Alfredo Evangelista, el uruguayo que se le plantó al enorme Muhammad Ali

admin

10/04/2021

Tocar y convertir en oro. Aquella cualidad que la mitología griega le atribuyó al rey Midas la heredó, a su modo, Muhammad Ali, aunque en su caso era golpear y convertir en oro. Varios púgiles hasta entonces ignotos encontraron el gran trampolín para sus carreras a partir de haber compartido un cuadrilátero con el boxeador más carismático de todos los tiempos. Uno de ellos nació a orillas del Río de la Plata, intentó sin suerte hacerse un lugar en el Luna Park y halló en España el camino para llegar hasta el más grande de su tiempo.

Villa Española es un barrio obrero ubicado en el sudeste de Montevideo cuyos vecinos más ilustres fueron el legendario capitán del seleccionado uruguayo Obdulio Varela y el cantor Washington Canario Luna. Allí, a mediados de la década de 1960, residía una importante colectividad de españoles que habían escapado de la Guerra Civil y que en 1940 habían fundado el club que lleva el nombre del barrio y cuyos colores representativos son el rojo, el amarillo y el violeta (los tres de la bandera republicana).

En el Club Social y Deportivo Villa Española comenzó a boxear Alfredo Evangelista, pese a que su sueño era seguir los pasos de Pedro Virgilio Rocha, el goleador de su amado Peñarol. Si lo hizo fue únicamente para satisfacer a su padre, Vicente Roque Evangelista, un fanático del pugilismo que nunca había podido practicarlo debido a que arrastraba una discapacidad motriz desde su niñez como consecuencia de un accidente vial.

Cuando Alfredo tenía 13 años, había abandonado la escuela y hacía changas para sumar un billete a la escuálida economía familiar, Vicente Roque armó el bolso y partió, con la idea de llegar a Estados Unidos. “Me dijo que nunca volvería si no hacía fortuna. Y al despedirse me pidió que subiera a un ring al menos una vez. Me dijo que él no moriría tranquilo si no sabía que yo me había puesto los guantes al menos una vez. Y decidi hacerlo porque temí no verlo más”, contó Evangelista en una entrevista publicada en el diario El País en abril de 1977, unos días antes de su noche inolvidable.

Convertido en el sostén de la familia, Bichuchi (como lo llamaban en el barrio) hizo malabares para parar la olla junto a su madre, María Adelcia Chamorro, y sus dos hermanos menores. Esa búsqueda de la supervivencia los trajo a Buenos Aires. Aquí, mientras se ganaba el mango como albañil o changarín, se acercó, con su licencia amateur uruguaya, al gimnasio del Luna Park.

Alfredo Evangelista debutó como profesional a los 20 años en Madrid.
Alfredo Evangelista debutó como profesional a los 20 años en Madrid.

Allí pasó algunos meses e incluso fue sparring de Víctor Emilio Galíndez durante la preparación para la pelea ante Len Hutchins por el título mediopesado de la Asociación Mundial de Boxeo en 1974. Pero no terminó de convencer a Juan Carlos Lectoure. Según contó el periodista Ernesto Cherquis Bialo, el promotor del Luna Park lo consideraba “muy chico para peso pesado y muy grande para mediopesado” (por entonces no existía la división crucero).

Por esos días, una puerta se abrió en la otra orilla del Océano Atlántico: el cubano Evelio Mustelier, conocido como Kid Tunero, un trotamundos que tras su retiro se había afincado en España y se ganaba la vida como entrenador, pidió referencias de un peso pesado con proyección al uruguayo Hortencio Gularte, primero rival y luego amigo del caribeño. Así surgió el nombre de Evangelista.

“Mi madre y yo éramos carne y uña. Cuando le dije que me iba, ella lloró como loca. Me decía: ‘Hijo, ¿cómo te vas a ir si solo eres un niño’. Yo nunca había viajado tan lejos”, contó Evangelista en 2015. Partió a mediados de 1975, cuando tenía 20 años y una corta carrera amateur, y debutó como profesional el 10 de octubre de ese año, con un triunfo por nocaut en el primer round ante el italiano Angelo Visini en el Palacio de los Deportes de Madrid.

