Casi medio siglo de ostracismo, la fallida compra de Michael Jordan y la revancha de los “mercados chicos”: Milwaukee Bucks, campeón de la NBA

admin

21/07/2021

Pasa en cualquier campeonato deportivo. Incluso en muchos sucede con una tendencia mucho más “feroz”: equipos que dominan en base al poderío económico. La NBA tiene algunas herramientas como para intentar “evitar” de algún modo que esto ocurra. Sin embargo, cada vez más estrellas se enfocan en los “grandes mercados”. Pues bien: a ninguno le alcanzó para vencer a los Milwaukee Bucks, que sumaron el segundo título de su historia medio siglo después del primero. Y es un bálsamo para las franquicias “chicas”.

A todo equipo que llega a la liga los primeros años les resultan muy difíciles de sobrellevar. Les pasó a los primeros que lo intentaron, hace más de medio siglo, y a los últimos que se incorporaron, como Toronto Raptors y Vancouver Grizzlies (este último terminó mudándose a Memphis) en 1995 y Charlotte Bobcats en 2004.

Es que hay una realidad: en la NBA también dominan las franquicias más pesadas. No por nada Los Angeles Lakers y Boston Celtics tienen la friolera de 17 títulos cada uno y sus perseguidores, con Golden State Warriors y Chicago Bulls a la cabeza, no tienen más de 6.

Por eso cobra valor esta consagración de los Bucks, una franquicia que, entre las 30 de la liga, la revista Forbes la ubica como la vigésima en términos de valor comercial. Sus ingresos de explotación son de “apenas” 28 millones de dólares anuales: casi nada si se los compara con los 200 que ha generado Golden State.

Milwaukee celebra después de 50 años. Foto AP /Jeffrey Phelps
Milwaukee celebra después de 50 años. Foto AP /Jeffrey Phelps

Tiene lógica. Con cerca de 590.000 habitantes, Milwaukee es la trigésima ciudad más habitada de los Estados Unidos, pero lejos del casi millón para arriba que tienen otras locaciones NBA como San Francisco, Indianápolis, Dallas, San Antonio, Philadelphia, Phoenix, Houston, Chicago, Los Angeles o Nueva York.

Las dos últimas mencionadas son las capitales del básquet profesional estadounidense -al menos en términos económicos- y las grandes estrellas lo han dejado claro en los últimos tiempos. La aglomeración de cracks en esas ciudades ha sido total.

Vale el repaso por los grandes cambios de la última década, que incluso se acentuaron en las temporadas más recientes.

Empezando por LeBron James, que se fue de Cleveland Cavaliers a Miami Heat y luego incluso escaló aun más, a Los Angeles Lakers; Chris Paul y Anthony Davis dejaron New Orleans para irse también a L.A. (Clippers y Lakers, respectivamente); Kawhi Leonard abandonó San Antonio y Paul George Oklahoma para jugar en Los Angeles Clippers; Carmelo Anthony cambió Denver Nuggets por New York Knicks; Kevin Durant dejó Oklahoma City Thunder para irse a los Warriors y más tarde a los Brooklyn Nets; James Harden dejó una vida en Houston para irse a también Brooklyn, mismo destino que eligió Kyrie Irving luego de un paso en falso por Boston tras irse de Cleveland

Hombres de honor

“¡Carajo, no sé por qué alguien querría ser buzo de la Marina!”, entona en una escena ya mítica de la película “Hombres de honor” el magistral Robert De Niro cuando se refiere a todas las dificultades que transita alguien que se entrega a ese cuerpo de las fuerzas armadas.

Bien podría parafrasearse esa línea del guion para preguntar por qué alguien querría jugar para Milwaukee.

Es una ciudad chica, que ni siquiera figura entre las 30 más visitadas de Estados Unidos (donde sí están muchas de las que tienen equipos en la NBA), en la que gran parte del año está nublado, donde el frío castiga con fuerza, que está totalmente eclipsada por Chicago, paraje que a menos de dos horas de distancia en auto es uno de los cinco más elegidos por el turismo local e internacional en todo el país.

El estadio de los Bucks, enclavado en un área que va resurgiendo gracias al equipo. Foto AP/Morry Gash
El estadio de los Bucks, enclavado en un área que va resurgiendo gracias al equipo. Foto AP/Morry Gash

Pero los Bucks nunca dejaron de apostar por sí mismos. Los ayudó el éxito temprano que tuvieron, en gran parte gracias a la fortuna: una moneda que les permitió tener la primera elección en el draft de 1969 para terminar llevándose a un tal Kareem Abdul-Jabbar (historia que se contó en esta nota) en detrimento de… Phoenix Suns.

A aquellos años de éxito, coronados con el título en 1971, les siguieron muchas campañas casi en el ostracismo, más allá de algunas eventuales clasificaciones a playoffs. Hasta 2014.

Ese año Herb Khol, senador por el estado de Wisconsin que había comprado la franquicia en 1985 por “apenas” 18 millones de dólares, la vendió por 550 a Wesley Edens y Marc Lasry. Una década antes se había negado a venderle a los Bucks a Michael Jordan.

A Khol se le puede cuestionar el poco éxito deportivo que mostró la franquicia durante su gestión, pero no el sentido de pertenencia. Fue su llegada la que aseguró la permanencia del equipo en Milwaukee y fue él quien exigió expresamente para venderlo que no se lo mudara de ciudad. Edens y Lasry aceptaron, al poquito tiempo se sumaron como propietarios parciales Jamie Dinan y Mike Fascitelli y dotaron al equipo de una identificación total, haciendo inversiones fuertes que excedieran lo basquetbolístico.

En pleno centro construyeron el Fiserv Forum, un estadio inaugurado en 2018 en un territorio de 12 hectáreas que consideraron vital para desarrollar diversos emprendimientos: allí le dieron vida a lo que hoy se conoce como el Deer District (“Distrito Ciervo”), un barrio que se volvió punto neurálgico para comer, tomar y disfrutar de distintos entretenimientos y que hasta cuenta con el centro de entrenamiento del equipo, como para que tanto los jugadores como los habitantes de la ciudad sientan una simbiosis total. Allí festejaron en la noche de este martes más de 65 mil personas.

El Deer District a pleno, a punto de celebrar el título. Foto Angela Peterson/Milwaukee Journal-Sentinel via AP
El Deer District a pleno, a punto de celebrar el título. Foto Angela Peterson/Milwaukee Journal-Sentinel via AP

El resto fue la gestión deportiva. Tuvo suerte Milwaukee: el historial de elecciones de draft de los últimos años no los tiene como los más avezados del rubro, pero con Giannis Antetokounmpo en 2013 sacaron una gema de esas que aparecen cada muchísimo tiempo, a lo Abdul-Jabbar.

Donde sí hubo buenas movidas fue en la elección de Mike Budenholzer, entrenador que le dio una impronta al equipo, y en la última y decisiva movida: la incorporación de Jrue Holiday, base sin tantas luces como otras estrellas del puesto pero de altísima jerarquía que terminó siendo un diferencial.

Con el griego, sus compañeros, el entrenador y las oficinas de operaciones comprometidos, Milwaukee lo hizo: ganó el segundo título de su historia y, sobre todo, les mostró a los grandes mercados que se puede competir desde la pequeñez y sin hacer demasiado ruido.

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