Coco, sobreviviente de Charlie Hebdo, cuenta su nuevo cómic

admin

11/06/2021

Tiene la frágil sensibilidad de una artista y la convicción de la sobreviviente. Llega con su rodetito en alto, la piel tatuada con los personajes que ama: el conejo Caca Boudin, protagonista de la historieta favorita de su hijo, los trazos inconfundibles de Charb, Tignou y Cabu, sus maestros ilustradores, en el brazo, todos en negro fuerte. Detrás de ella, el personal de Seguridad con el que convive desde que los hermanos Said y Cherif Kouachi, yihadistas franceses de Al Qaeda rama de Yemen, eliminaron a tiros de Kalashnikov a la redacción del semanario Charlie Hebdo, él más irreverente y laico diario satírico del país. Fueron asesinados por publicar las caricaturas del profeta Mahoma. Coco, la humorista gráfica de Charlie Hebdo que salió a la calle a fumar y se encontró con los terroristas, la identificaron y la forzaron a franquear el paso a la reunión de contenidos de la redacción. Ella se salvó y lo cuenta en la impactante novela gráfica Dessiner Encore, publicada por Les Arènes BD.

Todos los azules de Corinne Rey. Sensaciones e imagen subjetiva durante los días más duros del trauma, cuando ni siquiera servía la hipnosis.
Todos los azules de Corinne Rey. Sensaciones e imagen subjetiva durante los días más duros del trauma, cuando ni siquiera servía la hipnosis.

Coco, Corinne Rey. La secuencia de una ola emocional, en la que los sentimientos de culpabilidad se hacen presentes.
Coco, Corinne Rey. La secuencia de una ola emocional, en la que los sentimientos de culpabilidad se hacen presentes.

Los policías la protegen desde ese fatídico 5 de enero del 2015 , a las 11 y media de la mañana en la rue Nicolas Appert, en la Bastilla, que cambió la vida de Corinne Rey, la joven humorista en una redacción de grandes. El terror desatado conmovió al mundo. Dos millones de personas, entre ellas 40 líderes mundiales, participaron en Paris en una marcha de unidad nacional y más de 3,7 millones se unieron a ellos en toda Francia. ”Je suis Charlie”, soy Charlie, eslogan de un grafista, se transformó en símbolo. Los sobrevivientes de Charlie Hebdo eligieron seguir dibujando para defender la libertad: decidieron publicar otra edición, que vendió 7 millones de ejemplares, en seis idiomas. Un contraste con la tirada histórica de 60,000 ejemplares. Era su homenaje a los doce muertos y once heridos y sus familias. Pero especialmente desafió al fanatismo, fue un homenaje a la laicidad y la libertad de dibujar.

Dessiner Encore; Dibujar otra vez. El nuevo cómic sobre la masacre de Charlie Hebdo.
Dessiner Encore; Dibujar otra vez. El nuevo cómic sobre la masacre de Charlie Hebdo.

En  Dessiner Encore (Dibujar de nuevo), dibuja el atentado, esa masa negra de muerte, y su trauma. Enfrenta con su grueso crayón negro y los colores de la vida ese horror y el sentimiento de culpabilidad por haber marcado el código de entrada a la redacción, que los terroristas la obligaron a teclear, bajo apremio de vida o muerte: ”Es Charb o vos”, aludiendo al director de Charlie Hebdo, muerto en el ataque. Una redacción masacrada por la libertad de prensa.

Azul luz, el color de la ilustradora Coco, en oposición al rojo de la muerte.
Azul luz, el color de la ilustradora Coco, en oposición al rojo de la muerte.

Coco, Corinne Rey, dibujar por la vida. Ilustradora de Charlie Hebdo, fue quien les abrió la puerta a los yihadistas que barrieron con la redacción. Nota de Tapa Revista Ñ.
Coco, Corinne Rey, dibujar por la vida. Ilustradora de Charlie Hebdo, fue quien les abrió la puerta a los yihadistas que barrieron con la redacción. Nota de Tapa Revista Ñ.

En el ojo del tsunami interior.
En el ojo del tsunami interior.

