El Mercosur en su hora más difícil

admin

08/09/2021

Dice el Tratado de Asunción, constitutivo del Mercosur, en su artículo inicial, que los socios fundadores acuerdan el “establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común con relación a terceros estados”.

Pese a ello, el Gobierno del Uruguay acordó con la República Popular China el inicio de estudios que propendan a un tratado de libre (TLC) comercio.

Negociar con otros estados no está vedado por el Mercosur. Acordar con terceros en cuestiones no arancelarias tampoco. Pero un “TLC” supone ingresar en terreno restringido.

¿Cómo es que se ha llegado hasta aquí?

Pues el Mercosur está fatigado y no han habido reacciones a tiempo.

Cuando el bloque fue creado (1990) las exportaciones de todos los países en el mundo equivalían a 19% del producto bruto planetario, mientras que en la actualidad equivalen a 29%. Del total de comercio internacional mundial, que ronda los 26 billones de dólares, casi 60% ocurre entre países que han celebrado acuerdos de reducción reciproca arancelaria (en el tiempo en el que se creó el Mercosur, esa proporción era 5%).

Ocurre pues que un mundo más integrado requiere un bloque que obtenga acuerdos comerciales con terceros en todo el mundo y el nuestro no ha avanzado fuera de su vecindario. Así, lo anunciado no parece un capricho de Uruguay: mientras Latinoamérica genera solo 3,3% de todas las importaciones mundiales, Asia lo hace en 32,2% (10 veces más). Además, Europa genera 36,5% del total -dentro de la cual la UE explica 29,5%- y Norteamérica (18,6%).

En treinta años la economía internacional ha mutado y requiere adaptaciones: dice el McKinsey Global Institute que (si se midiera bien) más de la mitad de todo el comercio entre países hoy está formado por servicios; pero el Mercosur está basado principalmente en reglar el comercio de bienes. Y según UN Comtrade el 65% del total de productos que atraviesan las fronteras hoy no existía -o tenía condiciones sustancialmente diferentes- hace 30 años. El comercio internacional hoy está aliado a una nueva economía.

Poco es como era entonces.

Ante sucesivos reclamos de Brasil y Uruguay el Mercosur no ha logrado un cauce para las fuerzas adaptativas. Cuando un cambio es necesario es posible argumentar en favor de una u otra alternativa, pero es disfuncional no cambiar en sentido alguno.

Estamos ante una disyuntiva: mantener el statu-quo no es posible sin pagar el costo del detenimiento, pero dar un paso adelante exige respeto de instituciones y -como consecuencia- consensos. Aunque nada es gratis en la historia: pagamos hoy un precio porque son tantos los preceptos del acuerdo que no se han respetado durante años que la irregularidad es menos imprevista ante la evidente vigencia de la costumbre “contra-legem”.

Las normas se deslegitiman cuando la realidad las supera. Pero forzarlas no es la manera de modernizarlas. Es hora de que actúe la mejor diplomacia, la que no solo logra acuerdos, sino que obtiene resultados fructíferos.

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