Color, color, color: Marta Minujín volvió a los colchones, pero en versión flúor

admin

08/04/2021

“Es un templo todo esto, ¿no? Tiene su carácter sagrado”. El comentario sale de la boca de una señora que, sentada en un silloncito de uno de los livings que ambienta la sala de exposiciones de la planta baja, toma un café y observa con sorpresa el marco del evento: periodistas que revisan sus apuntes; camarógrafos agazapados a la espera de visitantes ilustres; funcionarios y directivos dialogando en pequeños círculos. No estamos en ningún templo sino en la inauguración de Implosión!, la muestra de Marta Minujín en la Fundación Santander. Una suerte de revolución del color.

En la manzana donde se levanta este edificio flamante –en la esquina de Paseo Colón y Juan de Garay— operan las oficinas centrales de un banco. En el mismo lugar, hasta hace no mucho tiempo funcionó una universidad. Y antes de eso hubo allí una fábrica, la de los famosos cuadernos “Gloria”.

En la actualidad, la Fundación forma parte de uno de los puntos que integran el Distrito de las Artes, un área que comprende los barrios de San Telmo, Barracas y La Boca. La esquina está casi irreconocible, pero por algún motivo, conserva cierta mística “del Bajo”.

"Implosión!", de Marta Minujín, en la Fundación Santander, en La Boca. Foto Juano Tesone
“Implosión!”, de Marta Minujín, en la Fundación Santander, en La Boca. Foto Juano Tesone

En la entrada de la muestra reluce una gigantografía con el nombre y el apellido de la artista escrito en imprenta mayúscula. Entremedio de esas, sus dos palabras, la ilustración de la cabeza gigante de una Marta Minujín que no luce sus icónicos anteojos modelo “aviador” sino una variante futurista.

La imagen parece una metáfora de la modernidad encarnada en una artista que permanentemente se renueva. La propuesta de Minujín es un grito pop –moderno e irreverente– al que la artista le arrancó el signo de apertura de la exclamación.

Implosión! es una explosión hacia adentro, que se manifiesta a través de síntomas: no poder dormir, quedarse en la cama, tenemos sueños… Pero siempre desde un costado alegre, porque soy pop por naturaleza. Siempre color, color, color… y movimiento”, afirma.

La muestra está compuesta por tres obras: Conceptos entrelazados, una escultura blanda –fluorescente y multicolor– hecha de colchones y complementada con cuatro espejos en las aristas; Arte inmersivo, un habitáculo de cuatro metros por cinco, en cuyo interior se proyectan imágenes en 3D de la escultura blanda, acompañadas de la deformación de una melodía del compositor minimalista Philipp Glass; y Autorretrato mediático, una enorme escultura en hierro y neón con activación digital, situada en la terraza del predio, al aire libre. 

"Arte inmersivo", de Marta Minujín. Foto Juano Tesone
“Arte inmersivo”, de Marta Minujín. Foto Juano Tesone

Marta Minujín, pionera de los happenings y del arte de performance, es sinónimo del entorno intelectual del Torcuato Di Tella, aquel emblemático instituto que en los ’60 fue un semillero de artistas de vanguardia.

Es también una artista consagrada en el exterior y una de las exponentes más reconocidas del ámbito local. Pero sobre todo es una artista infatigable, que a sus 78 años no detiene su motor creativo.

“Como artista siempre salí a la calle. Nunca me quedé encerrada. Y siempre fui al encuentro de la gente, para preguntarle y saber qué impacto tiene mi obra”, subraya.

En la actualidad, expone en el Museo Nacional de Bellas Artes, Pandemia, una obra realizada durante el período del aislamiento, que a través del color gris da cuenta de la emergencia sanitaria mundial y el monótono paso del tiempo.

Marta Minujin y su "Autorretrato mediático". Foto Juano Tesone
Marta Minujin y su “Autorretrato mediático”. Foto Juano Tesone

Implosión!, la exposición del Santander vendría a ser algo así como la contracara. Se ha dicho: aquí el protagonista es el color. Y los colchones.

Marta Minujín es una de nuestras artistas más relevantes. Tiene una enorme capacidad de sorprendernos por su audacia y curiosidad, alguien que no le tiene miedo al miedo, que está siempre empujando los bordes, explorando, y por lo tanto inspirando siempre a otras personas”, reconoce Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la Ciudad.

La vida blanda

“Su vida es una película que tendría que ser filmada”, apunta Guillermo Tempesta Leeds, vicepresidente de la Fundación Santander Argentina. Sus palabras parecieran estar cargadas de verdad al escuchar el testimonio salido de la propia boca de la artista.