Coco perdió a sus amigos y maestros. Volver a dibujar fue su forma de enfrentar el trauma y, al recordarlos, recuperar el sentido de su vida. ”Mostrar las tripas”, como dice ella. O como le dijo el diseñador digital del semanario cuando Coco lo visitó en el hospital, donde se recuperaba: ”No quisiera estar en tu lugar”. Años de terapia, cólera e introspección, y un segundo hijo dieron vida a la testigo que hasta su muerte estará marcada por la experiencia.

El “azul luz” del libro de Coco es la síntesis de una tragedia y una resurrección. El diario intimo del dolor, donde el dibujo alivia y lo sublima. No hay tabúes en él relato de Coco; sus muertos están vivos en ella.

Corinne Rey daba sus primeros pasos en el humorismo junto a los grandes de Francia y ha conseguido una novela gráfica marcado por la obra del japonés Hosukai, cargada de humor, reflexión y testimonio, sin permitirse la piedad. Ella repasa sus opciones en esa escalera interminable que conducía a Charlie , y se pregunta: “¿Y si hubiera llamado a la seguridad? ¿Y si hubiera intentado huir? ¿Y si los hubiera empujado por las escaleras?”.”Tak, Tak, tak” es la respuesta, sobre un inquietante fondo negro. Ella reconoció las Kalashnikov “porque Charb dibujaba tan bien las armas”.

Coco, Corinne Rey, dibujar por la vida. Ilustradora de Charlie Hebdo, fue quien les abrió la puerta a los yihadistas que barrieron con la redacción. Nota de Tapa Revista Ñ.
Coco, Corinne Rey, dibujar por la vida. Ilustradora de Charlie Hebdo, fue quien les abrió la puerta a los yihadistas que barrieron con la redacción. Nota de Tapa Revista Ñ.

Coco se somete a los hermanos Kouachi, yihadistas nacidos en Francia y pertenecientes a la rama Yemen de Al Qaeda.
Coco se somete a los hermanos Kouachi, yihadistas nacidos en Francia y pertenecientes a la rama Yemen de Al Qaeda.

Entretanto, continúa en la redacción de Charlie Hebdo la habitual reunión de sumario del staff. Eran las 11:30 de la mañana en la rue Nicolas Appert, en la Bastilla,
Entretanto, continúa en la redacción de Charlie Hebdo la habitual reunión de sumario del staff. Eran las 11:30 de la mañana en la rue Nicolas Appert, en la Bastilla,

Coco, tres momentos del ascenso por la escalera, amenazada por los yihadistas.
Coco, tres momentos del ascenso por la escalera, amenazada por los yihadistas.

Hoy Coco reemplaza a un gigante de la ilustración, Willem, quien se jubiló a los 80 años como humorista del diario Libération. Es la primera mujer humorista del diario de la izquierda francesa.

Nadie conoce la dirección de Charlie Hebdo ni dónde vive Coco. Desde el ataque la redacción fue blindada; se mantiene una seguridad pretoriana del Estado y otra privada, que financia Charlie Hebdo con la ola de donaciones recibidas.

Discreta y silenciosa , Coco llegó a St Germain de Prés para la entrevista. Una hora y media de diálogo, silencios y defensa de la libertad y la laicidad a la francesa.

–¿Cómo has encontrado la fuerza para volver a dibujar después del atentado?

–No sé si encontré la fuerza. Pero en todo caso era la única posibilidad, un reflejo de supervivencia. Tras el ataque, el shock traumático era tan fuerte en mi cabeza que volver a hacer el periódico fue no solo una necesidad colectiva, sino también individual. Porque yo ya tenía un reconocimiento por mis colegas dibujantes que partieron. Pero también porque interiormente no conseguía dejar de pensar el atentado.

–¿Dibujar era la mejor terapia?

–Un apoyo sólido, digamos, para revivir. Después con el trauma uno vive… Seguirá ahí hasta el fin; hay momentos en que no puedo respirar, es aleatorio. Pero después de todos estos años, he avanzado por etapas. Cuando uno tiene una pasión y un compromiso, dibujar es la respuesta política a un crimen político.

–¿Y cómo fue tu primer dibujo? Esa post-experiencia. Fue rápido, ¿no?

