Cuáles fueron las “manchas” de la Revolución Francesa

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29/03/2021

El 26 de agosto de 1789, poco después de la Revolución Francesa, la Asamblea revolucionaria aprobó la máxima expresión del pensamiento ilustrado, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

En la colonia francesa de Haití los esclavos decidieron tomarse al pie de la letra su artículo primero: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”.

La represión desatada por los “ciudadanos” esclavistas franceses y las tropas coloniales no se hizo esperar, provocando como respuesta la primera revolución independista triunfante latinoamericana, alcanzada a costa de un baño de sangre y la destrucción del país.

Eleonor Roosevelt sostiene una copia de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Foto Archivo Clarín
Eleonor Roosevelt sostiene una copia de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Foto Archivo Clarín

Un destino similar sufrieron las mujeres francesas que, como Olympe de Gouges, exigieron la equiparación jurídica y social, y proclamaron una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.

Constaba de un preámbulo y 17 artículos en los que su autora establecía los derechos políticos de la mujer, el derecho a la anticoncepción y a la libertad sexual.

Parafraseando a la declaración aprobada por la Asamblea decía: “La mujer nace libre y debe permanecer igual al hombre en derechos […].”

“La Ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las ciudadanas y los ciudadanos deben contribuir, personalmente o por medio de sus representantes, a su formación.”

Retratos de mujeres francesas famosas entre las que se encuenta la revolucionaria Olympe de Gouges. Foto: AP/Francois Mori
Retratos de mujeres francesas famosas entre las que se encuenta la revolucionaria Olympe de Gouges. Foto: AP/Francois Mori

La persecución contra las mujeres

Esa osadía de reclamar la igualdad jurídica y los derechos políticos, Olympe la terminó pagando en la guillotina.

Al tiempo que otras mujeres –que desde el inicio de las jornadas revolucionarias se destacaron en las acciones de la “turba enfurecida” contra los aristócratas y sus privilegios– padecieron persecución, cárcel y la ejecución por querer llevar los cambios hasta sus últimas consecuencias.

Pero también hubo hombres dignos que defendieron e impulsaron los derechos de las mujeres, como Condorcet, quien pagará con su vida la escritura de textos como este:

“O bien ningún miembro de la raza humana posee verdaderos derechos, o bien todos tenemos los mismos; aquel que vota en contra de los derechos de otro, cualesquiera que sean su religión, su color o su sexo, está abjurando de los suyos”. (1)

Los ecos del reclamo de igualdad de las revolucionarias francesas se hicieron sentir, pero recién en 1946 las mujeres pudieron ejercer sus derechos cívicos y votar por primera vez en Francia.

Felipe Pigna, historiador

Para finales de 1793, Condorcet –propulsor de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer y autor de Sobre la admisión de las mujeres en el derecho de la ciudad– vivía escondido y huyendo de sus perseguidores.

Hasta que fue condenado a la guillotina por Robespierre; pero el pensador prefirió suicidarse en su celda tomando un veneno en septiembre de aquel año.

Olympe de Gouges había perdido la cabeza en la guillotina, se habían clausurado los clubes femeninos y no se les permitía a las mujeres reunirse en las calles.

Las mujeres quedaban muy bien como adornos, pero las de carne y hueso, con sus conciencias agitadas y demandantes, empezaron a resultar intolerables para un gobierno que seguía diciendo que gobernaba en nombre del pueblo. (2)

El Código Civil de los Franceses (1804), el célebre “Código Napoleón” que serviría de inspiración a la legislación continental europea y a las repúblicas latinoamericanas negaba a las mujeres la igualdad jurídica reconocida a los hombres y retaceaba sus derechos de propiedad, de contratar y de disponer por sí mismas de sus vidas.

Los ecos del reclamo de igualdad protagonizado por las revolucionarias francesas se hicieron sentir subterráneamente, pero correría mucha agua del Sena bajo los puentes y mucha sangre hasta que recién en 1946 las mujeres pudieran ejercer sus derechos cívicos y votar por primera vez en Francia.

Citas: 1. Citado en Rosa Montero, Historias de Mujeres, Alfaguara, Buenos Aires, 1995. 2. Linda Kelly, Las mujeres de la Revolución Francesa, Vergara, Buenos Aires, 2004.

E.M.

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