Día del Amigo en pandemia: cómo impacta volver a los encuentros después de un año de vínculos a la distancia

admin

20/07/2021

Nada de “invisibles” o por la pantalla del teléfono. Tras un 2020 en el que por el coronavirus el Día del Amigo se celebró por Zoom, los grupos de todas las edades se preparan este año para tomarse un respiro de la distancia, con prudencia pero con la necesidad de verse a la cara aunque sea por un rato. Y así retomar la costumbre que más representa la calidez argentina.

Este 20 de julio el escenario ya no será a pantalla partida, cada uno desde su casa, peleando por mantener la conversación contra las adversidades del Wi Fi, las voces que se pisan y la falta de puntualidad porque “total me conecto en un minuto”.

Aunque haya que envolverse en una frazada, en general, la juntada será en persona. Es cierto que muchos ya lo han hecho eventualmente o de manera más espaciada en relación a lo que solían verse pre-pandemia. Pero hay grandes probabilidades de que por primera vez todos y todas quieran encontrarse en el patio de una casa o en el bar.

Antes del Covid (A.C.), Alejandra (44) y sus amigos cenaban todos los viernes con un asado. A.C., Joaquín (17) se quedaba media tarde paveando tras la escuela. A.C., Julieta (23) cenaba pizza con sus compañeras de danza urbana, después de ensayar. A.C., Mariela (31) trasnochaba con las amigas de la facultad después del estreno de cada película terror.

En mayo, los amigos hacían take away en los restaurantes de la Ciudad debido a las restricciones. Foto: German Garcia AdrastI
En mayo, los amigos hacían take away en los restaurantes de la Ciudad debido a las restricciones. Foto: German Garcia AdrastI

El contacto cambió mucho para los que se relacionaron principalmente a través de una pantalla. “Hay gente que se quiere mucho y perdió el vínculo con sus amigos”, señala la psicóloga Agostina Faccone, cofundadora de Redes Mentales, y puntualiza que muchos pacientes “sintieron que había una pérdida de temas de conversación”.

La comunicación constante, en reemplazo de las viejas formas de encontrarse, pueden ser responsables. “Como uno se tiene en redes sociales y está al día de la vida del otro, parece que con eso basta. Y se suma la inmediatez que tiene WhatsApp, que te compromete a hablar todo el tiempo, incluso cuando uno no tiene ganas”, describe.

La videollamada, que el año pasado era una novedad, “hoy genera una actitud más reticente, porque es también nuestro medio de trabajo y estudio”, define Faccone. “Las conversación además es menos fluida, se generan más silencios y para algunos, se sufre, más “ansiedad social”.

En agosto de 2020, San Isidro permitió la apertura de bares al aire libre sin mesas y algunos amigos aprovecharon para reencontrarse. Foto: Marcelo Carroll
En agosto de 2020, San Isidro permitió la apertura de bares al aire libre sin mesas y algunos amigos aprovecharon para reencontrarse. Foto: Marcelo Carroll

“Llevamos 500 días charlando sin mirarnos a los ojos, sino viéndonos cómo salimos en una cámara o cómo modulamos al hablar y uno se desacostumbra a relacionarse mano a mano”, sigue. “Hay grupos sociales que se han mantenido unidos por algo en común, como salir a un bar o a un boliche. Y cuando se perdió eso, se empezaron a cuestionar algunos vínculos. Algunos notaron que era muy forzada la conversación a partir de la pandemia”.

En la amistad, opina Faccone, las personas “se permiten colgar un poco más” que en otros vínculos y arriesga que tal vez sea “porque no hay mucha demanda”. Uno se deja de ver mucho tiempo y “no hay reclamo”. Sin embargo, “la amistad es difícil de mantener, cuando hay menos iniciativas de encuentro”, opina.

Amistad táctil vs. Zoompleaños

El saludo de codos quedó desplazado por el choque de puños y los pocos abrazos que rompen la burbuja se comenzaron a dar con los rostros apuntando a lados opuestos o por abrazos de espaldas. Todo con tal de conservar algo de la contención física que puede brindar el contacto con otros. Para los argentinos, es esencial.

