Alejandro Reyna, el cantor de tango que vivía en la calle y fue redescubierto por un video que se hizo viral

admin

21/02/2021

Alejandro Reyna tiene una voz de tango que no es impostada. La forjó a fuerza de vivencias difíciles. Un divorcio, una carrera como cantor que no alcanzaba para comer y un trabajo informal que perdió porque sufrió un infarto y lo reemplazaron por otro. No pudo seguir pagando el alquiler y terminó viviendo en la calle, dentro de una camioneta prestada. Hasta que lo grabaron cantando y sus videos se viralizaron en las redes. Menos de un año después, tiene un contrato con una discográfica y este sábado cantó en Abasto Barrio Cultural, un ciclo de shows en vivo organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad.

“Todos los tangueros tenemos una vida llena de matices– Si no, no podríamos cantar tango. Para entenderlo mejor, hay que vivir esos matices y a todo eso uno lo va convirtiendo en arte”, le dice Reyna a Clarín desde el departamento que alquila en Floresta en esta nueva vuelta de su vida. Lo comparte con China, su perra pitbull.

Desde su separación “hace muchos años” de una mujer profesional que se fue a vivir al exterior junto a los hijos de ambos, Reyna está solo. “Es muy dificil porque uno generalmente se casa para toda la vida -señala-. Aparte, mis viejos se casaron grandes y murieron jóvenes. Tengo poca familia. De mis dos hermanas, una vive en el interior”.

“A mí me pasó una cosa -continúa-. Es muy difícil vivir del tango, somos obreros del tango. La mayoría tiene un trabajo paralelo y yo también lo tenía. Cantaba en restaurantes, pero también trabajaba como guardia de seguridad privada en un frigorífico de Mataderos. Era un trabajo no registrado. Y en agosto de 2019 sufrí un infarto y cuando me intenté reincorporar me encontré con que mi lugar había sido ocupado por otra persona“.

En 2019, Alejandro Reyna sufrió un infarto y perdió el trabajo. Foto Marcelo Addax
En 2019, Alejandro Reyna sufrió un infarto y perdió el trabajo. Foto Marcelo Addax

Reyna no pudo seguir pagando el alquiler y, en octubre de 2019, tuvo que desocupar el departamento. Mandó sus cosas a un guardamuebles y quedó sin techo. Él lo cuenta en plural, pero habla de él solo: “Terminamos en situación de calle, terminamos viviendo en una camioneta”.

Su casa pasó a ser una Ford 350 estacionada en Pilar y Rodó, Mataderos, que le prestaron unos conocidos de un frigorífico. “Encima el del guardamuebles se mudó sin avisar y me quedé sin nada“, dice.

Fueron casi siete meses de una vida para la que nadie está preparado. “El deterioro físico y mental es terrible, porque uno no tiene acceso a ningún medio de comunicación, no se alimenta como corresponde -explica-. Estuve un mes sin bañarme. Era impensada la situación, si uno tiene cierto orden. Y yo lo tenía, no tengo vicios, no tomo alcohol. Mi único vicio es fumar”.

En ese tiempo, Reyna adelgazó 15 kilos. “Había días en que no comía, hasta que alguien me dijo que fuera al comedor de los Carasucias. Daban de comer de lunes a viernes y los fines de semana comía lo que podía, a veces pan solo”, cuenta. Y dice que a partir de la pandemia y de la cuarentena, todo empeoró. “Los baños de las estaciones de servicio estaban clausurados. Yo estaba aislado en la camioneta y sin comunicación, porque me habían robado el celular”.

Alejandro Reyna terminó viviendo en una camioneta que le prestaron, estacionada en Pilar y Rodó. Foto Marcelo Addax
Alejandro Reyna terminó viviendo en una camioneta que le prestaron, estacionada en Pilar y Rodó. Foto Marcelo Addax

Alejandro Reyna también tuvo que lidiar con la gente que, aunque lo conocía, dejó de mirarlo cuando pasaba. “No me daban bolilla”, lamenta. Pero hubo una contracara: “Se me acercó mucha gente que yo no conocía y que después terminaron siendo mis amigos”, dice.

La lista incluye a un policía de la Ciudad que lo había escuchado cantar y una vez le propuso: “¿No querés que subamos un video a las redes? Alguno te va a ayudar”.

“Subimos el video a las redes y a los dos días, vinieron Ricardito Marín, Carlitos Paiva… Y Ramón, el dueño de unos restaurantes donde yo solía cantar y que me propuso ir a vivir a la oficina que tenía en su pizzería, La Paz”, cuenta Reyna. Y dice que en esos días también lo ayudó la Red Solidaria. “Me dieron desde zapatillas hasta jabón para bañarme”.

Como agradecimiento, Alejandro hacía tareas de mantenimiento. “Como al principio de la cuarentena sólo se trabajaba con delivery, un día había cuatro o cinco personas esperando su pedido cuando Ramón me preguntó por qué no les cantaba algo. Yo estaba pintando, pero dejé lo que estaba haciendo y canté el tango ‘De puro curda’. Un hombre me filmó y subió un video a las redes. A la semana me sonó el teléfono y era un periodista que quería hacerme una nota y yo no sabía por qué. Me dijo que mi video había explotado en las redes”.

Ese no fue el único llamado que recibió. “También se comunicó Damián Amato, el director de Sony Music, que me dijo que la gente de Sony de Miami le había pedido que me buscara y que me hiciera un contrato. Lo firmamos y eso es lo que me sacó a flote. El disco sale a principios de abril, con la dirección de Carlos Buono. Se va a llamar Del Barro al Asfalto”, anticipa Reyna.

Alejandro Reyna fue redescubierto porque alguien lo escuchó cantar, lo grabó y subió a las redes un video que se viralizó. Foto Marcelo Addax
Alejandro Reyna fue redescubierto porque alguien lo escuchó cantar, lo grabó y subió a las redes un video que se viralizó. Foto Marcelo Addax

En el medio, en agosto, ofreció un recital por streaming que tuvo 1.200 espectadores. Y fue contactado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad para que participara en algunos de sus ciclos. Este sábado a la noche, cantó en las escalinatas del shopping Abasto para Abasto Barrio Cultural, un programa de los ministerios de Cultura y Espacio Público que promueve a los artistas independientes en tiempos de pandemia. Reyna se presentó acompañado por el bandoneonista Marco Antonio Fernández y con el guitarrista Carlos Báez.

Reyna, que de joven se inspiró en Julio Sosa pero con los años desarrolló su propio estilo, tiene un repertorio clásico de fines de la década del 40 y del 50. La última curda, Naranjo en flor, Cafetín de Buenos Aires. Y a pesar de que el gran público lo descubre recién ahora, tiene toda una carrera detrás. “Empecé a los 16 años, cantando en la orquesta de Vicente Russo. Mi compañero era Jorge Falcón, que en aquel momento usaba su nombre verdadero, Luis Iglesias. Más adelante me incorporé al sexteto de Virgilio Espósito”, repasa.

Ahora, a los 60 años, Reyna alcanzó notoriedad sin buscarla. “Lo tomo con el equilibrio de un hombre de mi edad. No lo esperaba. Lo único que esperaba era que termine la pandemia para poder salir los fines de semana a cantar. Esto era impensado”.

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