¿Dos modelos de país? ¿Dónde están… que no se ven?

admin

10/09/2021

Las dos constelaciones sobre las que gira el sistema político argentino, enfatizan que representan dos modelos o proyectos de país antagónicos. Así lo han hecho en estos días, buscando resaltar los contrastes.

Lo curioso es que, a la hora de explicar sus contenidos y trazos principales, estos se definen más por los defectos que le atribuyen al oponente que por los atributos propios, más allá de las generalidades. Como si lo ocurrido en este último año y medio no hubiese alterado en nada esa grieta primordial que remite al pasado más inmediato o mediato.

Lo concreto y cercano es la dura realidad que impone la agenda -la crisis sanitaria y su impacto socioeconómico- que limita los márgenes de acción de los gobiernos y hace más borrosas las líneas que separan esos dos “modelos de país” arraigados en identidades políticas distintivas.

Si algo mostró la pandemia es que los gobiernos no hacen lo que quieren sino lo que pueden. Y cuando se trata de asistir en la emergencia, de proteger las vidas en riesgo, de vacunar y garantizar los derechos, no debería haber “dos modelos de país” confrontando. Sí debería haber, en todo caso, líderes y referentes de esos dos modelos o visiones cooperando para superar este trance.

En las elecciones de medio término siempre chocan dos lógicas, por el lado de la oferta electoral. Gobiernos y oposiciones buscan plebiscitar gestiones, a favor o en contra. Unos buscan alcanzar o afianzar mayorías parlamentarias que les permitan gobernar con menos trabas y los otros buscan limitar una gestión en curso y reorientar la dinámica hacia un mayor equilibrio entre los poderes.

Pero además la renovación parlamentaria es una oportunidad para una mayor diversidad de expresiones, matices, terceras y cuartas fuerzas que enriquezcan y amplíen la representación política. Las PASO fueron creadas, precisamente, entre otras cosas para que esas expresiones aparezcan en la competencia y quede en manos de la sociedad asignarles un lugar de relevancia y un espacio de representación.

Expresiones que lleven al Congreso la disconformidad con el estado de cosas deberían servir para robustecer el debate político, incorporando visiones críticas y estímulos para políticas y reformas que sean conducentes y sustentables.

Mayor variedad de matices y mayor moderación y sensatez y, a la vez, mayor honestidad, valentía y coraje para afrontar la tarea de gobierno y oposición. En este contexto, despolarizar le hará bien a la política nacional sin que ello signifique aumentar la desafección política y el desencanto ciudadano con sus representantes.

Esta viene siendo la campaña seguramente más frívola, ramplona y vacua de que se tenga memoria. Pero, por otro lado, no es, salvo excepciones, la más agresiva. Señal de madurez, tal vez. O señal de que el horno no está para bollos…

Mirá también

Lo leiste en #FMVoz

0 Comments

Dejá una respuesta

Abrir