Arte al aire libre: seis paseos por las esculturas que ofrece Nueva York

admin

12/07/2021

Las esculturas al aire libre nos proporcionan algunos de los encuentros más accesibles con el arte y esto es aún más cierto para los espectadores que aún dudan de volver a entrar en galerías y museos y para quienes buscan un momento de recuperación e historia.

Los críticos del New York Times ya han alertado acerca de algunas de las nuevas incorporaciones al paisaje urbano de Nueva York, como Day’s End (El final del día) de David Hammons montada sobre el río Hudson, que rinde homenaje a la escultura pública del estadounidense de origen chileno Gordon Matta-Clark de los años 70 –es en realidad una incisión en el muro de un muelle en ruinas– y más de dos docenas de proyectos en Riverside Park, desde la calle 64 hasta la 151.

Y además está Yayoi Kusama, cuya Naturaleza Cósmica pone el punto sobre el Jardín Botánico de Nueva York. Aquí siguen otras obras que sin lugar a dudas vale la pena visitar.

1. “Brighter Days”, de Melvin Edwards

Melvin Edwards saltó a la fama como escultor con sus muy duros y abstractos Lynch Fragments (Fragmentos de linchamientos), iniciados en 1963. Realizada con trozos de metal soldados, aquella serie se inspiraba tanto en la escultura africana como en el modernismo europeo y estadounidense y transmitía perfectamente la naturaleza tremenda, violenta y perversa de su temática.

Brighter Days (Días más luminosos) –situada en el City Hall Park del bajo Manhattan, donde se encuentra el cementerio del siglo XVIII African Burial Ground en el que se enterraba a personas negras libres y esclavizadas–, constituye una muestra reducida de las obras más grandes de Edwards.

“Song of the Broken Chains’” (2020) de Melvin Edwards, en "Brighter Days”, en el City Hall Park. Foto Madeline Cass para The New York Times
“Song of the Broken Chains’” (2020) de Melvin Edwards, en “Brighter Days”, en el City Hall Park. Foto Madeline Cass para The New York Times

Las esculturas de Brighter Days son menos viscerales y más monumentales que los Lynch Fragments, y recuerdan las esculturas abstractas en acero bruñido de David Smith. Algunas, como Song of the Broken Chains (Canción de cadenas rotas, 2020), conmemoran con elegancia a ancestros esclavizados.

Otras, como Ukpo. Edo, de los años 90, hacen referencia directa a antecesores africanos. (Ukpo es un plato que se hace en Nigeria con bananas.) El verano nórdico pasado, a pocos metros de estas esculturas, militantes de Black Lives Matter tomaron parte de la zona, recordando que la historia y la lucha a la que Edwards se refiere en sus esculturas difícilmente haya terminado.

“Ukpo. Edo”, de Melvin Edwards, en el City Hall Park. Foto Madeline Cass para The New York Times
“Ukpo. Edo”, de Melvin Edwards, en el City Hall Park. Foto Madeline Cass para The New York Times

2. “Planeta Abuelx”, de Guadalupe Maravilla

El trauma y la curación son centrales en la obra de Guadalupe Maravilla, y su Planeta Abuelx en el Parque Escultórico Sócrates adopta un enfoque tan pragmático como simbólico para abordar estos temas.

Planeta Abuelx extiende la idea de la Madre Tierra a un “Planeta de los Abuelos” más intergeneracional. El objeto central aquí es Disease Throwers (#13, #14) [(Lanzadores de enfermedades (#13, #14)], de 2021, una escultura imponente y retorcida hecha de aluminio fundido y tubos de acero con gongs que sirven como una especie de cabeza y de vientre de este trabajo en forma de pirámide.

La obra está rodeada por un jardín temporal de plantas medicinales, junto con calabazas, porotos y maíz –hortalizas fundamentales en la dieta indígena de las Américas–, así como tabaco y rosas.

“Disease Throwers” de “Planeta Abuelx”, de la artista Guadalupe Maravilla. Foto Madeline Cass para The New York Times
“Disease Throwers” de “Planeta Abuelx”, de la artista Guadalupe Maravilla. Foto Madeline Cass para The New York Times

Determinadas representaciones en forma de baños de sonido convierten a Disease Throwers en un ejercicio terapéutico real (ojalá) y no meramente simbólico.

Para Guadalupe Maravilla, todo esto es personal: emigró a EE.UU. como menor no acompañada durante la guerra salvadoreña de la década de 1980 y posteriormente sobrevivió a un cáncer de colon.

Conexión entre artistas, espectadores y el paisaje, a Planeta Abuelx también se puede llegar fácilmente mediante el ferry neoyorquino del East River (a pocos minutos de la parada Astoria), que cuesta lo mismo que un viaje en subte. El proyecto es uno de los mejores que ha presentado el Parque Escultórico Sócrates en los últimos años.

3. “Animitas”, de Christian Boltanski

Justo enfrente del Sócrates, el artista conceptual Christian Boltanski, nacido en París, ha llenado el jardín del Museo Noguchi –uno de los espacios cerrados al aire libre más bellos de Nueva York– con 180 pequeñas campanas de bronce de su instalación Animitas. El título hace referencia a los altares que los indígenas de Chile colocan a los lados de los caminos para honrar a los muertos.

Animitas tiene una cualidad igualmente elegíaca. Instalada originalmente en Chile, honraba allí sutilmente a los desaparecidos del régimen de Augusto Pinochet.

