El mini peronismo, a la orden de Cristina Kirchner

admin

21/06/2021

Hubo un tiempo en que una serie de partidos políticos de América Latina evitaban la polarización entre izquierda y derecha que se disputaban el poder en gran parte del planeta. El PRI en México, el APRA en Perú o el Copei en Venezuela eran alternativas conservadoras o socialcristianas que se imponían a los sectores mas radicalizados de la política en sus países.

Esa función, durante medio siglo, en la Argentina la cumplió el peronismo. Pero la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia en 2003, y la consolidación del kirchnerismo a través de Cristina, fue diluyendo el papel del peronismo a este acompañante dócil que apenas muestra los dos dedos en V en las apariciones públicas de sus dirigentes como única señal de sobrevivencia.

Cristina, como Vicepresidenta; su hijo, el diputado Máximo Kirchner, y el gobernador Axel Kicillof, junto al resto de los dirigentes de segunda línea contenidos por la agrupación La Cámpora, marcan hoy las líneas de la política económica, la política socio-laboral y, sobre todo, de la política exterior del gobierno de Alberto Fernández. Y definen casi sin consultas la estrategia electoral de la coalición que lleva su segundo año en el poder. Las PASO de septiembre y las legislativas de noviembre vuelven a mostrar la misma evidencia. Y el peronismo sigue sin encontrar respuestas para revertir esa tendencia que lo minimiza. El kirchnerismo lo ha colonizado.

Es extraña la indolencia de ese reservorio político del peronismo que siempre fueron los gobernadores. La mayoría está ocupado en resolver sus propios problemas en sus territorios y la pandemia agudizó la anemia de proyectos personales. Ni el cordobés Juan Schiaretti, el tucumano Juan Manzur o el sanjuanino Sergio Uñac, por citar algunos, han vuelto a hablar de candidaturas futuras. Las expectativas están centradas hoy en los pasos de Kicillof y de Máximo, y la eventualidad de una reelección presidencial para Alberto transita el camino de las quimeras.

Alberto Fernández con los gobernadores Sergio Uñac y Juan Manzur , el sindicalista Gerardo Martínez, el vice gobernador de Santiago del Estero José Neder y el gobernador de Misiones Oscar Ahuad. Un encuentro en 2019, antes de la pandemia.
Alberto Fernández con los gobernadores Sergio Uñac y Juan Manzur , el sindicalista Gerardo Martínez, el vice gobernador de Santiago del Estero José Neder y el gobernador de Misiones Oscar Ahuad. Un encuentro en 2019, antes de la pandemia.

También se ha reducido casi a cero la centralidad de los intendentes del Gran Buenos Aires, ese otro paraíso mítico del peronismo territorial. “Ya casi no nos preocupan las amenazas de los baroncitos del Conurbano”, se ufana un alto dirigente referenciado en La Cámpora. Y evalúa así, muy despectivamente, la influencia que puedan tener los jefes de cada distrito gobernado por este mini peronismo en la conformación de las listas para las elecciones.

La política económica del gobierno de Fernández fue siendo condicionada por el kirchnerismo a través de Kicillof y otros funcionarios de segunda línea. El cepo al dólar, el freno a las exportaciones y a las importaciones, la presión impositiva extrema y el control de precios como herramienta única para perder la batalla contra la inflación muestran el mismo panorama del segundo mandato de Cristina. Un horizonte de asfixia económica que la condujo, finalmente, a la derrota del proyecto contra Mauricio Macri.

A eso hay que sumarle el mecanismo novedoso con el que se está resolviendo la discusión salarial. “La paritaria de Cristina”, como la llaman incluso los sindicalistas y los funcionarios del Ministerio de Trabajo. Si en tiempos de Néstor era Hugo Moyano el que marcaba un porcentaje de suba para los camioneros que servía de referencia al resto, esta vez la brújula fue el aumento del 40% que la Vicepresidenta (y Sergio Massa) acordaron darse en el Congreso y el 43% que Luana Volnovich otorgó en el PAMI. A partir de allí, aquel 29% que el ministro Martín Guzmán estampó en el proyecto oficial del presupuesto 2021 fue enterrado sin lágrimas.

Identidad diplomática

El mismo fenómeno sucede con la política exterior. La tercera posición, que fue el escudo histórico del siglo pasado con el que Juan Domingo Perón trazó la identidad diplomática del movimiento sin plegarse a las corrientes socialistas en la región ni someterse a la presión de la derecha anti comunista que alentaba EE.UU., fue desapareciendo hasta convertirse en el seguidismo peronista de los peores autoritarismos latinoamericanos: el de los Castro en Cuba, el de Nicolás Maduro en Venezuela y, ahora, también el de Daniel Ortega en Nicaragua.

El kirchnerismo pasea su doctrina avejentada de izquierda setentista por todos los foros internacionales. Favoreció al chavismo venezolano en las Naciones Unidas, pese a los informes de la socialista chilena, Michelle Bachelet, sobre las gravísimas violaciones a los derechos humanos en ese país. Y se negó a condenar en la OEA los encarcelamientos de dirigentes opositores en Nicaragua por parte de Ortega, que así quiere asegurarse el triunfo en las próximas elecciones. Y, ante las señales inequívocas de Estados Unidos, terminó acordando con México el retiro a consulta de los embajadores en Managua para reducir el bochorno.

Los intentos del peronismo por mostrar otra cara de la Argentina en términos políticos y económicos no convocan al optimismo. Pasan por las gestiones sin destino aparente del ministro Guzmán ante el FMI, y las de Massa, ante funcionarios poderosos de EE.UU. como el asesor de Joe Biden para América Latina, Juan Sebastián Gonzalez. Se encontraron hace una semana en Washington y hablaron incluso de la posibilidad de sumar vacunas de laboratorios estadounidenses a la batalla contra la pandemia, pero se trata de arrestos que poco pueden hacer ante el ímpetu de las iniciativas del kirchnerismo.

En esa confusión, Fernández arrastra al peronismo hacia el subsuelo del protagonismo. Sin tener resueltas ni una sola de las demandas básicas de la política interna, el Presidente recita las proclamas kirchneristas como si fueran suyas. Coquetea por Zoom con Lula y se entromete en los asuntos de Colombia o Perú solo para recibir reprimendas diplomáticas. Y se convierte en un enigma cada vez más indescifrable de la identidad argentina cuando insiste con frases como la del Día de la Bandera. “Tenemos descendientes que se convirtieron en afroamericanos”, arriesgó el domingo, sin que nadie sepa hasta ahora sobre qué quiso iluminarnos.

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