– Tras el atentado hice un reportaje durante la primera manifestación, el 10 de enero. Fui. Y es verdaderamente un recuerdo muy singular. Nadie me conocía; yo era una joven dibujante de Charlie, pero no era una cara importante. El 10 de enero de 2015 me encontré en medio de una multitud. Yo preguntaba a la gente cómo habían vivido esa tragedia; fue raro porque yo no decía quién era. No quería influir en la gente y tampoco quería…

–La piedad…

– Claro, piedad no… Imagínese en ese momento, sobre todo dos días después del atentado, el cansancio. Pero así y todo, fui. Sentía que estaban en la calle para defender la libertad de consciencia. El hecho de que seamos un país laico: se puede criticar la religión, respetando las creencias.

–¿Te ayudaba un terapeuta?

–Sí, no funcionó. Yo era escéptica, eso no era para mí. Sé que para otros sobrevivientes de Charlie funcionó. No sabría decir por qué pero la hipnosis no llegaba... Y después creo que en ese momento no estaba preparada; no tenía confianza, así lo cuento en el libro. El terapeuta era demasiado vigilante; me hablaba de Afganistán y los soldados, y yo no me sentía parte de eso. Y su sonrisa me molestaba.

-¿Y cómo saliste del trauma?

–El atentado se convirtió en una espiral. No podía salir de allí salvo mediante el trabajo. Dibujar me ayudaba. Pero eso hacía que el problema volviera, porque una vez que terminaba de dibujar todo volvía en un círculo infernal. No podía dormir, sentía que me hacía falta otra ayuda. Después empecé a descarrilar, entraba en raptos de cólera. Cuando uno está así, hay una violencia incontrolable dentro de uno. Y encontré a este psicoanalista de París Aide Aux Victimes (París ayuda a las víctimas). Esta estructura ayuda a todo tipo de víctimas pero después de 2015 recibe a casi 1800 víctimas de atentados diversos, el de Barcelona, Niza, Estrasburgo, en Bélgica, el aeropuerto. Conocí a este hombre, que no tenía muy buena pinta pero me hablaba más tranquilamente. Fue calmo, un “cara a cara”, sin esa exuberancia de la sonrisa, Afganistán y los soldados.

-En el libro decís: “Mi obsesión era haber abierto la puerta a los terroristas”. Podría haber sido otro. ¿Esa redacción no estaba condenada de antemano por los yihadistas?

-No lo veo así. Nosotros siempre hicimos nuestro trabajo en todo nuestro derecho: dibujamos sobre todo los temas de actualidad, con nuestros derechos en Francia. En el derecho francés no hay delito de blasfemia. Como decía hace un rato, podemos criticar las religiones, no es para nada un problema en Francia. Y cuando lo hacíamos, era de manera natural, como podíamos criticar acciones de políticos y opinar sobre un abanico de temas. Charlie siempre fue un medio para la libertad, que se daba el derecho de reírse y pensar sobre todo. Los yihadistas iban a encontrar cualquier motivo para atacar esas libertades. No es para nada el mismo modelo de sociedad que en Francia; hablamos de una sociedad libre y del otro lado, una totalitaria. Está claro que no es para nada lo mismo. Lo más difícil de tragar es que haya sido después del incendio, tras la caricatura de Mahoma en 2012, como lo recuerdo en el libro. Llega un momento en que los políticos no tienen la valentía de defender la caricatura y decir: “No, Charlie Hebdo no provoca. No se la está buscando. Es un medio satírico, que está en todo su derecho de criticar y defender la caricatura”. Eso es lo que debían haber hecho los políticos porque en un diario satírico el derecho a la crítica es natural.

– ¿Sentiste que Charlie Hebdo se quedó solo?

– Sí, totalmente. Al final, incluso en 2009 y 2014, el diario casi cierra por falta de lectores y suscripciones. No podemos hacerle cargar a Charlie la camiseta o el símbolo demasiado pesado de la libertad. La libertad de expresión es para todos. Es cansador; me horroriza el birrete de combatiente por la libertad de prensa, Entonces, ¡vamos!… Lo único que puede poner un límite a esa libertad es el cargo de difamación.

–¿Pensás que hay una diferencia entre la libertad de expresión y la herida que causamos en las creencias de los demás?