Allí no perdió tiempo: en 14 meses encadenó 14 victorias (varias contra adversarios muy poco exigentes) y un empate. Uno de esos triunfos fue ante una leyenda del pugilismo español, José Manuel Ibar Aspiazu, conocido como Urtain. El dinero que cobró por esa presentación le permitió mudar a Madrid a su madre y a sus dos hermanos. Y también le facilitó dar el paso para reunir a la familia completa.

Alfredo Evangelista tuvo su primera chance de pelear por un título mundial con apenas 22 años.
Alfredo Evangelista tuvo su primera chance de pelear por un título mundial con apenas 22 años.

Tres años después de iniciar su travesía, Vicente Roque había interrumpido el contacto epistolar con los suyos. En una entrevista posterior a su triunfo ante Urtain, Alfredo había contado su historia familiar. La entrevista llegó hasta Panamá. Y desde allí voló una carta dirigida al boxeador en la que una mujer le contaba que creía que uno de sus vecinos podía ser su padre.

Bichuchi subió a un avión y aterrizó en la capital panameña. Con las coordenadas que había recibido, llegó hasta una modestísima casa a la que nada tenía que envidiar su vieja vivienda de Villa Española. Allí encontró a la mujer que le había escrito. No era una vecina, sino la nueva pareja de Vicente Roque, con la que había tenido otros tres hijos (y un cuarto en camino).

Después de pactar con la pareja de su padre que mensualmente le haría llegar una suma de dinero para la manutención de los pequeños y de acordar que esa parte de la historia jamás sería revelada a María Adelcia, Alfredo volvió a principios de 1977 a Madrid con Vicente Roque, quien se convirtió en chofer, asistente y acompañante de su vástago.

Padre e hijo no sabían que el primer viaje que harían juntos sería a Estados Unidos. Y, mucho menos, que sería para una pelea con Muhammad Ali.

A los 35 años, el astro de Louisville empezaba a transitar la curva descendente de su carrera y la idea del retiro se repetía, sobre todo entre quienes lo rodeaban. Su segundo reinado, que había comenzado con la victoria ante George Foreman en Kinshasa, había alcanzado su punto máximo con el triunfo ante Joe Frazier en Manila, pero también había incluido defensas ante rivales poco calificados como Chuck Wepner, el belga Jean Pierre Coopman y el inglés Richard Dunn.

Alfredo Evangelista ausculta a Muhammad Ali durante un encuentro previo al combate entre ambos.
Alfredo Evangelista ausculta a Muhammad Ali durante un encuentro previo al combate entre ambos.

La última presentación de Ali había sido en septiembre de 1976: había derrotado por puntos y en una discutidísima decisión a Ken Norton en el Yankee Stadium del Bronx. Después de ese cimbronazo, Don King estaba en la búsqueda de un adversario sencillo para una defensa optativa. Era cuestión de encontrar a un hombre que apareciera entre los 10 primeros del ranking.

El desconocido Evangelista ocupaba el octavo puesto en el escalafón de la AMB y el décimo en el del Consejo Mundial de Boxeo. Entonces King se puso en contacto con Kid Tunero para proponerle la pelea. El cubano la rechazó por considerar que su pupilo, que tenía 22 años y apenas 16 peleas profesionales, no estaba preparado para semejante prueba. Sin embargo, fogoneado por su mánager, el empresario José Luis Martín Berrocal, el uruguayo contradijo a su entrenador, se separó de él y aceptó el desafío.

Por esa pelea, su 21ª por un título mundial, Ali pactó una bolsa de 2,7 millones de dólares. Su rival acordó un pago de 85.000 dólares. Para reforzar sus ingresos, aceptó llevar en su pantalón, a cambio de otros 20.000 dólares, una publicidad de la recién nacida revista Interviú, la primera publicación española que incluyó fotos de mujeres semidesnudas en su portada a partir de la apertura que empezaba a producirse en el régimen franquista luego de la muerte del Generalísimo en 1975.

