Cuatro actores hablan de las carencias del Luis Miguel de la segunda temporada

admin

03/05/2021

“A Luis Miguel le pasan cosas hermosas y, al mismo tiempo, hay caos, está solo y tiene problemas”, revela la actriz Macarena Achaga, de 29 años. Y deja emerger de sus prístinos ojos azules, y de su cabello rubio, uno de los roles desafiantes de la segunda temporada de Luis Miguel, la serie, por Netflix: su hija Michelle Salas.

“¿Por qué me dejaste de ver por más de diez años”, oyó el Sol de México. Tras el cuarto episodio, estrenado el domingo 2 de mayo, ¿qué responderá u ocultará otra vez Luis Miguel? ¿Qué matices del afecto, del dolor y de la soledad hallarán cuatro actores clave en los episodios por venir?

Clarín lo sabrá junto a Macarena Achaga, modelo y actriz argentina radicada en México, quien cotejará sus sensaciones con el español Fernando Guallar (32 años), en su labor de Mauricio Ambrosi, el amigo y colaborador de Luis Miguel.

Diego Boneta y César Bordón, con la foto del Beto Alonso en la pared. Un guiño para argentinos.
Diego Boneta y César Bordón, con la foto del Beto Alonso en la pared. Un guiño para argentinos.

Y el mexicano Pablo Cruz Guerrero (37), en la piel del calculador publicista Patricio Robles, compartirá su análisis con el argentino César Bordón (59), como el mánager Hugo López, de gran conexión paternal, y aún más tras la muerte del maltratador Luisito Rey al final de la temporada inicial. ¿Quién podrá llegar al verdadero Luis Miguel?

“Nos empeñamos en hacer un trabajo más profundo y más oscuro, con los personajes más adultos y en situaciones más extremas de la vida. Hemos logrado una cuestión sórdida y a la vez mucho más franca”, anticipará Bordón.

Pero en su caracterización Hugo López deberá afrontar un hecho -en la serie- que no es un spoiler sino un dato de la realidad. López falleció a los 51 años, en 1993, por culpa de un cáncer de colon, mientras Luis Miguel giraba por Sudamérica. Y este otro duelo será un giro emocional crucial.

En esta temporada, Diego Boneta encarna a “Micky” en dos arcos temporales distintivos. Primero en los ’90, aún veinteañero, entre la furia romántica-pop de los discos Aries (1993) y Nada es igual (1996). Y ya entre 2005-2006, con 35 años, se lo verá con el rostro y el cuerpo más hinchados, como un tenso crooner de baladas mexicanas que, de tanto en tanto, busca reconectar con su hija Michelle.

¿Quién, además de Achaga en esa piel, reconocerá esa oscuridad en este Luis Miguel recreado por Netflix que busca llegar hasta el real, de 51 años?

Macarena Achaga compone a la hija de Luis Miguel, Michelle Salas. Estudió a los dos. Foto Netflix.
Macarena Achaga compone a la hija de Luis Miguel, Michelle Salas. Estudió a los dos. Foto Netflix.

Se abren on-line las entrevistas a través de una plataforma símil Zoom. En pantalla dividida, a la izquierda se materializa Macarena Achaga: luce iluminadores en los lagrimales y dos tramos de su cabello dorado se posan sobre su ajustada blusa beige con lunares negros. “Lo lindo de esta serie, y de esta segunda temporada, es que te saca de la idea de vivir en la sensación de que todo es perfecto todo el tiempo -siente Achaga-. A Luis Miguel le pasan cosas hermosas y al mismo tiempo hay caos, está solo y tiene problemas. Pero también le va increíble. Es un reflejo de la vida misma. Eso no siempre es lo que se esperaría de una estrella, ¿no?”.

Aquí amplía el español, que lleva una polera negra, barba de una semana y un arito en su oreja izquierda que apenas brilla en contraste con sus ojos azules: “Me parece muy interesante contar que aún en los momentos más difíciles y más oscuros, relacionados con un éxito tan abrumador como el de Luis Miguel, es muy bonito darte cuenta de quién está cerca de verdad. Me ha gustado mucho construir esta relación de amistad y lealtad con el personaje de Diego Boneta”.

-¿De qué manera se ven reflejados ustedes dos en la soledad del artista?

-Guallar: Bueno, sería falso negar el miedo que te da el éxito y todo lo que puede conllevar. Yo por eso intento estar muy vinculado con mi familia y con mis amigos de toda la vida, porque es una profesión en la que entra y sale mucha gente, ¿sabes? Hay que tener siempre una raíz grande. A mí me encanta tener a varios Mauricios Ambrosi a mi lado. Son imprescindibles.

Macarena abre los ojos sin adjetivos: “Con Fernando compartimos muchos valores, así como nuestros personajes. No se imaginan la cantidad de sacrificios, de tiempo, de distancia y esfuerzos que vivimos. Mi familia está en la Argentina y no la veo hace un año y medio, debido a la pandemia y a estas cosas. Así que siempre se valora que el trabajo sea tan bonito, como aquí. Que una se pueda sentir tan orgullosa hace que valga la pena”.

En esta segunda temporada, Diego Boneta se tuvo que meter en las sombras del Rey Sol.
En esta segunda temporada, Diego Boneta se tuvo que meter en las sombras del Rey Sol.

“¡Qué razón tienes!”, le dice Guallar, y en los 30 segundos finales que destinó Netflix el español apura una definición: “Ha sido muy bonito hacer la serie, pero, como decía Macarena, con un desafío extra por este momento”.