“En otros lugares del mundo no hay tanto contacto táctil como acá, que nos abrazamos y nos saludamos con un beso”, cuenta el psicólogo especialista en vínculos Mauricio Struggo. El mate es también un ejemplo de esa cotidianidad táctil. Entre muchos amigos, dicta el ritmo de la conversación y es sinónimo de mantener una charla relajada.

En abril de 2021, con la segunda ola de Covid, los bares del Gran Buenos Aires tuvieron que atender al aire libre otra vez. Foto: Guillermo Rodríguez Adami
En abril de 2021, con la segunda ola de Covid, los bares del Gran Buenos Aires tuvieron que atender al aire libre otra vez. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Es algo que se vio en todo el mundo, pero “en Argentina, así como en otros países de Latinoamérica como Uruguay, la calidez se valora distinto”, aporta. Y ejemplifica que “no es casual que pacientes argentinos que viven en Suecia busquen terapeutas argentinos, porque un psicólogo de los países nórdicos puede no entender que necesita juntarse a comer con amigos una vez por semana”.

“El contacto, esa situación donde estamos dos personas o amigos en un mismo lugar, es insustituible y necesario para la autoestima. Implica sentir la presencia del otro, algo que al quedar vedado por las restricciones, se sustituyó por la expresión de afecto verbal. En grupos de varones, menos acostumbrados a decir que se quieren o se extrañan, esto lo vi mucho”, cuenta.

Hoy, con la curva en descenso de casos diarios y tras casi un año y medio de convivencia con la pandemia, una juntada como el Día del Amigo cobra otra importancia desde el plano psicológico y vincular. “En tiempos tan difíciles, la gente necesita todo lo que implique celebrar. Porque no sabemos cuándo va a terminarse esto. Es lo mismo que pasó con el partido de la Selección Argentina. Todos hemos aprovechado la situación para descargar el malestar a través de los gritos y el festejo”, señala.

Volver a planificar encuentros

Para Luca Esperon, de 24 años, la pandemia implicó dejar de ver a sus primos, que viven en San Pedro. “Siempre tuvimos distancia por los kilómetros, pero nos veíamos cada uno o dos meses porque nos llevamos super bien. Con la pandemia, eso cambió y nos habremos visto tres veces en todo el año”, cuenta Agustín Jimenez (23).

Francisco Jimenez (22), el tercero de los primos, cuenta que no hicieron ninguna videollamada, pero que tienen un grupo de WhatsApp en el que nunca dejaron de hablar. “No es lo mismo conversar por redes sociales pero algo se podía sostener dentro de todo”, agrega.

Agustín coincide. La pandemia, dice, “fue medio laguna” y sigue: “Te perdés el hilo para el trato. Estás al tanto de la vida del otro pero no es lo mismo que juntarse a comer una pizza y pasar un rato juntos. De alguna manera, esto hace que se aprecie más el momento que se puede compartir”.

Luca Esperon (24) veía cada dos meses a sus amigos, pero con la pandemia se distanció. Foto: Fernando de la Orden
Luca Esperon (24) veía cada dos meses a sus amigos, pero con la pandemia se distanció. Foto: Fernando de la Orden

Para la psicopedagoga Teresita Girado, la pandemia “puso en manifiesto la responsabilidad que implica sostener un vínculo”. Después de tanto tiempo aislados, “hay que tener en cuenta diferencias de cuidados entre familias y también que la presencialidad requiere de una anticipación, a diferencia de la virtualidad en la que uno aprieta un botón y corta el vínculo”, aporta.

Muchos estudiantes del Saint George’s College North, donde trabaja, pudieron conectarse con otros compañeros, con los que habitualmente no se llevaban tanto, porque vivían más cerca o compartían el gusto por algún videojuego. Es la revalorización de un aquí y ahora. “Al que tenían al lado, quizás ni lo tenían en cuenta y ahora sí”.

En ese sentido, muchos padres que miraban con preocupación el tiempo que pasaban sus hijos delante de una pantalla vieron que hay mucha diferencia en usarlas pasivamente que hacerlo para conectarse con otros pares, aunque sea para un juego o ver una película en simultáneo.

Para la psicopedagoga es importante trabajar la “atención dividida” en la que están inmersos tanto jóvenes como adultos en la cotidianidad. “Va a costar, porque es mirarse a los ojos y dejar de contestar a la demanda constante de redes o mensajes para prestar atención al otro”, asegura.

MG

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