“Animitas", de Christian Boltanski, en el jardín del Museo Noguchi. Foto Madeline Cass para The New York Times
“Animitas”, de Christian Boltanski, en el jardín del Museo Noguchi. Foto Madeline Cass para The New York Times

El director del museo Noguchi, Brett Littman, ha hecho hincapié en poner la obra escultórica propia de Isamu Noguchi en conversación con otros artistas, tal como lo hizo Noguchi en vida. Este proyecto lo consigue maravillosamente. “Animitas” es también un contrapunto perfecto a la instalación más espectacular de Guadalupe Maravilla que se encuentra cruzando la calle.

4. “Public Water”, de Mary Mattingly

Bien en la entrada de Grand Army Plaza al Prospect Park se encuentra una estructura geodésica transparente, envuelta en malla metálica y llena de plantas, tubos y recipientes. La obra de Mary Mattingly Public Water (Agua pública, 2020-2021) toma prestados claramente diseños modernos y vanguardistas de Buckminster Fuller –padre de la cúpula geodésica– y los aplica a problemas medioambientales contemporáneos, en particular el del agua.

La estructura alberga plantas de la región y simula, en minúscula escala, lo que ocurre en las cuencas hidrográficas Croton, Catskill y Delaware, donde se origina el agua potable de la ciudad de Nueva York.

Las plantas y la fuerza de gravedad se encargan de todo aquí, imitando los sistemas de purificación que hacen que el agua sea potable y nutritiva. Mattingly no es nueva en cuanto a reflexión sobre los seres humanos y sus hábitats.

"Public water", de Mary Mattingly. Foto Madeline Cass para The New York Times
“Public water”, de Mary Mattingly. Foto Madeline Cass para The New York Times

En los dos últimos invierno y primavera nórdicos, la Biblioteca Pública de Brooklyn acogió una exposición de Mary Mattingly y el artista Darío Robleto que exploraba “futuros habitables en la Tierra”.

Del mismo modo, el proyecto The Waterpod Project (aproximadamente, Proyecto Cántaro de Agua, 2009) también de Mattingly, consistía en una embarcación que navegaba por el puerto de Nueva York, creando una especie de módulo de supervivencia de bajo impacto con una cúpula geodésica como elemento central.

Parte de lo que Mattingly aporta a la conversación sobre el arte ecológico son objetos atractivos que hacen que se quiera participar en la salvación del planeta, en contraposición a todos los objetos seductores que lo destrozan.

5. “Oráculo”, de Sanford Biggers

El gigantesco Oráculo (2021) de Sanford Biggers, que se encuentra como un centinela solemne conteniendo la prominente entrada del Rockefeller Center en la Quinta Avenida, es a la vez amenazador y sereno.

La obra en bronce de 7 metros de altura forma parte de la serie Quimera de Biggers, que contempla diferentes interpretaciones históricas y artísticas del cuerpo, los mitos y el poder. El trabajo se inspira claramente en la estética de las máscaras africanas y de grandes escultores afroamericanos como Augusta Savage, pero Oráculo también fusiona tradiciones escultóricas africanas y europeas.

De párpados lánguidos y caídos, la figura sostiene una antorcha, como la Estatua de la Libertad. En las inmediaciones hay otras obras de esta instalación de Biggers que abarca todo el campus, incluida una serie de banderas azules titulada Seigaiha (gran ola azul, en japonés, de 2021), que representa los elementos del viento y el agua. (“Seigaiha” es un motivo tradicional de olas aparecido por primera vez en el arte japonés del siglo VI.)

“Oracle”, de Sanford Biggers, en el Rockefeller Center. Foto Madeline Cass para The New York Times
“Oracle”, de Sanford Biggers, en el Rockefeller Center. Foto Madeline Cass para The New York Times

Se trata aquí de una expresión bastante leve en comparación con Oracle, que incluso se presenta con una lista de reproducción de Spotify. Bajo el título WeAreTheOracle, los temas de la playlist incluyen la alegre pieza de jazz afrocubano The Oracle de Sabú Martínez y The Message de la banda funk británica Cymande de los 70.

Con una duración de casi 5 horas y media, la música permite experimentar poderes oraculares mucho después de haber terminado de ver la monumental escultura de Biggers.

6. “Red Stage”, Rashid Johnson

Rashid Johnson hace esculturas monumentales, como una que acaba de exhibirse en la muestra Grief and Grievance (aproximadamente, Pena y agravios) del New Museum, que consistía en una estructura de estantes de marco abierto atestada de plantas vivas, libros, pinturas y objetos que celebran la cultura afroamericana.

La escultura Red Stage (Escenario rojo), en Astor Place, muestra un enfoque diferente: invita a los participantes a subir al escenario. “Nos referimos a vos: el artista, el activista, el alborotador, el intérprete, el profesor, el estudiante, el soñador, el vecino y el espectador”, dice el mensaje de la organización artística sin fines de lucro Creative Time, que encargó el proyecto.

"Red Stage”, de Rashid Johnson, en Astor Place. Foto Madeline Cass para The New York Times
“Red Stage”, de Rashid Johnson, en Astor Place. Foto Madeline Cass para The New York Times

Hasta ahora, los participantes programados han sido el pianista de jazz Jason Moran al igual que estudiantes de la Escuela de Música de Brooklyn y ha habido ceremonias de reconocimiento de la tierra en honor a los pueblos indígenas que habitaron la región durante siglos antes de la colonización.

La celebración del Día de la Emancipación de los negros esclavizados, el 19 de junio, contó con un programa especial y el fin de semana del 4 de julio promete otro tanto. Será entonces cuando el artista radical judío Morgan Bassichis suba al escenario y lo comparta con militantes palestinos, trabajadores de la justicia racial y otros que quieren reimaginar la libertad y el estado-nación moderno.

Una tarea ardua pero apropiada para un día en el que se conmemora la firma de la Declaración de Independencia y se alienta a todos a apoyar otras formas de libertad.

The New York Times

Traducción: Román García Azcárate

PC​

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