Cristina coquetea con Massa y Larreta ya tiene economista para su plan presidencial

admin

13/02/2021

“Lo que no entiendo es por qué le regalamos todo el anuncio al primo Sergio, se preguntaba un ministro de Alberto Fernández, el jueves, cuando la lluvia ya caía sobre el atardecer porteño y la Plaza de Mayo se iluminaba. A solo dieciocho cuadras, en la Cámara de Diputados se estaba por aprobar el proyecto de sostenibilidad de la deuda. Sergio Massa tomaba un descanso en una oficina que no era la suya, de aspecto lúgubre, frente a una mesa repleta de latas de Coca Cola, restos de comida y colillas de cigarros Café Crème.

Muchos diputados y asesores iban y venían hablando por teléfono por un pasillo angosto que desemboca en el recinto, o salían a fumar, o a mantener pequeños diálogos de cara a un ventanal que da a la calle Combate de los Pozos. La presencia inesperada de la tarde había sido la de Mario Meoni, el ministro de Transporte, que había transitado esos mismos pasillos para saludar y acaso para demostrar que su estado de salud era óptimo. Venía del sanatorio Güemes. Veinticuatro horas antes le habían practicado una angioplastia y acababa de recibir el alta. Apenas lo vio, Massa se lo llevó abrazado a su despacho. Ahí sí todo está más cuidado y las luces blancas encandilan porque fueron cambiadas hace poco. Pese a eso, al lugar lo llaman “El confesionario”.

‒Estás agrandado, Sergio, ¿no? ‒le preguntaba alguien en el trayecto al despacho. 

Como por arte de magia había aparecido un fotógrafo para retratarlos. Meoni se dio vuelta para ver quién había formulado la pregunta. Hizo un gesto con los ojos y buscó descifrar el semblante de Massa. El presidente de la Cámara solo atinó a reírse y prefirió no tomarse en serio la cuestión. Se alejaron.

Massa viene de convertirse en el protagonista político de la semana por la presentación del proyecto que establece la eliminación del pago del impuesto a las Ganancias para los salarios que estén por debajo de los 150 mil pesos. Es cierto que algunos funcionarios del Ejecutivo se inquietaron al ver que su aliado se quedaba con exclusividad con el rédito político del anuncio. Se preguntaron si no era momento de que los réditos fueran para el Presidente, que acumula meses de caída en su imagen. Podrían haberle preguntado a Alberto, pero para mayores certezas quizá deberían mirar al Instituto Patria.

“Cristina hace tiempo que le dio la bienvenida a Sergio. Él le está jugando bien y era hora de un reconocimiento“, dice uno de los interlocutores habituales de la vicepresidenta. Massa exigía cambios en Ganancias desde que era opositor al cristinismo, es decir, no hace tanto. Dicen que tenía la promesa desde la campaña de que, cuando llegara el momento, iba a ser él quien se apoderara de la iniciativa.

El 30 de diciembre, antes de saludarse por la llegada del nuevo año, Cristina y Massa se reunieron para charlar del proyecto. Cuando Martín Guzmán se enteró puso el grito en el cielo: analizó que se trataba de un costo fiscal de unos 40 mil millones de pesos y que impactaría en las negociaciones con el Fondo Monetario. Cristina, que no deja nunca de hablar con el ministro de Economía -es uno de los pocos que la visita en su departamento- intercedió en la discusión. “Me parece bien”, dijo. Guzmán pidió que se compensara con otro proyecto para que se deje en suspenso las rebajas de las alícuotas de Ganancias para las empresas, que se habían establecido en la reforma impositiva llevada adelante por el macrismo en 2017.