– Esa herida es una trampa… Si pensamos en la ofensa a este o a aquél, matamos la libertad de expresión. No podemos tener en cuenta cada individualidad cuando hacemos un dibujo. Tenemos un ejemplo así en Charlie. Vamos a hacer pedagogía en las escuelas, con una asociación que se llama Dessinez, créez liberté (“Dibujá, creá libertad”). Armamos esta asociación después del atentado, al recibir muchísimos dibujos de niños. Algunos cuestionaban la libertad de expresión, y los había también racistas. Teníamos una herramienta pedagógica para decir: “Esto lo pueden hacer porque el profeta es un mito y un mito se puede dibujar”. Para decir: “Esto no va porque al hacer esto están insultando a los creyentes y los creyentes son personas y no tenemos derecho de injuriarlas y eso sí está en la ley”. Y muy seguido les decimos a los niños que, si tenemos en cuenta las heridas de este o aquel, no vamos a poder dibujar ni la carne picada porque será carne de vaca o de ternero y la vaca es sagrada en India... Nosotros no tenemos que respetar las religiones pero sí a los creyentes, sin someternos a una religión si no creemos en ella.

–Me incomoda hacerte esta pregunta. ¿Qué recuerdos tenés de ese momento, cuando abriste la puerta de la redacción? “Es Charb o vos”.

–Traté de formularlo en el libro de una manera púdica. No sé si la sensación de culpa se me va a ir un día pero la siento menos. Es raro porque no hay otros culpables más que los terroristas que hicieron eso. Cuando estás traumatizado, no lográs pensar ese hecho. Yo no quise mostrar el horror de la escena de la redacción, sino que pudiéramos verlos vivos en el libro, dibujando, pensando. Para mí el 7 de enero conserva detalles híper precisos. Si bien después perdí la memoria, ese día permanece vívido…

–Y en tu libro los terroristas están dibujados como fantasmas…

– Para mí eran figuras, más bien. Pueden ser interpretados de diferentes maneras. Para mí eran figuras de muertos, negras y anónimas. Pero los que tienen pasamontañas son muy reales. Para mí eran figuras de determinación y muerte. Era eso lo que quería decir…

"Los yihadistas iban a encontrar cualquier motivo para atacar esas libertades", sostiene, ante quienes dicen que la revista se excedió en su crítica al islam.
“Los yihadistas iban a encontrar cualquier motivo para atacar esas libertades”, sostiene, ante quienes dicen que la revista se excedió en su crítica al islam.

Coco, Corinne Rey. "Queremos a Charb", en referencia al director de la revista, luego asesinado. "Para mí, los atacantes no son fantasmas sino figuras de la muerte", cuenta hoy.
Coco, Corinne Rey. “Queremos a Charb”, en referencia al director de la revista, luego asesinado. “Para mí, los atacantes no son fantasmas sino figuras de la muerte”, cuenta hoy.

–¿Y ese azul, las olas a lo Hokusai?

–En cierto momento es un azul que me hiela. Los sentimientos de estupor ante el terror son de un azul claro. También está la ola azul del trauma que te sumerge. Y el azul es por oposición al rojo de la sangre y la muerte. Esas emociones estaban conmigo, han sido el motor de una lucha interior. Se llama azul luz.

– Dijiste: “No hay otro responsable que los terroristas”. ¿Cómo encontraste esa respuesta?

-Porque pude poner distancia entre el trauma y yo misma. Porque éramos inocentes, nosotros dibujábamos, estábamos en nuestro derecho. Nunca pasamos por encima de la ley. Si lo hubiéramos hecho, para eso estaban los Tribunales, el periódico ya había tenido juicios. Nunca sentí que fuéramos culpables de nada. De hecho, esto me deja cierta sensación de desperdicio. Supe hasta qué punto éramos inocentes, antes, durante y después del atentado. Cuando algunos decían que nos la habíamos buscado, éstos también eran culpables. Decir que Charlie  “se la había buscado” equivalía a legitimar la acción de los yihadistas. Hay que dejar de buscar culpables más allá de la ideología islamista.

–¿Y después de la tragedia, de dónde te viene la fuerza para reír e ironizar?

  • Es verdad, pero Charlie es casi un estado de ánimo. Por momentos uno se deprime, pero después, cuando uno dibuja, es una manera de conjurar todo y trascender la tragedia. Como usted sugería, uno puede ponerse de pie mediante la risa. El mundo no cambia, sigue igual, pero hay cosas que hacen que uno esté mejor.

-¿Y hoy cómo elegís los temas en Charlie?