Ambos se quedan riendo cuando sus palabras finales flotan ya sin conexión on-line. Media hora después, Clarín tendrá el segundo encuentro virtual promocional de Luis Miguel, la serie, segunda temporada. Ahora con César Bordón como el querible Hugo López, y con Pablo Cruz Guerrero, en su rol del ambicioso Patricio Robles, con sus bolsillos alrededor del ídolo, en los dulces y efímeros tiempos de Suave y de Hasta que me olvides.

¿Cómo reflejan ambos personajes, tan disímiles, la oscilante personalidad de Luis Miguel en la ficción? “Los personajes de Patricio Robles y de Hugo López coexisten, sobre todo en la primera parte de esta temporada, y de forma muy particular. Es muy interesante el vínculo que llevan”, contesta Bordón.

Lleva un saco marrón desprendido, un pañuelo en el bolsillo superior, y anteojos ahumados de marco vintage: “Lo que le pasará a Hugo López lo conocen. Está más ahondado lo dramático en esta segunda temporada, y…”.

Bordón se interrumpe sonriendo y se acomoda en su sillón, a espaldas de una pared sin decorados. “…Y creo que nadie mejor que Pablo Cruz Guerrero para contarte por dónde ha llevado él a su personaje de Robles”. Y el mexicano, de camisa azul pastel, barba y jopo similar al de Guallar, se ríe con milimétrica picardía.

El clima del backstage: Boneta y Bordón, dos que llevan las riendas de buena parte de esta segunda temporada. Foto Netflix.
El clima del backstage: Boneta y Bordón, dos que llevan las riendas de buena parte de esta segunda temporada. Foto Netflix.

“¡Gracias, César!”, dice Cruz Guerrero al otro lado de la pantalla. “Hugo y Patricio cohabitan y aprenden el uno del otro. Es interesante preguntarse cómo hubiera sido la vida de Luis Miguel con un Hugo López más duradero, a comparación de cómo es la vida con Patricio Robles. Ese centro de luz que es el personaje de Luis Miguel no puede evitar contaminarse de quienes lo rodean. Lo que absorbe de Hugo López también lo puede llegar a absorber de Patricio Robles. Y eso nos va dibujando en qué estado emocional y mental se encuentra Luis Miguel”.

-Ese tránsito de un mánager a otro, ¿expresa el cambio en el mercado o en la persona de Luis Miguel a mitad de los años ’90?

Bordón busca frases definitivas. “Yo, que también tengo mánager, entiendo que es como ir a un psicólogo. Esta relación paternal tiene que ver con la necesidad de padre que tuvo Luis Miguel, y con la necesidad de hijo que tuvo López. La relación con Patricio Robles será diferente, porque él posee otros objetivos y necesidades”.

Cruz Guerrero desliza otras imágenes de esta segunda temporada, con ocho episodios en total. “Si todo el mundo quiere ser como Luis Miguel o estar con él, ¿como quién quiere ser Luis Miguel? ¿Con quién quiere estar? ¿A quién ve como un modelo a seguir? Patricio Robles trata de crear eso que Luis Miguel está buscando, para ganarse su confianza”.

En 1993, Robles agarró varios casetes con demos descartados de un depósito de la empresa de Hugo López. Las cuentas millonarias se acumulaban, y por su lado comenzó a buscar un nuevo hit para Luis Miguel.

“Recién entrás a la empresa y nadie te autorizó”, le dijo López (Bordón). Dos o tres escenas más tarde, Robles le puso unos auriculares al astro y le dijo: “Micky, escucha este tema”. Luis Miguel lo miró con asco: “No me vuelvas a tocar en tu vida”. Pero luego descubrió en el casete el tema Hasta que me olvides, de Juan Luis Guerra: un futuro éxito para su disco Aries. Y al rato trató a Robles con total amabilidad.

-Pablo, ¿qué explica ese cambio de la personalidad de Luis Miguel?

-Cruz Guerrero: Yo no tengo el gusto de conocer al verdadero. Sin embargo, así es el personaje que estamos presentando nosotros, que es volátil y muy voluble. Es como tratar con un adolescente, ya que cuando él mismo fue adolescente no tuvo un muro de contención emocional. Desde mi punto de vista, esa búsqueda para Luis Miguel ha sido un proceso más difícil, por la falta de modelos afectivos. Como dice Hugo López: “El nido, la familia”. ¿Y dónde busca sentirse seguro? A través de elementos materiales. Patricio Robles ve la oportunidad de darle a Luis Miguel esos recursos que lo hacen sentirse mejor.

Este domingo 2 se estrenó el cuarto episodio de "luis Miguel, la serie", que consta de ocho capítulos.
Este domingo 2 se estrenó el cuarto episodio de “luis Miguel, la serie”, que consta de ocho capítulos.

-César, ¿cómo sentís el tránsito de tu personaje, y también lo que viviste con Diego Boneta, de cara a lo que ocurrirá en esta temporada?

-Bordón: Pienso que el trabajo en la serie y los vínculos de los personajes se han podido profundizar a través de la excelente relación que tengo con Diego y con lo que lo admiro como actor. Nos empeñamos en hacer un trabajo más profundo y más oscuro, con los personajes más adultos y en situaciones más extremas de la vida. Hemos logrado una cuestión sórdida y a la vez mucho más franca. Los personajes de Hugo y de Luis Miguel son como familia y pueden decirse las cosas a la cara. Desde ahí logramos una gran intimidad. Eso es algo que la gente va a poder respetar, admirar y disfrutar.

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