El paquete se terminó de cerrar en la residencia presidencial de Chapadmalal. “Metele y avisá cuando esté listo”, le dijo Alberto a Massa en los primeros días de enero. Se especuló desde entonces con la fecha del anuncio. Es lógico. Las buenas noticias no abundan. El Gobierno permanece en alerta por los millones de vacunas contra el coronavirus que anunció y que por ahora vienen en cuentagotas, por la suba de contagios y de muertes que ubican al país entre los más afectados del mundo y por la escalada de la inflación, que tensa la cuerda con gremios y empresarios, más allá de los gestos públicos.

Podría haber más gestos hacia la clase media en el año electoral. Es parte de las deliberaciones en el oficialismo. “Hay que meter plata en el bolsillo de la gente o resignarnos a perder la elección”, se oye. Guzmán escucha y sufre. No es el único.

La mejora para los trabajadores que pagan Ganancias, que en este caso alcanza a un universo inicial de 1.267.000 personas fue anticipada por Clarín el lunes. Doce horas antes, Cristina, Massa, Eduardo “Wado” De Pedro, y Máximo Kirchner se reunieron para charlar en reserva sobre ese y otros temas sensibles. Según publicó el periodista Iván Schargrodsky la cumbre se hizo -toda una novedad sería- en el quincho de la casa de Massa y Malena Galmarini, en Tigre. Los protagonistas lo negaron. La charla existió.

La oposición reaccionó con buenos ojos ante el proyecto de suba del mínimo no imponible. No podría haber hecho lo contrario porque la baja sustancial del impuesto fue una propuesta de Mauricio Macri antes de llegar a la Casa Rosada. Los referentes anti-K en el Congreso apoyaron, aunque plantearon que el borrador que circuló es insuficiente. Pidieron por la inclusión de los autónomos, por un mecanismo de actualización y alertaron por la situación de los jubilados. 

La economía es el eje central de las discusiones en Juntos por el Cambio, en especial cuando se piensa en un plan para recuperar el poder en 2023. Para hacer lo que no se hizo o para rehacer todo lo que se hizo mal, según a quién se consulte. 

Hernan Lacunza, el economista que consulta Horacio Rodríguez Larreta para su proyecto presidencial. Foto: Andrés D’Elia
Hernan Lacunza, el economista que consulta Horacio Rodríguez Larreta para su proyecto presidencial. Foto: Andrés D’Elia

Horacio Rodríguez Larreta, que empezó a estudiar Historia económica con Pablo Gerchunoff, ya tiene varios economistas trabajando para su proyecto. Pero hay uno que consulta como mínimo una vez por mes y que sobresale en su consideración cuando proyecta sus planes presidenciales. Hernán Lacunza. Se trata de un economista de bajo perfil, frío y reservado, graduado en la UBA, número dos del Banco Central que comandaba Martín Redrado cuando Cristina Fernández avanzó sobre las reservas, en enero de 2010.

Fanático de Racing, como su nuevo jefe, fue el último ministro de Hacienda de Macri. Asumió el 20 de agosto de 2019, cuando los mercados transitaban jornadas negras por la inestabilidad del dólar y de los precios y Nicolás Dujovne quiso irse. Macri valoró el gesto del recién llegado y lo hizo público. “Que aceptes hoy habla de tu profundo compromiso y valentía”, dijo en su presentación. Lacunza se fue de la gestión con cierto consenso de que las cosas podrían haber sido peores. Ese año terminó con récord inflacionario, 53,8 por ciento.

María Eugenia Vidal, que en 2019 aceptó que Lacunza dejara su puesto en la provincia de Buenos Aires para pasar al mismo ministerio en Nación, comparte hoy las charlas con ellos, aunque a veces el jefe de Gobierno invita al asesor a su casa y charlan a solas. Lacunza elabora sus informes partiendo de un diagnóstico: hace 45 años que Argentina perdió el patrón de desarrollo.

El jefe de Gobierno comparte ese diagnóstico y suele preguntarse hasta qué punto se modificará el escenario cuando Alberto termine su mandato. Fe nunca le tuvo, pero llegó a pensar que algunas cosas iban a mejorar. Ya no.

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