  • Cuando hacemos las tiras somos muy autónomos. Elegimos nuestros temas en las reuniones de redacción. A veces lo encontramos juntos. La actualidad es un pozo sin fondo de ideas y reflexiones. Después hay temas sobre los que es más fácil imaginar el dibujo. Por ejemplo, el tema económico encuentro que siempre es más difícil pues es abstracto. A mí me gusta dibujar a Jesús, por ejemplo (se ríe), es tonto pero…

-¿Y por qué?

-No sé. Me gusta como personaje, lo encuentro divertido: el flaco en la cruz, ahí… Jesús fue mi primera tira cómica en Charlie.

-¿Cómo viste la frase de “Je suis Charlie”?

–En 2015 me hizo bien. Antes del atentado teníamos la sensación de estar un poco solos, y de golpe todos eran Charlie. A nosotros no nos pertenecía el “Je suis Charlie”. Fue un grafista que lo hizo; no pensó que iba a resonar en el mundo entero Por otra parte, fue un fenómeno muy variado. Unos estaban ahí por la libertad, otros para defender los valores republicanos, otros para decirles no a los terroristas. Existió, fue hermoso. No no quiero pensar en dónde quedó Je suis Charlie. Hoy no pasaría nunca…

El método Cabu

– Hablás del método Cabu para dibujar. ¿Cómo es? ¿Él fue tu gran maestro?

–Sí, y para muchos. Cabu era la generosidad, era fácil acceder a él, siempre amoroso, siempre te decía que sí, siempre ahí. Podía ayudar a una joven como yo o a los más viejos, que esperaban que Cabu les hiciera la caricatura de un nuevo personaje político para poder después hacerla. Tenía inteligencia y también finura. Cabu decía que “el dibujo es una piña en la jeta pero con una mano de terciopelo”. Es verdad que hay ciertos dibujos de Cabu que son finos, a veces fuertes y otras, divertidos. A mí me encantaban todos los estilos de Cabu. Era un modelo, un ejemplo de militante también. Él tuvo una carrera increíble. ¡Cabu dibujaba todo el tiempo! Era conocido por dibujar en su bolsillo (risas). Podría haber tenido un ego enorme, pero era siempre humilde.

Coco, como decía su maestro: "Dibujar es una piña en la jeta pero con un guante de terciopelo".
Coco, como decía su maestro: “Dibujar es una piña en la jeta pero con un guante de terciopelo”.

–¿Sentís que después del atentado hay una nueva madurez en vos? Que viene del dolor, de la suerte que tuviste en seguir viva, de tu segundo bebé, que viene de todo eso, porque al final todo ha cambiado en tu vida?

–Sí, es verdad que ha cambiado. No puedo ver la vida de la misma manera, a veces es un poco duro. Hoy en día sé la suerte que tuve de seguir con vida, y al mismo tiempo ,cuando me siento un poco demasiado viva, me viene un poco todo eso. Es duro, a veces hay una especie de dualidad en mí, hoy en día, que no tenía antes. Es esa pérdida de la despreocupación, pero al mismo tiempo, la conclusión es siempre decir: “Bueno, tengo la suerte de estar viva”. Hay que saber para qué se vive, también, y después tratar de hacerlo lo máximo posible. También por los chicos.

-¿Te sentís en deuda con todos los demás?

–Sí, eso es un poco duro, es verdad. No sé si es una deuda. Pero…

-¿Cómo llegaste a París?

– Fue una escuela de la vida. Llegué a París porque estaba en Bellas Artes y un profesor que , veía mis dibujos un poco humorísticos, un poco “trash”, enervados, me dijo: “Deberías hacer una práctica en Charlie”. Y yo no conocía bien el periódico. Leía historietas, a Franquin y Gaston Lagaffe, conocía a Cabu por Récré A2. Cuando llegué a Charlie, pufff… Yo, que dibujaba siempre sola y hacía reír a mis amigos con mis dibujos, vi enseguida que en el diario había un multiplicación; podíamos hacer reír a los lectores y reír entre nosotros, y también estaba ese costado del dibujo comprometido.

–¿Cuándo estás frente a la hoja en blanco o en la computadora, cómo empezás?

