Argentina, campeón de la Copa América: Ángel Di María vivió su noche de redención con un gol antológico

admin

11/07/2021

Será, por todos los tiempos, la noche de redención para Angel Di María. Por las lesiones que lo persiguieron durante todos estos años, que lo dejaron fuera de la escena justo cuando más lo necesitaba Argentina. Pero estaba predestinado a ser el actor principal de una final.

Justo en el Maracaná, el escenario del duelo ante Alemania, aquel que se perdió por un maldito desgarro. Y dibujó un golazo, el del triunfo, con una definición que resultó un viaje al pasado, como aquella que resolvió el partido por el oro en los Juegos Olímpicos de 2008.

Fideo, el del barrio Pedriel de Rosario que lleva tatuado entre sus brazos, soñó siempre con esta porción de gloria. Por más que haya vestido la camiseta de Rosario Central, su casa, y haya pegado el salto europeo en la elite del Benfica, Real Madrid, Manchester United y PSG, Di María sólo esperaba este momento, el de la consagración celeste y blanca.

Si hasta se enojó con Lionel Scaloni cuando lo dejó afuera de varias convocatorias. Alzó la voz públicamente, dejó claro que no estaba conforme con su ausencia, pidió a los gritos volver a ser citado. Y lo respaldó con un notable nivel en Francia.

Entonces se le volvieron a abrir las puertas de la Selección. Junto a ese grupo de mohicanos, los últimos de “la generación de plata”, la que sufrió en carne propia la frustración de tantas finales perdidas. Y tuvo revancha.

“¿Qué habría pasado si hubiera estado en aquellas finales? Así es el fútbol”, dijo Di María en el campo de juego, con el trofeo de The Man of The Match. Y confesó que no podía llorar. Todavía no había caído. Si todo es tan reciente… Pero algo le había dicho Lionel Messi, su amigo, su socio de tantas aventuras.

Esto es inolvidable. Él me decía que esto fue gracias a mí y yo le decía gracias a él. Antes del partido, Leo me dijo: ‘Esta es tu revancha, la de Chile, la de Estados Unidos, la de Alemania’. , Hoy estuve. ¿Qué hubiera pasado si hubiera estado en las otras finales? El fútbol es así”, repetía Di María. Y sí, así es el fútbol. Que le quitó tanto. Que le dio ahora la mayor alegría de su carrera.

Ni siquiera el mejor guionista hollywoodense podía haber pensado un mejor final para la noche del 10 de julio, justo el 10, como Diego o como Messi. “Todavía no puedo llorar, no termino de caer. Mucha gente nos decía que no volviéramos, que ya estaba, pero nos seguimos chocando la cabeza contra la pared. Y ganamos el título, le ganamos a Brasil, le ganamos acá. La Copa era en la Argentina, lo había dicho Leo. Y tocaba ganarla acá. Y se dio”, contaba Fideo.

Entonces llegó la dedicatoria para “aquellos que siempre estuvieron”. A su mujer, Jorgelina Cardozo, que lo bancó y hasta cruzó mediáticamente a todos los que lo criticaron con o sin razón. A sus dos hijas. A sus padres. A la gente que lo bancó, muy a pesar de las lesiones, de los partidos fallidos.

Y fue un golazo por Di María, claro. También, por De Paul. “Rodri me había dicho que el lateral se dormía en la marca. Salió perfecta. La controlé, me quedó de sobrepique, vi que salía al arquero y se la piqué por arriba como en el partido con Nigeria por los Juegos Olímpicos”, relató.

Fue un partido bárbaro de Di María, arrancando por la derecha, metiendo la diagonal filosa con su zurda. Encarando, gambeteando. Y hasta colaboró en el retroceso. Fue el jugador más punzante. Y asustó a todos cuando se dobló un tobillo. Se temió otra vez por el fantasma de las lesiones.

Pero siguió. No se podía perder este partido. Tenía que estar. Y levantar la Copa. Se la merecía. Símbolo de aquellos tiempos marcados por la derrota, hoy se sacó la espina.

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