Con la educación por debajo del radar

admin

06/09/2021

Durante la larga, extensísima cuarentena, ya lo habíamos advertido. Cada vez que se producía una conferencia de prensa para anunciar nuevas restricciones y se preguntaba sobre las clases, la respuesta del presidente Fernández era la misma: que eso no era prioritario, que la educación podía esperar.

Hacia fines de mayo de 2020, tras los primeros dos meses de encierro estricto de chicos y adolescentes de todo el país (la mayoría en regiones sin un solo caso de Covid), el presidente dijo en referencia a las clases: “Con eso no vamos a apurarnos, tenemos otra prioridad. Que un chico se reciba antes o después no le cambia la vida a nadie. Vayamos despacio”.

La sensación de que la educación no era importante para el presidente pasó a cierto grado de certeza este año. Ante la tragedia de un 2020 sin clases presenciales y por presión de grupos de padres organizados, los ministros de educación y salud de todo el país venían avanzando en complejas negociaciones para garantizar que las aulas se mantuvieran abiertas durante la segunda ola. O, al menos, que fueran lo último en cerrarse y lo primero en abrirse.

“Las restricciones no deben comenzar por el cierre de las escuelas como primera medida”, dijo el ministro de Educación nacional Nicolás Trotta en la mañana del 14 abril. Pero por la noche, el presidente determinaba, por decreto, que todas las escuelas debían cerrar mientras seguían abiertas otras actividades, como las industriales y comerciales.

La justificación de que los alumnos intercambian barbijos o que los chicos de escuelas especiales “no entienden” los cuidados no hace más que reflejar la dificultad de comprensión del problema por parte de Fernández.

Después vino la acusación de “jugar con fuego” a Ciudad, Mendoza y Córdoba por haber tomado la decisión de abrir las escuelas. Y la aprobación del “debate formidable” de la profesora militante que “abre las cabezas” de sus alumnos.

Todos estos episodios no hacen más que mostrar que la educación, para este presidente, vuela muy por debajo de su radar. Claro que no es el primero: bajar el presupuesto en educación y ciencia -como se hizo desde 2018- también habla de lo que es importante (o no lo es) para un presidente.

Mauricio Macri en televisión. Durante su gobierno cayó la inversión en educación.
Mauricio Macri en televisión. Durante su gobierno cayó la inversión en educación.

Como sea, surgen algunas preguntas. Primero, por qué la dirigencia (no sólo la política) sigue sin considerar la centralidad que tiene la educación para el desarrollo del país y su gente en este mundo del conocimiento. Y segundo, si se puede avanzar en las reformas necesarias en educación (tan complejas) cuando el tema no ocupa un segundo diario en la agenda de los presidentes.

Dilemas de una Argentina que, así como está, seguirá condenada al atraso.

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