El impacto del cierre de las exportaciones de carne a los productores: a largo plazo se verán los efectos más negativos

admin

20/05/2021

No hace falta aclarar que los productores ganaderos están que trinan por el cierre de las exportaciones de carne y son los principales afectados.

“Lo más peligroso -remarcó el productor bonaerense Carlos Odriozola en diálogo con Clarín Rural– son los efectos en el mediano y largo plazo. Ya conocemos las consecuencias que tuvo el cierre de exportaciones realizado por Néstor Kirchner en el 2006”.

La pérdida de 12 millones de cabezas en pocos años es una historia conocida que ahora resurge como un amargo dejavú, pero tal vez sea demasiado pronto para pensar en el futuro, sobre todo cuando en lo inmediato se verán consecuencias de sobra.

“Hoy el problema principal es para la vaca, una categoría que acá no se consume y a la que le habíamos encontrado un mercado muy fuerte en China. Ahora el productor la va a tener que vender a quince mil pesos menos”, explicó Odriozola, y agregó que al novillo pesado de exportación también lo van a castigar con el precio.

Por su parte Ernesto Urien, presidente del Consignatario Urien Loza, detalla: “Preparar un novillo pesado especial para exportación (con cobertura de grasa y grasa intramuscular), para lo cual el productor hizo importantes inversiones en genética, sembrando pasturas, verdeos y suplementación, para luego enterarse de un día para otro que cierran las exportaciones, implica un trastorno importante. Ahora tendrá que enviar su hacienda a un frigorífico para consumo, donde queda totalmente fuera de mercado ya que a dicho novillo le es imposible competir en el consumo interno (animal liviano y con un mínimo de grasa), y donde el carnicero lo rechaza”.

El principal argumento del Gobierno para anunciar la medida fue que “el tema de las carnes está desmadrado”. En el contexto actual se infieren dos significados de la palabra desmadre. En primer lugar, el aumento de precios en el mercado local. La carne subió un 65 por ciento en doce meses. Aun así, Odriozola destaca que la carne en Argentina sigue siendo de las más baratas del mundo y asegura que la carne vacuna ya no tiene el peso político que solía tener ya que hoy se consume más carne de pollo que bovina. Además, el productor descarta que el cierre de exportaciones sea un buen método para frenar el alza en el mercado interno.

“Si el objetivo realmente era frenar los precios de la carne se podía pensar otras formas, como un subsidio específico para comprar carne a través de las tarjetas, sacarle el IVA a algunos cortes o incluso restringir la exportación de asado y promover la exportación de otros cortes”, propone.

La segunda acepción de desmadre que surge está vinculada a la evasión. Es un secreto a voces en el sector que el auge de las exportaciones de carne vino acompañado de la aparición de oportunistas que subfacturan sus ventas al exterior. Es el famoso “rulo cárnico”.

“Preguntar por el rulo cárnico es como preguntar por la falta de control en cualquier comercio que no paga los impuestos. Nada tiene que ver el productor y no hay excusas para adoptar una medida tan drástica, que pega de lleno en la producción ganadera”, asegura Urien al respecto.

Odriozola, por su parte, dice que el mayor porcentaje de las vacas que van a China lo mandan los frigoríficos grandes, que son los que tienen la capacidad de congelado. “Para evitar la subfacturación se podría hacer un seguimiento de los precios muy fácilmente, son muy pocos jugadores a los que hay que controlar”, afirma, y remarca que con la suspensión de los embarques lo único que se logra es una pérdida de confianza por parte de los compradores, que en el futuro puede traducirse en menores precios, y un menor incentivo de los empresarios locales para seguir apostando por la actividad.

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