Para el reto más importante de su vida, Evangelista, que nunca había hecho más de ocho asaltos en un combate, pasó cuatro meses entrenándose en un complejo perteneciente a Jesús Gil y Gil (luego presidente y accionista mayoritario del Atlético de Madrid) en Los Ángeles de San Rafael, un pequeño pueblo de Segovia. El día del pesaje, registró 95 kilos, el tonelaje más bajo de su carrera hasta entonces.

Muhammad Ali y Alfredo Evangelista, sobre el cuadrilátero del Capitol Center de Landover antes del inicio de la pelea entre ambos.
Muhammad Ali y Alfredo Evangelista, sobre el cuadrilátero del Capitol Center de Landover antes del inicio de la pelea entre ambos.

“Este hombre es serio. Por favor, no lo subestimen. Si me gana, será el boxeador más famoso de todos los tiempos”, advirtió Ali sobre su rival, a quien la prensa estadounidense comparaba con Rocky Balboa, el protagonista del film de Sylvester Stallone que siete semanas antes se había alzado con el premio Oscar a la mejor película del año anterior.

Durante los primeros siete rounds de un duelo que se presumía tan corto como desparejo, las 12.000 personas que asistieron el 16 de mayo de 1977 al Capitol Center de Landover y las que siguieron por televisión el combate vieron al campeón caminar por el cuadrilátero y hacer gestos mientras el retador intentaba presionarlo contra las cuerdas.

A partir del octavo, y después de una buena reprimenda de su esquina, Ali se empeñó por dar un espectáculo mejor y empezó a marcar su superioridad, aunque su cuerpo empezaba a acusar el cansancio conforme corrían los episodios. Esa merma de rendimiento permitió que Evangelista se mostrara agresivo y bastante certero en el 12°, al que años más tarde definiría como el mejor round de su vida.

Alfredo Evangelista combatió 15 asaltos con Muhammad Ali. Antes de ese día, nunca había peleado más de ocho.
Alfredo Evangelista combatió 15 asaltos con Muhammad Ali. Antes de ese día, nunca había peleado más de ocho.

De todos modos, el esfuerzo del desafiante no fue suficiente para poner en riesgo la victoria (muy poco brillante) de The Greatest, que se impuso holgadamente en las tres tarjetas de los jueces y retuvo por novena vez los títulos de la AMB y el CMB.

“Qué equivocados estaban los que decían que Evangelista era un Don Nadie. Es un excelente boxeador, rápido, inteligente y capaz de asimilar muy bien los golpes. No me digan que es un paquete”, elogió el vencedor. “Hice lo suficiente para ganar, pero si los jueces creen que ganó él, yo no puedo hacer nada. Estoy contento porque probé que soy un buen boxeador. Soy muy joven y esta no será la última vez que aspire al título mundial”, pronosticó el vencido.

Como pocas veces, una derrota parecía la mejor carta de presentación para el montevideano, que cuatro meses después consiguió el cetro europeo pesado al noquear al francés Lucien Rodríguez, a quien ya había vencido el año anterior en Bilbao. En el Palacio de los Deportes de Madrid, Evangelista se recompuso de una caída en el quinto asalto y terminó derribando tres veces en el 11° round a su rival y arrebatándole el título.

Con el cinturón continental en su poder, con el aval de un par de triunfos en suelo estadounidense y con un discutible cuarto puesto en el ranking del CMB, Bichuchi cumplió con aquello que había vaticinado tras su derrota ante Ali: accedió a su segunda chance mundialista, esta vez ante el invicto Larry Holmes. El Asesino de Easton le había quitado el cinturón a Ken Norton cinco meses antes en una pelea épica y sumaba 28 victorias en fila.

