Covid y vacunados con comorbilidades: auditarán certificados truchos y amenazan con quitar matrículas médicas

admin

19/05/2021

La etapa de vacunación contra el coronavirus que está por comenzar en la Ciudad de Buenos Aires es crucial: menores de 60 años con factores de riesgo. Este martes se habilitó el padrón para que la gente se inscriba y en cuanto haya vacunas disponibles empezarán a asignar los turnos.

Pero hay un detalle: para ser vacunado hay que llevar un certificado médico que respalde la patología que sufre el aspirante a recibir la vacuna, y que esa patología se encuentre encuadrada en la lista de comorbilidades consideradas de riesgo para el Covid.

Eso les otorga a los profesionales de la salud un gran poder en esta fase de las inmunizaciones, porque son los que decidirán qué personas se pueden vacunar y cuáles no. Pero al mismo tiempo les asigna una gran responsabilidad, ya que cualquier desvío puede dar lugar a dudas y eventuales falsificaciones.

La etapa que viene es crucial, sobre todo, porque los pacientes menores de 60 años están poblando cada vez más las terapias intensivas, habida cuenta de que el 80 por ciento de los mayores de 60 están vacunados. El 20 por ciento restante no se anotó. Por eso desde el Gobierno porteño planean ir a buscarlos casa por casa.

El plan oficial de la Ciudad, al que tuvo acceso Clarín, es generar un sistema de control más disuasivo que intensivo. Sería una especie de “ruleta rusa” en la que los médicos que realicen un certificado que no sea fiel a la realidad correrán el riesgo de ser sancionados y, según dicen en la administración porteña, hasta de perder la matrícula.

Una mujer muestra su carnet de vacunación tras salir de La Rural. Foto: Juano Tesone
Una mujer muestra su carnet de vacunación tras salir de La Rural. Foto: Juano Tesone

En esta primera etapa los convocados con comorbilidades son los que tienen entre 55 y 59 años. Para poder anotarse hay que sufrir alguna de las siguientes patologías: obesidad, enfermedad cardiovascular, enfermedad respiratoria, diabetes, enfermedad renal, cirrosis, inmunosuprimidos, VIH, trasplantados, pacientes oncológicos, tuberculosis activa, Síndrome de Down y discapacidad intelectual. Cada cuadro tiene sus especificaciones.

Los que tengan alguna otra enfermedad preexistente que no entre en esta enumeración no podrán vacunarse en esta etapa. Luego de que el grupo habilitado para anotarse reciba la vacuna, se seguirá con el segmento comprendido entre los 50 y 54 años. Y así continuarán de manera descendente en tandas de cinco años.

La presentación del certificado médico de factor de riesgo deberá hacerse efectiva en el momento en que la persona concurra el día del turno. Obviamente, en ese trámite los empleados no podrán chequear que el documento en cuestión sea legítimo. Por eso el objetivo es tomar los certificados acumulados y realizar luego las indagaciones del caso.

¿Cuál será el criterio para investigar? “Por ejemplo, que aparezcan muchos certificados firmados por el mismo médico. O que haya algún elemento de sospecha en el certificado. A esto se pueden agregar investigaciones aleatorias y muestrales para encontrar irregularidades”, explicaron fuentes oficiales.

La herramienta para esa búsqueda sería a través de las historias clínicas de los pacientes a las que la Ciudad pueda acceder, para corroborar si la patología que esgrime el médico en su certificado es correcta. ¿Y si descubren que no?, preguntó Clarín a una alta fuente oficial. “Les quitamos la matrícula”, fue la respuesta.

¿Será tan sencillo en la práctica realizar este control? Un médico de larga trayectoria en el ámbito porteño explicó que “se puede acceder a los datos de historias clínicas de hospitales públicos, pero el acceso a los del sistema privado están protegidos y sólo los puede pedir un juez”.

Otra opción, según la misma fuente, sería “que el equipo de legistas del Gobierno porteño se contacte con los médicos o el efector de salud -clínica u obra social- para solicitarle bajo la condición del secreto profesional el acceso a la historia clínica que respalde el certificado que se ha emitido. O en su defecto realizar alguna pregunta puntual sobre la salud del vacunado”. Son situaciones que habrá que ver cómo ocurren en la práctica.

El vacunatorio montado en el Club River Plate. Foto: Mario Quinteros
El vacunatorio montado en el Club River Plate. Foto: Mario Quinteros

Para llegar al retiro de la matrícula, de todos modos, debería existir una demanda judicial en la que se aporte la prueba pertinente. Eventualmente un juez debería determinar si el profesional médico actuó de manera dolosa y dictar un fallo.

Con esta alerta el Gobierno de la Ciudad busca que la cantidad de gente inscripta no supere las previsiones: en principio se espera que concurran 145 mil personas con comorbilidades de entre 18 y 59 años.

Además, el método les permite diferenciarse de la provincia de Buenos Aires, donde no existen estas exigencias. Incluso hay poco control hasta del domicilio real del aspirante, según testimonios de porteños vacunados en territorio bonaerense. Esa “flexibilidad” pareciera ser, en cierto punto, una respuesta tácita informal para “atajar” a habitantes de la Ciudad dispuestos a hacerse pasar por bonaerenses.

Tanto el presidente Alberto Fernández como el gobernador Axel Kicillof saben que la Ciudad tiene una mayor proporción de personal de salud y adultos mayores que cualquier otro distrito. Sin embargo, el reparto de vacunas siempre ha sido por cantidad de habitantes y no por densidad de grupos de riesgo. La aceptación del peregrinaje sanitario en busca de la ansiada vacuna podría interpretarse, en ese sentido, como una compensación bajo cuerda.

La presentación del certificado médico en la Ciudad será una segunda instancia de control en el trámite de vacunación, luego de una primera que ocurrirá durante la etapa de inscripción. Allí los porteños deberán completar una declaración jurada. Eso los habilitará a obtener el turno.

Es obvio que esta doble barrera no evitará que las personas que quieran transgredir las normas para vacunarse lo hagan igual si consiguen la complicidad de un profesional. El contralor ocurrirá una vez que la inyección haya sido inoculada en el brazo del eventual impostor. Sin embargo, el objetivo es que aquellos que tengan la idea de montar la farsa piensen dos veces antes de animarse.

De todos modos, en la Ciudad confían en que, de existir, este tipo de casos sean aislados porque no creen que haya muchos médicos “dispuestos a poner en juego su carrera” para beneficiar a alguien al que no le corresponde ser vacunado.

En Mendoza, el médico deportólogo Pablo Gastaldi salió a contar en los últimos días que había recibido “134 pedidos de certificados por obesidad grado 2 en adelante para poderse vacunar”. Pero que algunas personas le pedían que adulterara el índice de masa corporal para que se justificara la inoculación. El especialista comparó esa actitud con el Vacunatorio VIP y exhortó a sus colegas: “No te metas el juramento hipocrático en el bolsillo”. 

PS

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