Caen las ventas de arte y se sobrevalora la autenticidad

admin

29/03/2021

El mercado de arte internacional atraviesa su peor recesión desde 2009, de acuerdo con el último informe publicado hace días por Art Basel, que muy sintéticamente se puede resumir en una frase: en 2020 las ventas de arte y antigüedades en el mundo se desplomaron un 22 por ciento respecto de 2019. Con ese único dato, cualquiera puede comprender en un instante la dramática situación del sector después de un año completo de cierre casi total y prácticamente sin ferias de arte presenciales.

Los cambios no suelen ser tan rápidos y, al menos por ahora, las expectativas de que la caída de las operaciones presenciales durante la pandemia fueran compensadas con el crecimiento de las plataformas online se quedaron en eso: expectativas. Es cierto: muchísimos habitués y recién llegados entraron en los meses recientes a las versiones online de las grandes ferias de arte de todo el mundo y recorrieron kilómetros de arte frente a una pantalla, sin levantarse del escritorio o del sillón. Pero para la mayoría fue curiosidad o entretenimiento durante el aislamiento. Las ventas online, supuestamente, se duplicaron respecto del año anterior, pero representaron no más de un cuarto de las ventas totales de arte en el mundo. De manera que el cambio radical de lo presencial a lo digital que algunos predijeron con optimismo sin límites no se produjo.

Sin embargo, casi simultáneamente con la publicación del informe de Art Basel, el mercado fue sacudido por una novedad completamente imprevisible: “Everydays: The First 5,000 Days”, una colección de dibujos y animaciones realizados durante 5.000 días consecutivos, obra completamente digital firmada por el estadounidense Beeple –seudónimo de Mike Winkelmann–, fue subastada por Christie’s en 69.3 millones de dólares. El tal Beeple se convirtió de la noche a la mañana en uno de los tres artistas vivos más caros del mundo, cualquiera sea el soporte. Poquísimos habían siquiera escuchado su nombre, pero el precio pagado por su obra es superado hasta hoy solo por piezas de Jeff Koons y David Hockney. Desde hace días, hay cientos de artículos en la prensa mundial intentando explicar de qué se trata su collage de imágenes. No tanto de qué se trata en términos artísticos, que en este caso no parecen tener mucho interés, sino en términos tecnológicos y de mercado. Desde 2007, Beeple posteó en su Instagram, una imagen por día que finalmente reunió en un collage que fue “convertido” en febrero en –atención– un token no fungible o NFT. Esto, dicen los que entienden, es una red segura de sistemas informáticos que registra la venta en un libro de contabilidad digital, conocida como blockchain, y que brinda a los compradores una prueba de autenticidad y propiedad. Es decir: lo central del asunto es la garantía de autenticidad y de que se trata de una pieza “única”. Puede haber otra exactamente igual, ya que es una imagen digital no material, pero no importa: la “auténtica” es el NFT.

Fotografía cedida por la casa de subastas Christie's del artista Mike Winkelmann, conocido como Beeple, un hombre feliz. Foto EFE/ Christie's.
Fotografía cedida por la casa de subastas Christie’s del artista Mike Winkelmann, conocido como Beeple, un hombre feliz. Foto EFE/ Christie’s.

Admito mi ignorancia acerca de los token no fungibles. Seguramente por eso –y no porque la obra de Beeple no tenga valor– sospecho que todo el asunto se trata, para decirlo de una manera aterciopelada, de un truco de márketing. Eficiente, pero truco al fin. Hay un señor muy pero muy rico, en estos días, que está realmente contento porque ha adquirido una obra auténtica y única. Y otros señores, no tan ricos, pero probablemente camino a serlo, que también están realmente contentos porque han vendido una obra auténtica y única en 69,3 millones de dólares. Y porque se les abre un camino hasta hace días insospechado para compensar las decadentes ventas de arte físico con ventas de obras que no tienen existencia física pero que son tanto o más vendibles que las otras.

Uno de los más sorprendidos es el mismo Beeple, el señor Mike Winkelmann, diseñador gráfico nacido hace 40 años en Missouri, con aspecto de nerd más que de artista, de apariencia más parecida a Bill Gates que a David Hockney. Hay en estos días en YouTube un extraordinario video en el que se ve a Winkelmann rodeado de su familia en su casa, siguiendo con incredulidad la subasta en la que “Everydays: The First 5,000 Days” sube minuto a minuto su cotización –alentada por vaya uno a saber qué idea de la autenticidad– hasta venderse por 69,3 millones de dólares. El hombre se ríe solo, salta del sillón, su cuerpo no puede contener su entusiasmo, su estado de éxtasis y felicidad. También se ríen los empleados de Christie’s. Finalmente, parece que lo digital sí está produciendo el cambio radical que la industria del arte mundial esperaba para sobrevivir a las restricciones de la presencialidad en la pandemia. Puede ser el comienzo de una revolución, si no en el mundo de lo artístico, sí en el del mercado. Aunque nunca se sabe hasta dónde pueden llegar los asuntos que se inician de manera tan incomprensible. Quizá también sea el inicio de un cambio sustancial en el mundo del arte. El comprador de la obra –se supo hace días– es el millonario indio Vignesh Sundaresan. La compró –dijo– para demostrar que “la gente de color también puede ser mecenas”.

Qué raro se ha vuelto el mundo.

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