Comer y beber a ciegas, una experiencia sensorial diferente

admin

10/09/2021

El universo sensorial del hombre contemporáneo es muy distinto al que poseían sus antiguos ancestros. Tacto, gusto y olfato fueron, desde siempre, aliados formidables para diferenciar y reconocer a los alimentos. Hoy en día esa función se encuentra en una etapa de transición. Las cosas cambiaron abruptamente en los últimos 150 años.

Muchas de las comidas que se consumen en la actualidad son tratadas, procesadas, porcionadas, pasteurizadas, a veces precocinadas, deshidratadas, refrigeradas, congeladas, etiquetadas y selladas antes de su venta e ingesta. Procesos industriales que en muchos casos se suman entre ellos y que alejan a los alimentos de su esencia primordial, mutilándolos de sus aromas y sabores originales.

El delivery de Teatro Ciego: la propuesta es abrir y probar la comida con antifaz.
El delivery de Teatro Ciego: la propuesta es abrir y probar la comida con antifaz.

Olfato y paladar están recibiendo menos información organoléptica. Perdieron agudeza y capacidad de reconocer. Se atrofiaron. Como si esto fuera poco, los sentidos del hombre moderno están “distraídos” por estímulos diferentes.  

El actual bombardeo visual y auditivo obliga al mecanismo de percepción del cerebro a levantar barreras protectores para limitar los efectos de los ruidos y de las luces artificiales que proliferan en el día a día. Es una defensa que tiene sus costos.

Probar la comida sin el auxilio de la vista -envueltos en un mundo de palabras y sonidos- es una situación que desencadena emociones y sensaciones que parecían olvidadas.

La percepción se vuelve más selectiva. Se concentra en las necesidades del momento. Los sentidos funcionan de otra manera. Están distraídos por señuelos a los que destinan mucha energía penalizando sus funciones primitivas.

¿Cuántas veces se huele “algo” familiar pero es difícil reconocer su olor y asociarlo con exactitud a un alimento o plato? Pasa con frecuencia. Es uno de los efectos colaterales que indican que una parte del sistema de percepción está confundido.

Le cuesta conectar con eficiencia los olores y sabores a los alimentos y a la memoria. Volver a los sentidos primarios, entrenarlos, disfrutar de la percepción plena y despertar instintos atrofiados son asignaturas pendientes necesarias para una vuelta a una vida más auténtica.

Oler y probar sin ver: una cata literalmente a ciegas. Foto: Teatro ciego.
Oler y probar sin ver: una cata literalmente a ciegas. Foto: Teatro ciego.

En el año 2008, Gerardo Bentatti y Martín Bondone inauguraron el primer teatro ciego de Argentina. Un ámbito en el cual las obras se desarrollan en la más absoluta oscuridad.

Un gran desafío para el sistema de percepción de los espectadores, ya que la necesidad de compensar la ausencia visual requiere de la ayuda de los otros sentidos involucrados en la situación. Con el tiempo, la fórmula fue ampliando sus horizontes hasta llegar al ámbito gastronómico.

Cómo se disfruta una cena “a ciegas”

¿Por qué no organizar cenas sin el auxilio de la vista? ¿Por qué no utilizar el contexto para generar una experiencia en la cual alimentos, sonidos, voces y música se entremezclan y se conectan con el oído, tacto, gusto y olfato de una manera sorprendente e innovadora? Esa idea disruptiva se transformó, en muy poco, tiempo una realidad exitosa.

El año pasado, la imposibilidad de realizar las cenas presenciales impulsó la creación de una caja que incluye las comidas (elaboradas por Gastón Barba y Verónica Roda) y los elementos necesarios para reproducir la experiencia en casa. Una muy buena oportunidad para vivir una noche diferente.

Para la degustación a ciegas se recomienda estar a oscuras o cubrirse los ojos.
Para la degustación a ciegas se recomienda estar a oscuras o cubrirse los ojos.

Se trata de una secuencia de pasos guiados (que hay que realizar sin iluminación y con antifaz para dormir) y pensados con muy buen criterio. La comida se fusiona con un mecanismo participativo (es imprescindible disponer de un teléfono móvil y auriculares) creando una vivencia interactiva que atrapa a los participantes durante los 45-50 minutos necesarios para realizar la degustación.

Probar la comida sin el auxilio de la vista -envueltos en un mundo de palabras y sonidos- es una situación que desencadena emociones y sensaciones que parecían olvidadas.

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