Dar el (mal) ejemplo

admin

26/04/2021

La triste y sorpresiva muerte de Mauro Viale activó en muchos canales de televisión la idea de que los conductores y quienes estén frente a cámara usen barbijo. Todo surgió tras la sugerencia de la ministra de Salud Carla Vizzotti, que empezó a usarlos en toda aparición pública, incluso antes de la muerte de Viale. Le siguieron las indicaciones de las gerencias de algunos canales y animadores de tevé en forma particular, shockeados por la noticia.

Lo que se busca, dijeron, es no sólo cuidar a quienes están trabajando en espacios cerrados sino, también, dar el mensaje de que el uso de barbijo es necesario.

Tras la decisión se desató un debate y una polémica -típica en el mundo de la farándula- con respecto a si es necesario usar barbijos, cuando se cumplen todos los protocolos. O si se trata, por el contrario, de una actitud “demagógica” de las estrellas de la tevé, que pronto pasará y se fascinarán con alguna otra cosa.

Hay argumentos valederos hacia uno y otro lado de esta “minigrieta”. Es cierto que las personas están más protegidas y protegen a otros cuando usan barbijos: nadie sabe en qué momento puede ser asintomático y estar diseminando el virus sin saberlo y sin quererlo.

Pero también es cierto que en la comunicación audiovisual la gestualidad es relevante. En la tele la imagen cuenta tanto o más que las palabras. Por eso, muchas veces más importante que lo que un político dice frente a una cámara es cómo lo dice, por ejemplo. El público sabe “leer” cada gesto, las intenciones, los énfasis. Y todo eso se pierde con el rostro ocultado por un barbijo.

El debate puede ser interesante, pero lo que resulta inaceptable es la actitud de los conductores de una señal de noticias de usar máscaras plásticas transparentes, contra toda evidencia científica que indica que esos adminículos no sirven para proteger contra el virus. Puede ser un complemento para cuidarse los ojos de la entrada del virus, siempre que al mismo tiempo se use bien un barbijo.

Por eso, usar esas máscaras frente a cámara va en contra, precisamente, de los dos argumentos valederos puestos en juego en esta polémica. Por un lado, con ese acetato los aerosoles que contagian el virus salen igualmente por los costados y por abajo. Pero además, por el lado de la imagen y el ejemplo, es pésimo: los conductores están mostrando como correcto proteger y protegerse con esas máscaras y sin barbijo.

Seguramente seguirán haciéndolo y tienen a su favor la libertad de expresión. Si hasta hubo una “periodista” que tomó dióxido de cloro en vivo. Pero estaría bueno que recapaciten y piensen, primero, en cuidarse a sí mismos, y segundo, en la responsabilidad que tienen.

Pueden usar barbijo o no, es su decisión. Ahora, esa “avivada” a mitad de camino no contribuye en nada.

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