El policía asesinado que sigue conmoviendo tras 12 años: tiene una calle, un busto y exhiben su gorra

admin

18/02/2021

Un nuevo aniversario del asesinato del oficial Aldo Roberto Garrido volvió a conmover a toda la comunidad del distrito de San Isidro. Allí el policía era reconocido por los vecinos y recibió homenajes multitudinarios y masivos después del crimen, el 17 de febrero de 2019.

Tan querido fue el efectivo por la gente y comerciantes que lo veían todos los días de guardia, que su gorra quedó exhibida en el Concejo Deliberante como inmortal recuerdo de su labor y cariño del barrio.

El hecho ocurrió hace 12 años, cuando los vecinos de San Isidro se sorprendieron con la noticia de que el policía que todos conocían y saludaban, Aldo Roberto Garrido, había sido asesinado por una pareja. Al agente lo conocían por ser “un hombre de buenos modales, prolijo, siempre atento y un ejemplo”, dicen portales vecinales del distrito de zona Norte del Conurbano.

Los asesinos habían entrado a robar un local comercial y fueron descubiertos por Garrido, lo que desató el crimen que terminó con su vida.

Tras su crimen, miles de vecinos de San Isidro llevaron flores al lugar donde lo asesinaron. Foto: Marcelo Carroll.
Tras su crimen, miles de vecinos de San Isidro llevaron flores al lugar donde lo asesinaron. Foto: Marcelo Carroll.

Tras el caso, la consternación fue tal que una multitud participó de una misa para rezar por él y por el cese de la ola de delitos que acosaba a la comunidad aquel año. 

Garrido era tucumano y se desempeñaba en la comisaría 1ª de San Isidro. Ya tenía edad para jubilarse pero que quería seguir siendo el que custodiaba con compromiso la zona comercial de la ciudad cabecera del Partido.

Fueron 31 años de trabajo policial -había ingresado el 2 de Abril de 1977-.

Según describen quienes vivían en el distrito en 2009, Garrido era era parte del paisaje y sostenía su vocación de servicio.

Mensajes de vecinos para recordar y homenajear en 2009 a Garrido.
Mensajes de vecinos para recordar y homenajear en 2009 a Garrido.

El 15 de mayo de 2009, la gorra del recordado policía fue donada al Concejo Deliberante para ser exhibida a la comunidad.

El 16 de Junio, a menos de 120 días de ocurrido el asesinato, el Tribunal Oral en lo Criminal 5 de San Isidro condenó con cadena perpetua a Ernesto Luque (29 años) y a Débora Acuña (30 años), ambos con causas pendientes previas al hecho, tras haber sido declarados responsables de “homicidio calificado”, “robo calificado con armas” y “posesión ilegal de armas de guerra”.

El 17 de Febrero de 2010 fue inaugurado un busto -obra de la artista Hilda D’Aiello- en la emblemática esquina de Chacabuco (renombrada en un tramo “Pasaje Capitán Aldo Roberto Garrido“) y 9 de Julio, con el bronce de miles de llaves y otros objetos donados por vecinos y comerciantes de la zona, por iniciativa de un grupo de jóvenes.

Los culpables

Ni Ernesto Luque ni Débora Acuña mostraron señales de tristeza cuando, el 16 de junio de 2009 al mediodía, se leyó la condena que cumplirían por el crimen del teniente Aldo Garrido (61).

Por unanimidad, tres jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Nro. 5 de San Isidro condenaron a prisión perpetua a la pareja por homicidio doblemente agravado por haber sido criminis causa (cometido para lograr impunidad) y ejecutado contra un funcionario policial.

“Estoy muy tranquila, yo confiaba en la Justicia. Siento alivio pero también un dolor inmenso… verlos ahí y pensar que le quitaron la vida a Aldo, que ahora voy a llegar a mi casa y él no va a estar”, había dicho Marta Barberis, viuda del policía.

Aunque la pena fue igual para ambos, Luque cumplirá más años que su pareja, quizás hasta 50. La razón: cuando mató a Garrido estaba en libertad condicional por una condena previa.

Eduardo Vaiani, fiscal general adjunto de San Isidro, había dicho sobre la investigación: “Este fue un caso que se investigó bien: a las 14 horas del hecho los responsables estaban detenidos, y a los 15 días ya estaba lista la acusación contra ellos para que fueran a juicio. El debate se hizo a los cuatro meses del homicidio”.

Cerca de las 10 de la mañana del 17 de febrero de 2009, Garrido entró al local Kevingston de la calle Chacabuco 361, en San Isidro, tras notar que algo raro pasaba. Allí estaban robando Luque y Acuña -embarazada de siete meses-, con los que el policía comenzó a forcejear.

Por lo que se reconstruyó en el juicio, Garrido recibió cuatro balazos. Dos de ellos -los mortales- los hizo Acuña con la propia pistola reglamentaria del policía, que había logrado sacarle en la pelea. Los asesinos escaparon, pero dejaron dos importantes rastros: un llavero en el que estaba la foto de su hijo de 5 años con el uniforme del jardín de infantes y un boleto de colectivo.

Con estas pistas, la Policía los detuvo en horas. En los alegatos, los fiscales Vaiani y Diego Callegari y el abogado querellante, Marcelo Rochetti, habían pedido a los jueces Mario Kohan, Raúl Neu y Ariel Introzzi Truglia que calificaran el caso como homicidio “criminis causa”.

Los dos defensores oficiales, Carlos Aguirre y Marcelo Rodríguez Jordán, solicitaron una condena por “homicidio en ocasión de robo” y pidieron que se declarara inconstitucional la perpetua.Es que Luque y Acuña confesaron haber asesinado a Garrido a balazos, pero los dos dijeron que no fue su intención matarlo.

Luque dijo que se le “escaparon” dos tiros cuando forcejeaba con el policía y Acuña sostuvo que, cuando disparó, lo hizo hacia el piso. Ambas versiones fueron desvirtuadas por la Policía Científica de San Isidro y los médicos forenses.

En el fallo, los jueces indicaron: “Débora Acuña ha demostrado un ataque más que persistente y verificado no solo en el hecho de disparar sobre un caído sino de acometer contra la víctima (…) llegando a morder a Garrido en pos de que éste cesara en la resistencia que ofrecía”.

Y agregaron: “La violencia ejercida resultó una actitud cruel y de fiereza innecesaria advertida en la circunstancia de que Acuña disparó con Garrido ya caído, demostrando una frialdad que hiela la sangre”.Según los jueces, “el desprecio por la vida que han demostrado tanto Luque como Acuña (…) también se trasluce de la circunstancia de delinquir ambos concubinos y estando Acuña embarazada”.

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