Conflicto de Medio Oriente: sin eliminar el odio no habrá solución

admin

19/05/2021

Nadie puede suponer sin pecar de ingenuo que el origen de la actual conflagración en Medio Oriente comenzó como un gesto de solidaridad de Hamas con la evicción de cuatro familias palestinas de sus hogares en el barrio Sheik Jarrh en Jerusalén Este ordenada por la Corte Suprema y las escaramuzas en la Mezquita de Al-Aqsa con la policía israelí.

Hamas sabe muy bien que aun desplegando lo mejor de su arsenal balístico no puede aspirar a una victoria y que sufrirá importantes pérdidas en vidas humanas y la destrucción de su infraestructura militar. Israel no puede dejar de ejercer su derecho a la defensa.

Este enfrentamiento, como ha sucedido en el pasado, le permitirá a Hamas reclamar la representación del pueblo palestino ante cualquier intento de negociación después de la decisión de la Autoridad Nacional conducida por Mahmoud Abbas de postergar la elecciones en Cisjordania y evitar la posibilidad de que el partido árabe Raam con sus cuatro diputados integre la coalición para formar gobierno que desplazaría después de doce años a la alianza liderada por el Primer Ministro Netanyahu que abriría una nueva instancia en la política interna de Israel.

La actual guerra ha vuelto a colocar en el centro de la política en Medio Oriente la situación de los palestinos que hasta hace no pocos meses parecía haber quedado sumergida en el acercamiento de Israel con los países árabes como consecuencia del recrudecimiento del conflicto entre chiítas y sunnitas.

La posición intransigente de los Estados Unidos durante la Administración Trump con respecto a Irán, el apoyo a Arabia Saudita y Emiratos Árabes, la suspensión de la ayuda al Gobierno de la Autoridad Palestina y el Plan de Paz, que contemplaba la creación de un Estado palestino previo a una reasignación territorial, restaron entidad a sus reclamos ante el aislamiento regional e internacional.

El ascenso de una Administración demócrata deseosa de diferenciarse de las políticas de Donald Trump alteró la percepción sobre la situación en Medio Oriente. La Administración de Biden desde el primer momento hizo conocer su intención de volver a la mesa de negociaciones del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPA) sobre limitaciones al programa nuclear iraní y distanciarse de Arabia Saudita por su récord en derechos humanos.

El Plan de Paz fue enterrado y se restableció la ayuda financiera a la Autoridad Palestina. Estos cambios contaron con el apoyo del ala progresista del Partido Demócrata que pide condicionar la ayuda militar a Israel de 3800 millones anuales a un acuerdo sobre Palestina sin especificar los términos.

Esta situación permitió también el retorno al primer plano de Irán y Turquía modificando nuevamente el equilibrio en la región. El Primer Ministro de Turquía calificó a Israel como un “Estado terrorista” y el Líder Supremo de Irán, Ayatollah Ali Khamenei, pidió “una solución final” para el problema judío y la destrucción de Israel replicando el lenguaje de Hamas.

La decisión de la Administración Biden de iniciar negociaciones con Irán sin tomar en cuenta que financia y provee de armamento al Hezbollah en El Líbano, Houthis en Yemen, Hamas en Gaza y paramilitares en Irak a través de la Guardia Revolucionaria no contribuye a aplacar las tensiones. Estos grupos se retroalimentan de un fanatismo que justifica su propia existencia e impide cualquier posibilidad de diálogo que incluya el derecho a la existencia de Israel.

Las guerras solo sirven para acentuar los extremismos haciendo más difícil el camino de la paz. Los propagadores del odio étnico y religioso son la escoria que siempre han alimentado la muerte y la destrucción. Mientras no exista la convicción de que la coexistencia constituye la única salida será muy difícil pensar en la convivencia entre Israel y Palestina.

Felipe Frydman es economista y diplomático. Fue embajador en Tailandia

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