Dos argentinas fueron elegidas entre los 50 mejores docentes del mundo

admin

09/09/2021

“Siento una satisfacción plena al estar en el aula. Ver cómo los chicos van cambiando, verlos madurar desde el hacer, crecer como personas. El conocimiento a ellos les da libertad: van a poder decidir si van a trabajar en una fábrica, seguir estudiando o criar una familia. Van a tener todas las opciones y podrán elegir qué hacer”, le dice a Clarín Gisela Gómez (35), profesora del Instituto Provincial de Educación Técnica Nº 85 en Estación General Paz, una localidad ubicada a 35 kilómetros de Córdoba Capital.

Gisela es una de las dos argentinas seleccionadas entre los 50 mejores docente del mundo en el Global Teacher Prize 2021, un premio que ya se consolidó como el “Nobel de la educación” y que entrega un millón de dólares. Compitieron contra más de 8 mil candidatos de 121 países. En noviembre se conocerá el ganador.

Ana María Stelman. Mantuvo la continuidad en 2020 con chicos vulnerables.
Ana María Stelman. Mantuvo la continuidad en 2020 con chicos vulnerables.

Platense de nacimiento y maestra primaria en la capital bonaerense, Ana María Stelman (56) es la otra argentina elegida. Ana María siempre quiso ser maestra y volcó su vocación a enseñarles a los chicos más vulnerables. “Tengo a la docencia en la sangre, no me imagino haciendo otra cosa. Me emociona ver cuando los chicos progresan, ver que están contentos. Darles herramientas para que encuentren la felicidad. Siempre les digo: ‘lo que hagan en el futuro, tienen que ser los mejores’”, cuenta ahora Ana María a este diario.

De la bromatología al aula

Las dos docentes argentinas llegan a esta distinción por caminos muy distintos. En el caso de Gisela fue elegida principalmente por su trayectoria personal de superación, además de los logros obtenidos.

“El destino juega”, dice ahora, y cuenta cómo fue que llegó a la docencia. Tercera hija de 7 de una familia de Córdoba Capital (padre chapista, madre ama de casa), Gisela estudió bromatología en un instituto terciario, en el que se recibió a los 21 años.

Gisela Gómez. Trabaja con sus alumnos en proyectos bromatológicos.
Gisela Gómez. Trabaja con sus alumnos en proyectos bromatológicos.

Recibida, el mundo laboral se le hizo cuesta arriba. “Tenía que hacer inspecciones, el ámbito era hostil. Se me produjo una crisis vocacional”. Fue entonces que el padre de una amiga le sugirió formarse para ser profesora (el destino que juega). Con un trayecto pedagógico complementario -de 2 años y medio- podía empezar a dar clases sobre temas relacionados a la bromatología. Y lo hizo.

“Ni bien aprobé la última materia y me recibí, renuncié a mi trabajo -en ese momento en un hipermercado- y me anoté para dar clases”. Como no había buenos lugares en escuelas de Córdoba Capital se inscribió en General Paz, un pueblo rural cuya única escuela secundaria está orientada a la industria de los alimentos.

Eso fue en 2011. Consiguió cargos para trabajar de 10.30 a 18. “Es muy positivo cuando uno puede dedicar todo el día a una misma secundaria. Se pueden hacer proyectos. Nuestra propuesta es que los chicos puedan adquirir conocimientos disciplinares vinculados con sus intereses y con las problemáticas del entorno de la localidad”, cuenta.

Gisela Gómez. Trabaja con sus alumnos en proyectos bromatológicos.
Gisela Gómez. Trabaja con sus alumnos en proyectos bromatológicos.

Entre los fundamentos para ser elegida para el concurso global están los logros que obtuvo en estos años. En 2014 los alumnos crearon dulces hechos de nopal y caramelos fortificados con vitaminas C y E, que contribuyó a equilibrar sus propias dieta.

En 2015, tomaron 245 muestras de los tanques de agua de las viviendas de Estación General Paz, las analizaron en el laboratorio escolar y verificaron que 11 tenían la bacteria Escherichia Coli, que causa enfermedades intestinales. Organizaron una campaña de sanitización de tanques y de concientización sobre este problema.

Gisela resalta la diversidad que hay en su escuela, que tiene 450 alumnos y a donde asisten alumnos de sectores vulnerables y también de clase media. “Son de la misma zona, tienen las mismas costumbres”, dice la profesora, que atiende a Clarín desde el colegio y deja tareas a sus alumnos para hacer esta entrevista.

“Acá me tratan de usted, muestra la distancia, el respeto y el cariño que tienen. Esta escuela es mi segunda casa, nunca la dejaría”, afirma y resalta que esta distinción no hubiera sido posible sin el trabajo en equipo que lleva adelante junto a los otros docentes e impulsados por el director, Juan Domingo Moyano.