– Es difícil de explicar. Por ejemplo con el diario Libération, todos los días tengo que hacer dibujos. Y no propongo uno solo. Propongo varios porque a veces hago sobre distintos temas. Trato de no prohibirme nada. Trato de hacer que no esté rengo. 

–¿Y el retrato? ¿Por dónde empezás; la nariz, la cara?

– Para la caricatura, siempre tomo el consejo de Cabu. Un consejo eterno, que debe ser transmitido entre dibujantes: empezás por los ojos, la mirada. Una vez que tenés la mirada, tenés el cincuenta por ciento del dibujo. Luego la nariz; ahí ya está todo.

–¿Hay un método para hacer una tira que sea bien contemporánea, una diferencia entre el método del siglo pasado y este?

– Es mucho más transgresor (se ríe)… También el mundo ha evolucionado. A veces la actualidad es violenta, y uno quiere ser más violento que ella. Pero no sé si hay que ser más violento. A veces hay que tratar de no tomarse tan en serio y al mismo tiempo hay tantas maneras de hacer tiras cómicas. Hay algunos que hacen cosas bastante autodidactas en este metier. No hacen tantas caricaturas, están más bien en la idea, por ejemplo, mix y remix.Yo siento que si no hago caricaturas políticas, no soy una buena historietista, porque una herramienta de base es la criticar de las acciones políticas.

–Pero ahora reemplazás a un gigante de Libération, Willem. ¿Cómo te sentís?

– Ni más ni menos. Como en Charlie, trato de ir como soy yo, sin poner presión, Incluso llegar después de Willem es duro, porque él es magistral. Es muy bueno en su estilo sintético. Cuando él llegó a Libération tenía 40 años, yo tengo 38. Cuando se jubiló, me dijo: “Te dejo Libération por los próximos 40 años”. Espero que me vaya bien…

– Por primera vez hay una mujer.

– Es verdad.

– ¿ Qué rol tienen las redes sociales en la caricatura?

– Ninguno. Yo creo que le damos demasiada importancia a las redes sociales. Son a la vez una herramienta formidable de expresión y comunicación. Y el lugar donde encontramos los peores horrores que existen, insultos, violencias, acosos digitales. 

– ¿Charlie Hebdo ha cambiado el último año? ¿O todo continúa así, con el director, con la dinámica,la seguridad?

– Charlie ha cambiado como cualquier periódico lo habría hecho después de una tragedia semejante. Y además, Charlie es un poco un espejo de la sociedad del mundo. Entonces como la sociedad es más violenta, siento que Charlie es un poco más duro que antes. Es normal. Charlie responde a la actualidad tal como es. A veces la supera, a veces se apega a la realidad. Charlie hoy en día es tal vez más político, me parece, sí.

– ¿Ha cambiado Francia, especialmente después de los atentados? ¿Está más dividida?

–Creo que la izquierda está más dividida que Francia… Hay una suerte de fractura en la izquierda, que hace que uno tenga la impresión de que hay una izquierda republicana, y que hay otra más comunitarista y bajo el velo del anti racismo permite todo tipo de intervencionismo, y calcada de los norteamericanos, la cultura de la cancelación. Yo no estoy para nada a favor de ese modelo de pensamiento. Soy universalista, todo ese comunitarismo me disgusta.

-¿Y la laicidad? ¿Cómo interpretás la laicidad? Hay una polémica importante sobre la laicidad.

-No, no es una polémica. No hay que tener vergüenza de defender la laicidad; es un modelo que muchos países nos envidian. Es el único modelo que es justo para los creyentes y los no creyentes. Para mí es la neutralidad del estado, es la libertad de conciencia, y después, la posibilidad de respetar las creencias y poder criticar las religiones. Poner a todo el mundo en pie de igualdad, digamos. Yo no me veo haciendo un dibujo sobre la religión católica y no haciendo un dibujo sobre la religión del islam. Además siento que estaría discriminando. Si quiero criticar la religión, critico todas las religiones. Los creyentes tienen derecho a creer. Pero yo tengo el derecho de criticar el dogma y el pensamiento. Hay muchísimos creyentes que son laicos, que están muy integrados en la sociedad francesa y no se habla de ellos y creo que no hay ningún problema.

– ¿Cómo te sentís con los musulmanes?

– Yo dibujo sobre todos. Los musulmanes forman parte de nuestra democracia francesa .

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