio legado de Jorge Luis Borges: “Nuestra cobardía y nuestra desidia tienen la culpa de que el mañana y el ayer sean iguales”.

Vamos Alberto, siga concentrado y moviendo las piezas magistralmente como hasta ahora. A por la Reina, master.

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