“En 1963 estaba en París. Había viajado gracias a una beca y vivía en un departamento de la rue Delambre que tenía agua pero no tenía calefacción. Para no congelarme armé una carpa de nylon y un día llevé mi colchón ahí adentro. Y ése fue el origen de los colchones en mi obra”, explica Minujín.

Sin embargo, un año antes, en 1962, en una exposición en la Galería Florida, había incluido en la muestra el colchón de su cama fijado en una estructura de cartón, donde se leía “Hay que hacer algo, hay que sacudir un poco o un mucho a este ambiente antes que nos trague a todos en la grisalla de su indiferencia, de su derrotismo, hay que afirmar la vida”.

Sería el inicio de un elemento que formaría parte de su obra en adelante. Como en Revuélquese y viva, su exhibición en el Di Tella; o The soft gallery, donde cubrió la Harold Rivkin Gallery , de Washington con 200 colchones usados, obtenidos del Cairo Hotel, un edificio tomado que había sido desalojado por la policía.

“En los colchones pasamos más de la mitad de nuestras vidas. Nacemos, dormimos, hacemos el amor. Y hasta nos pueden matar”, señala esta mujer que en su obra desgrana ideales de los ’60 –su década–, aquella donde se respiraba amor libre, psicodelia y libertad.

Entre aquellos colchones y estos hay, sin embargo, una diferencia fundamental. Lo que resalta de los 63 almohadones acolchonados y amorfos que componen Conceptos entramados, la escultura del 2021, no es tan solo el color sino la idea de fluorescencia, un componente que en esta muestra vienen a querer actualizar formas y estructuras con las que ya venía trabajando hace años.

En los colchones no solo resalta el color, sino la fluorescencia. Foto Juano Tesone
En los colchones no solo resalta el color, sino la fluorescencia. Foto Juano Tesone

“Los colores flúo son un invento de esta época. Si bien hay antecedentes milenarios en el arte, a partir del oro o lo brillante lo fluorescente es distinto”, comenta Minujín.

Al respecto, el curador y especialista en arte Rodrigo Alonso señala que “al principio, los colchones eran objetos que le permitían incorporar un elemento de la sociedad de consumo en sus obras, como lo estaban haciendo otros creadores –los llamados artistas pop—, en el mundo”. Pero agrega que poco a poco, “se transformaron en una representación de la vida misma”.

Precursora del arte digital

La instalación blanda se continúa en Arte inmersivo, una experiencia sensorial donde Minujín trabajó con el video y la proyección, dos plataformas que también la cuentan como precursora.

Quien visita la muestra debe ingresar a un habitáculo de techos altos, de cuatro metros por seis, donde en la totalidad de las paredes se proyectan imágenes que reproducen las formas y los colores de la muestra hecha con colchones.

Las imágenes giran a gran velocidad, se retuercen, por cada una de las paredes blancas, dando la sensación de que uno habita una suerte de “habitación pantalla”.

"Conceptos entrelazados", de Marta Minujín. Foto Juano Tesone
“Conceptos entrelazados”, de Marta Minujín. Foto Juano Tesone

Arte inmersivo son los colchones aumentados. Y acompañados por la música de Philipp Glass, un compositor cuya música me encanta. Por eso tomamos un fragmento de una canción y lo repetimos durante tres minutos, lo deformamos. Es fue la idea”, afirma la artista.

“Es una especie de galería blanda virtual, en cuyo interior la piel de los colchones se ha transfigurado en una experiencia audiovisual y lúdica que implosiona en su cuerpo y sensibilidad”, comenta Alonso. 

“Implosión! es una explosión hacia adentro, que se manifiesta a través de síntomas: no poder dormir, quedarse en la cama, tenemos sueños… Pero siempre desde un costado alegre, porque soy pop por naturaleza. Siempre color, color, color… y movimiento”

Marta Minujín

Artista

A la última parada de la muestra se accede a través de una terraza al aire libre, donde se levanta una enorme cabeza de la artista hecha con hierro pintado de dorado.

Allí sí luce sus gafas características, que se iluminan a través de tubos de neón activados digitalmente. Pero la cosa no termina allí ya que la experiencia supone una interacción con el visitante, que al escanear un código QR y completar una suerte de “auto-test” con preguntas sobre el siglo XXI que le darán como resultado su “autorretrato mediático”.

“La propuesta de Marta es un nuevo formato para un desafío recurrente: dejar de lado hábitos y rutinas mentales para sumergirnos sin reflexiones en lo que el arte tiene de liberador”, concluye Alonso.

PC

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