“¿Cuál es el fin que persiguen los políticos, si no es el bien común?”

admin

19/07/2021

En medio de una crisis mundial sin precedentes, con cientos de miles de muertos y con las condiciones de vida radicalmente modificadas por una pandemia, en la República Argentina los dirigentes políticos están inmersos en la discusión de candidaturas a las próximas elecciones legislativas.

Cuando analizamos el valor de un sistema de elección de gobernantes, el fin último que perseguimos es el logro del bien común. ¿Dónde encontraríamos hoy ese bien que nos abarca a todos?

Los que alguna vez luchamos por conseguir la posibilidad de elegir libremente a quienes regirían los destinos de nuestro país dimos por descontado que optábamos por el mejor sistema posible, sin siquiera considerar que la avidez por el poder produciría las deformaciones que hoy nos muestra.

Entonces, para un momento especialmente crítico para la Humanidad como el que actualmente atravesamos, lo esperable hubiera sido que, quienes representan la voluntad de sus compatriotas por haber sido elegidos para representarlos en los distintos estamentos del poder, hoy estuvieran reunidos discutiendo la mejor manera de transitar y salir de esta angustiante situación. Nadie, sensatamente, pensaría en gastar un solo minuto en una campaña electoral para seguir ocupando esos cargos y lograr otros más.

¿Para qué quieren nuestros representantes ocupar cargos en el poder público si no es para manejar los destinos del país de acuerdo al mandato recibido? ¿Cuál es el fin que persiguen, si no es el bien común?

¿Habrá alguien en el poder que se atreva a responder a esta pregunta?

Marcelo Menichetti
marcelomenichetti@gmail.com

Otras cartas

Lo legal no siempre es lo éticamente correcto

La decisión de la jueza federal María Eugenia Capuchetti acerca de archivar parte de la investigación que imputa al ex ministro de Salud por el Vacunatorio VIP, basándose en la supuesta “inexistencia de delito” a pesar de reconocer que hubo un “trato especial”, es un claro ejemplo de que lo legal no siempre es lo éticamente correcto. Una buena forma de reflexionar al respecto es lo que se conoce como “ética de mínimos y de máximos”. Las leyes suelen basarse en una moral de mínimos;las reglas mínimas para lograr una convivencia pacífica en una sociedad plural. Por debajo de esa línea, la realidad no sería tolerable.

Lo que se esperaría es que las personas se conduzcan voluntariamente inspirándose en una “ética de máximos”, es decir, incorporando valores y principios para hacer un mundo mejor y más justo, y no simplemente tolerable. Especialmente se espera una “ética de máximos” de quienes por el lugar que ocupan en la sociedad, sus acciones tienen consecuencias en muchas personas. Ocupar un cargo no es un privilegio, es una responsabilidad. Mayor poder implica mayores responsabilidades.

En plena pandemia, con 100 mil muertos, los “tratos especiales” podrán ser legales, pero son éticamente inaceptables. Cuando esto ocurre, no debemos ser más tolerantes con la inmoralidad del acto, lo que debiese modificarse es la legislación que permite una “ética de mínimos” que no es aceptable para la sociedad.

María Laura Aued Médica
Magister en Bioética (c)

lauriaued@gmail.com

Educación: cambios políticos y de adoctrinamiento

Desde hace unos años se viene gestando un cambio, con la complicidad de la mayoría de los gremios de la educación. Generalmente los cambios son para mejorar, pero sin darnos cuenta fueron netamente políticos y de adoctrinamiento, movidos por intereses muy claros y confusos al mismo tiempo. Solapadamente empezó adoctrinando algunos profesores y maestros que son afín de un partido político, todo sumado a mensajes de las altas esferas políticas comulgando que es lo mismo estudiar o no hacerlo; que hacer política dentro de un colegio es más patriota que estudiar; que es más meritorio juntar y adoctrinar gente que quedarse estudiando toda una noche. Y si fuera que una voz se eleva para exponer dichas doctrinas, serías no mucho menos que un golpista o alguien sin sentimientos por el prójimo.

Veo materias nuevas netamente políticas enseñando hablar “inclusivo”, formando historia deformada de autores desconocidos o partidarios. ¿Dejaremos y seguiremos permitiendo este cambio supuestamente mejor, donde se habla de derechos, pero no de obligaciones?

Quiero un país mejor…

Diego Cordón
​Imagenvisualdesign@gmail.com

Cuando el pobrismo se instala como sistema

La igualdad, un valor por la que tanto lucha este gobierno, constituye una de las grandes conquistas (tragedias) de la actual gestión. Lograr que todos sean igualmente pobres es el principal logro de este gobierno. Bajo esa lógica perversa de contar con masas pobres e ignorantes, el pobrismo se instala como sistema. De esa manera podrán manipularlas a su antojo. Desde esos postulados sólo cabe en la ciudadanía el “modo sobrevivir”. Así, las dádivas del Estado serán las migajas que nos permitan seguir subsistiendo. Nada de vivir en plenitud y honrar la vida desde la dignidad de un trabajo o el ejercicio de la libertad. Con derechos cercenados bajo pretextos absurdos sólo cabe la propia subsistencia.

El escenario será la ciudadanía en “modo sobrevivir”, mientras quienes gobiernan dispondrán a sus anchas de dinero, poder y privilegios. Un espectáculo tan triste como perverso. Es hora de dejar atrás esta larga pesadilla. Sepamos los argentinos despertar.

Sebastián E. Perasso
​sebastianperasso@hotmail.com

Un escritor que advierte el riesgo de “fetichizar lo nuevo”

En La Voz del Interior me encontré con una entrevista a un escritor argentino, por el cual siento respeto y admiración. Martín Kohan hablaba sobre su proyecto “la Vanguardia permanente”. Este intelectual trotskista, comprometido y pragmático, advierte sobre el riesgo de caer en “fetichizar lo nuevo”, que ya se ha dado en reiteradas oportunidades. Incluso en la Revolución Rusa de 1917, la musa inspiradora de la propia ideología de este contemporáneo autor.

Proviene del portugués “feitico” que significa “hechizo”, utilizado en Francia desde el Siglo XVIII, y está referido a los poderes mágicos atribuidos a determinados objetos materiales, a la postre tomado por Freud para la relación con los cuerpos de las personas. Supongo que Kohan lo refiere al placer imaginario, superfluo y a futuro que, a veces, ciertas posturas vanguardistas podrían llegar a ofrecernos.

Andrés Gastaldi
andres.gastaldi@gmail.com

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