Descubren en una mina de oro microbios que comen residuos radiactivos, sin evolución desde hace 175 millones de años

admin

10/04/2021

Charles Darwin revolucionó el planeta en el siglo pasado cuando publicó “El origen de las especies”. Allí, el científico inglés planteó que el mundo no se mantiene estático sino que está en continua evolución y que las especies cambian permanentemente. Es decir: con el tiempo unas se extinguen y aparecen otras nuevas.

Ahora, un equipo internacional de investigadores descubrió que unas bacterias del subsuelo han permanecido prácticamente sin cambios desde hace más de 175 millones de años. Algo realmente asombroso.

En su nuevo estudio, los científicos analizaron las muestras de material genético de ‘Candidatus Desulforudis audaxviator’, una bacteria descubierta recientemente en una mina de oro en Sudáfrica que habita en el subsuelo de diversos continentes a una profundidad cercana a los 3.000 metros. Este raro espécimen se alimenta de los residuos producidos por la desintegración radiactiva del uranio, el potasio y el sodio.

Prospecciones realizadas para el estudio en suelo africano. Foto: DPA
Prospecciones realizadas para el estudio en suelo africano. Foto: DPA

​”Este descubrimiento muestra que debemos tener cuidado al hacer suposiciones sobre la velocidad de la evolución y cómo interpretamos el árbol de la vida”, dijo Eric Becraft, autor principal del artículo. “Es posible que algunos organismos entren en un sprint evolutivo completo, mientras que otros se ralentizan, desafiando el establecimiento de líneas de tiempo moleculares confiables“.

​Becraft, ahora profesor asistente de biología en la Universidad del Norte de Alabama, completó la investigación como parte de su trabajo postdoctoral en el Laboratorio Bigelow y la publicó recientemente en el ISME Journal del grupo editorial Nature.

Tras comparar los resultados de las 126 muestras recolectadas en California, Siberia y África, los académicos descubrieron que los microbios estudiados han permanecido en un estado conocido como ‘estasis evolutiva’ por al menos 175 millones de años, es decir, que apenas habían presentado cambios evolutivos desde la última vez que cohabitaron en la misma masa continental, antes de que el supercontinente Pangea se separara a comienzos del Mesozoico.

“Nos rascamos la cabeza”

Sorprendentemente, todos resultaron ser casi idénticos. “Fue impactante”, dijo Ramunas Stepanauskas, coautor del estudio. “Tenían el mismo maquillaje, así que empezamos a rascarnos la cabeza”, sostuvo.

“Parecen ser fósiles vivientes de aquella época“, agregó Stepanauskas. Y señaló: “Van en contra de la comprensión contemporánea de la evolución microbiana”, lo que pone en perspectiva las estrategias adaptativas y evolutivas de los organismos que habitan el planeta.

Los científicos no encontraron evidencia de que los microbios puedan viajar largas distancias, sobrevivir en la superficie o vivir mucho tiempo en presencia de oxígeno. Entonces, una vez que concluyeron que no había posibilidad de que las muestras estuvieran contaminadas durante la investigación, las explicaciones plausibles disminuyeron.

“Estos hallazgos son un poderoso recordatorio de que las diversas ramas microbianas que observamos en el árbol de la vida pueden diferir enormemente en el tiempo transcurrido desde su último ancestro común”, dijo Becraft. “Comprender esto es fundamental para comprender la historia de la vida en la Tierra”.

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