Cómo evitar la inercia de una inflación cada vez más alta

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04/09/2021

Por

Carlos Pérez

Director Coordinador de la Fundación Capital

Sin margen de maniobra, ese fue el título del último desayuno “virtual” ofrecido por la Fundación Capital a mediados de agosto. Cuatro palabras que dejan en evidencia, que de mantenerse la dinámica económica actual, el proceso iterativo de inflación–devaluación sería inevitable y el parecido con las décadas de los ’70 y ’80 del siglo pasado, resultaría cada vez mayor y por supuesto que esto empeoraría aún más la situación de la Argentina.

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Está claro que tanto la Comunicación del Banco Central (BCRA) A 7327 (mediados de julio), como la A 7340 del 12 de agosto, ambas restrictivas, buscan mantener la política cambiaria oficial de retraso significativo, minimizar la segura pérdida de reservas internacionales netas y acotar la brecha cambiaria de los dólares financieros regulados, hasta las elecciones de medio término. No será gratuito, ya que será a costa de más restricciones a las importaciones, de múltiples tipos de cambio y con una demanda de dinero amenazada. Si bien las reservas internacionales netas en la actualidad están en los US$10.000 millones ahora y hasta fin de año habrá pagos a organismos Internacionales por aproximadamente US$5.000 millones, más otros US$1.000 millones de intervención del BCRA en el mercado de cambios. Del lado de los pesos, ya son muchos y la renovación de la deuda pública en moneda doméstica vino por debajo del 100% durante agosto, lo que pone más presión en el BCRA para cubrir las necesidades de financiamiento del Tesoro Nacional, aumentando la proyección de emisión monetaria a 1,5 billones de pesos para todo el año 2021, con pasivos monetarios del BCRA en 8,5 billones de pesos hacia fin de año y una cobertura con reservas internacionales netas menor al 5% del total de pasivos monetarios de la autoridad monetaria, lo que representa un riesgo cambiario creciente y elevado, principalmente cuando el análisis cambiario se lo hace desde el punto de vista financiero. Si bien, teniendo en cuenta el comercio exterior, el tipo de cambio real multilateral presente está en línea con el promedio histórico de los últimos 20 años, si se pone el foco en el período 2003/11 (que fue una etapa de gran acumulación de reservas internacionales y cuando hubo un verdadero mercado único y libre de cambios), el valor actual debiera subir aproximadamente el 40% para alcanzar el tipo de cambio promedio de esos 8 años.

La política económica de hoy es similar a la del período 2011/15, es más este año 2021 es análogo al 2013 en lo político: elecciones legislativas y gobierno nacional peronista. Pero en lo económico, el presente año no es parecido al 2013, ya que 8 años atrás en el BCRA había reservas internacionales netas, ahora son muy exiguas. Este 2021, en lo económico, se parece al 2015, año previo a un fuerte cambio de precios relativos en la economía argentina.

El otro riesgo, cada vez más alto, es el inflacionario. Por un lado, es evidente la elevada dispersión existente entre los componentes de los precios minoristas y también las diferencias entre los índices de precios. Sin duda que esto implica más inflación futura. A julio de 2021, mientras las prepagas, Internet, transporte público en el GBA y electricidad/gas subieron en torno al 20% anual, el nivel general del IPC subió más del 50%; en tanto que las variaciones interanuales de combustibles y vehículos superaron el 70%. Además el aumento interanual del IPC rondó el 50%, mientras que los precios mayoristas y costos de la construcción tuvieron incrementos en torno del 65%. Por otro lado, las decisiones de política económica fogonean la inflación del año 2022, sea a través de una política cambiaria de retraso significativo y también por una política monetaria expansiva (más de 1 billón de pesos de emisión en el segundo semestre de 2021) con tasas de interés reales negativas para los ahorristas.

Lamentablemente, desde el año 2007 la Inflación volvió a ser un grave problema, persistente y creciente. Entre el 2007 y 2013 se situó en el 20%, promedió el 40% durante el 2014/21 y tiene fundamentos sólidos para subir al escalón del 60%, desde 2022.

En estos días, presenciamos discusiones lamentables. Que es mejor deuda en pesos que deuda en dólares; que es mejor la emisión monetaria que el endeudamiento público. Es todo malo, cuando se hace uso y abuso. El abuso de endeudamiento, cuando no hay voluntad de financiamiento nos lleva al default, es rápido el deterioro; el abuso de emisión monetaria no produce default, ya que no se pueden rechazar los pesos, pero si produce inflación creciente, es más lento el deterioro, pero mucho más profundo, tanto en inversiones reales, como en actividad económica. Lo que nos está pasando desde hace más de una década es que no tenemos crecimiento económico, porque la inflación es muy alta, aunque mucho más baja que en las décadas de los ’70 y ’80. Y el proceso que estamos transitando nos lleva a esas décadas del siglo pasado, si no se implementa un plan económico responsable. Por lo tanto es imprescindible destruir este proceso iterativo de inflación – devaluación, que con menor nominalidad que en los ’70 y ’80, deteriora mucho más la tan necesaria actividad económica de la Argentina.

Acuerdo con el FMI: necesario; ¿será suficiente?

Con reservas internacionales netas proyectadas a fin de año menores a los US$4.000 millones y vencimientos por más de US$5.000 millones en el primer trimestre del año 2022, se vuelve necesario un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo más pronto posible. Necesidad mata convicción.

Cuando repasamos acuerdos de países (Egipto, Angola, Nigeria) con el FMI, que tenían brecha cambiaria previa, notamos que se firmaron con una brecha bastante más reducida que la que hoy tiene la Argentina, del orden del 80%.

El otro aspecto relevante del necesario acuerdo de Argentina con el FMI, es su efectivo cumplimiento y su calidad, para que el mismo sea suficiente; y así nuestro país alcance la estabilidad con crecimiento económico. Seguro el acuerdo tendrá metas plurianuales fiscales, monetarias y cambiarias, con reducciones de subsidios, de asistencia monetaria y del cepo cambiario. Ahora bien, a falta de reformas estructurales (la laboral, la previsional, la tributaria), si el acuerdo fuese “light”; luego las reglas fiscales y monetarias deberían ser más duras, y el mejor ejemplo con el que cuenta la Argentina es la convertibilidad monetaria que tuvimos entre 1992 y 2001, que permitió alcanzar una inflación del 4% anual durante una década. Por supuesto que a la convertibilidad monetaria (no emitir dinero, ni para el sector público, ni para el sistema financiero) habría que corregirle los severos defectos de esa década del ’90; con otra convertibilidad adicional, la fiscal (sea un compromiso en el ratio de deuda pública versus PBI y/o que el gasto público “real” sea constante) y bajo un tipo de cambio de flotación administrada.

Concluyendo, debiera ser impostergable cortar este proceso de inflación – devaluación, que mantiene estancada a nuestra economía, desde hace más de 10 años.

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