El 10 de noviembre de 1978 en el Pabellón Deportivo del Caesars Palace de Las Vegas, Holmes, sacando provecho de su mayor alcance y su poderoso jab zurdo, maniató a su rival desde el primer campanazo, lo castigó impiadosamente durante seis rounds y lo despachó en el séptimo con un veloz cross de derecha que mandó al uruguayo al tapiz por toda la cuenta. “No sabía que pegaba tan duro”, admitió el perdedor tras endosar el primer nocaut en su carrera.

Esa caída dejó en evidencia que Evangelista podía reinar en Europa, pero estaba lejos del nivel de los mejores pesados norteamericanos. Eso no impidió que volviera un puñado de veces más a suelo estadounidense, aunque ya no a combatir por un título ni a protagonizar carteleras estelares.

En enero de 1980 se midió en Atlantic City con Leon Spinks, quien intentaba relanzar su carrera. El campeón olímpico en Montreal 1978 había sorprendido al mundo en su octava pelea profesional al batir a Ali, luego había sido derrotado en la revancha y más tarde había sido vapuleado en apenas dos minutos de acción por el sudafricano Gerrie Coetzee.

Pese a que ambos eran jóvenes (Spinks tenía 26 años y Evangelista, 25), el último tren estaba pasando para ambos. El uruguayo intentó abordarlo en el segundo round, cuando arrinconó a su rival y lo conmovió con una metralla de golpes desprolijos pero duros. Con la boca ensangrentada y las piernas temblorosas, el estadounidense sobrevivió a ese asalto, se recompuso y terminó noqueando en el quinto episodio.

Alfredo Evangelista recibe un zurdazo de Leon Spinks, quien terminaría noqueándolo en el quinto round de la pelea que protagonizaron en Atlantic City.
Alfredo Evangelista recibe un zurdazo de Leon Spinks, quien terminaría noqueándolo en el quinto round de la pelea que protagonizaron en Atlantic City.

A la carrera de Evangelista le quedaban todavía ocho años, en los que recuperaría el título europeo (y lo perdería en su primera defensa), sería noqueado por el luego campeón mundial Greg Page en Detroit, viajaría por el mundo y atravesaría como una celebridad la noche española, con todas sus tentaciones. Sin embargo, nada sería como aquella jornada en el Capitol Center de Landover y su nombre quedaría inseparablemente asociado al de Ali.

Como si interpretara el papel trillado del boxeador en un mal guión de novela, Bichuchi vivió tiempos de debacle después del retiro. No solo porque vio esfumarse los millones que había ganado, sino porque los contrapuntos con la ley se hicieron más frecuentes de lo deseable. En marzo de 1989, fue detenido junto a su hermana por la sustracción y la falsificación de una tarjeta de crédito. Ocho meses después, fue apresado junto a su esposa y una amiga de ella con 30 gramos de cocaína. Por ello recibió una sentencia de prisión en suspenso.

Alfredo Evangelista cerró su carrera profesional con un récord de 62 victorias, 13 derrotas y 4 empates.
Alfredo Evangelista cerró su carrera profesional con un récord de 62 victorias, 13 derrotas y 4 empates.

En agosto de 1994, después de dos meses de vigilancia, la Policía Nacional allanó el pub El Lugar, en Vallecas, donde se encontraban el dueño del local, Manuel Jaime Alameda, y Evangelista, quien trabajaba allí; y donde había 14 gramos de cocaína. Diez meses después, la Sección XVI de la Audiencia de Madrid condenó al exboxeador a ocho años de prisión y a pagar una multa de 101 millones de pesetas (810.000 dólares).

“Dijeron que había vendido cocaína, pero no fue cierto. Caí en una redada y pagué por todos. Yo era el famoso y se ensañaron conmigo. Tomé cocaína durante cinco o seis años, pero jamás estuve enganchado”, explicó en 2015 en una entrevista para el diario Sport. Recién en 2000, tras seis años en la prisión de Carabanchel, pudo recuperar la libertad y dedicarse a entrenar jóvenes en Zaragoza. Y a recordar la noche en que se midió con una leyenda: “Ali fue un rival, un amigo, una gran persona y el mejor boxeador de la historia. Este hombre me dio todo: un nombre, fama y respeto”.

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