La motivación antes que nada

Ana María Stelman cuenta que siempre fue maestra primaria y trabajó “en el salón” enseñando a los chicos, que tuvo la oportunidad de ser directora o supervisora (con posibilidad de mayor salario), pero ella prefirió seguir dando clases, y sobre todo a chicos de los barrios más vulnerables, como los de la actual escuela 7, en el barrio Hipódromo de La Plata.

Ana María Stelman. Mantuvo la continuidad en 2020 con chicos vulnerables.
Ana María Stelman. Mantuvo la continuidad en 2020 con chicos vulnerables.

Fue elegida por lo que logró con sus alumnos: muchos de ellos llegaron a destacarse en ferias de ciencias. Pero, sobre todo, por el trabajo que hizo para mantener la continuidad tras el cierre de escuelas del año pasado. En el grado que daba clases, solo un chico tenía acceso computadora.

Cuenta que trataba de hacer videoconferencia por WhatsApp, pero habitualmente terminaba dando clases por conversación telefónica. “Un chico me decía ‘¿Y cómo hago la U’?. Tenía que explicárselo por teléfono”, rememora.

Pero antes, Ana María ya se había destacado por los proyectos que emprendía en las escuelas. Por ejemplo, en la del hipódromo, con chicos vulnerables y en un barrio lleno de caballos sueltos, lo primero que escuchó fue “Ojo, no les hables a los chicos de caballos que se distraen mucho”.

Ana María Stelman. Mantuvo la continuidad en 2020 con chicos vulnerables.
Ana María Stelman. Mantuvo la continuidad en 2020 con chicos vulnerables.

Pero hizo lo contrario: fue a la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata a buscar asesoramiento para trabajar con los chicos precisamente a partir de lo que les genera más interés. Creó el proyecto “Por qué hay tantos caballos en mi barrio”, visitas al hipódromo junto a una veterinaria y más talleres relacionados. También, trabajaron con el compost a base de bosta de caballo, lombrices y la producción de plantines.

Cuenta ahora que ella no pensaba anotarse en este premio, aunque se lo habían sugerido la directora y colegas. Pero lo que la decidió fue cuando se lo dijeron “las chicas de la cocina”. “Ese premio es para vos, me dijeron con mucha cariño”, recuerda. Y las “chicas” tenían razón.

Cómo es el premio

Conocido como el “Nobel de la educación”, el “Global Teacher Prize” busca valorizar el trabajo de los docentes. Organizado por la Fundación Varkey, en alianza con UNESCO, va por su séptima edición. Puede participar cualquier docente del mundo, que de clases a chicos en los niveles de escolaridad obligatoria en escuelas públicas.

Las dos docentes argentinas ahora deberán competir para ver quién se queda con el premio mayor. Es un millón de dólares, pero bajo el compromiso que deberá ser usado para seguir desarrollando el proyecto por el cual fueron premiadas. El ganador será anunciado en París en noviembre del 2021.

Por primera vez premiarán a estudiantes y el país metió a dos en el top 50

Los dos son jóvenes argentinos de 17 años. Y si bien tienen orígenes muy distintos hoy los une la misma felicidad: haber quedado seleccionados entre los 50 mejores estudiantes del mundo, en la primera edición del premio internacional Chegg.org Global Student Prize, que otorga 100.000 dólares al ganador.

Lisandro Acuña. Del colegio ORT.
Lisandro Acuña. Del colegio ORT.

Son Lisandro Acuña del colegio ORT, de Capital; y Maximiliano Sánchez, de la Escuela 5005 JUAN XXIII, de General Mosconi, Salta.

Maximiliano Sánchez. Estudiante de General Mosconi, Salta.
Maximiliano Sánchez. Estudiante de General Mosconi, Salta.

Lisandro ya prometía desde chiquito. Tenía sólo 8 años cuando empezó a participar en competencias de Matemática y alcanzó el segundo puesto en la Olimpíada Nacional a los 9. Hoy, pone sus energías en usar lo que sabe de Matemática e informática en resolver problemas de la vida cotidianos. Junto con un equipo de tres amigos, desarrolló LectO: una aplicación gratuita que consiste en un editor de texto que facilitan la lectura y la escritura a personas con dislexia. LectO ya ha sido usada por 5.000 personas en el país, Uruguay y España.

Maximiliano es miembro de la etnia wichi. Está terminando la secundaria y dice que quiere ayudar a otros jóvenes wichi a lograrlo. Sueña con la creación de una escuela secundaria en su comunidad para combatir la deserción escolar que ve a su alrededor. En lo académico, ganó una competencia de Matemática y el primer premio en el Primer Concurso Provincial de Literatura (poesía de género).

Maximiliano Sánchez. Estudiante de General Mosconi, Salta.
Maximiliano Sánchez. Estudiante de General Mosconi, Salta.

Los alumnos que se anotaron en el Global Student Prize fueron evaluados por sus logros académicos, pero también por el impacto en sus compañeros, cómo marcan la diferencia en su comunidad, cómo superan los obstáculos, cómo demuestran la creatividad y la innovación, y cómo actúan como ciudadanos globales.

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