El stock de vacunas sin aplicar ya supera el déficit de segundas dosis por un problema imprevisto

admin

10/09/2021

Argentina recibió hasta el momento, según datos oficiales, 58,4 millones de vacunas contra el Covid (51,9 millones ya distribuidas a las provincias) y aplicó 46,3 millones. La diferencia es de 12,1 millones. Aplicó 28,6 millones de primeras dosis y 17,6 millones de segundas. La brecha es de 11 millones.

Como se ve, el stock guardado en las heladeras ya supera la brecha existente en la población entre los que recibieron uno o dos pinchazos. Cifras que delatan el síntoma de un desaguisado: si todo lo comprado tuviese la misma utilidad, los esquemas completos en el país podrían ser muchos más.

El hecho es que al menos el 85 por ciento de las vacunas en stock son de Sinopharm, según un seguimiento de Clarín en base a las números oficiales. El resto se distribuye entre primeras y segundas dosis de Sputnik V, de Cansino, de Pfizer y algún remanente de AstraZeneca y Moderna.

Si esos 12 millones en stock se pudiesen aplicar como segundas dosis, Argentina resolvería su problema sanitario: hoy sólo el 38,6 por ciento de la población tiene el esquema completo. Si bien se avanzó, el promedio diario de aplicaciones en septiembre no despega: es de 315 mil.

De Sinopharm arribaron al país 22,9 millones de dosis y todavía restan venir casi 8 millones más. La causa de ese stock de vacunas sin aplicar tiene una clave: quedan pocos mayores de 18 años sin la primera dosis -es decir, a los que se les podría aplicar Sinopharm- y hay que esperar para aplicar la segunda.

Vacunación contra el Covid en Tecnópolis, a comienzos de septiembre. Foto: EFE
Vacunación contra el Covid en Tecnópolis, a comienzos de septiembre. Foto: EFE

A eso se suma otro inconveniente: la vacuna china no mostró buenos resultados en su combinación con Sputnik V, por lo que su disponibilidad tampoco sería aprovechada en ese sentido. Si bien el ensayo continúa, las chances de que Sinopharm sea complemento de la rusa parecen alejarse.

En suma, llegan más vacunas de Sinopharm de las que se pueden usar en lo inmediato, lo que a priori no sería malo si no fuera porque las que sí se podrían aplicar están en falta: esto es, sobre todo, el segundo componente de Sputnik V y la de AstraZeneca.

En su defecto, podría utilizarse Pfizer o Moderna para completar las segundas dosis, pero las vacunas estadounidenses fueron las últimas en sumarse al portfolio argentino y ahora hay que esperar los plazos de entrega previstos por los laboratorios.

El caso Sputnik es paradigmático. Le permitió al Gobierno empezar a inmunizar a los argentinos en diciembre y ser -como dice el presidente Alberto Fernández- “uno de los primeros países del mundo en empezar a vacunar”. Pero ese alivio inicial se pagó con gran dificultad para completar esquemas.

Tanto es así que parte de la donación de Joe Biden, de vacunas de Moderna, debió destinarse a tapar ese bache, y lo mismo ocurrirá con parte de las vacunas de Pfizer. El viraje de última hora postergará la idea original del Gobierno de vacunar desde septiembre a adolescentes sin comorbilidades.

Las dosis de Moderna se distribuyeron el 28 de julio. Foto: Presidencia de la Nación
Las dosis de Moderna se distribuyeron el 28 de julio. Foto: Presidencia de la Nación

AstraZeneca es otro generador de angustias, a partir de la lentitud del laboratorio mexicano Liomont para envasar y despachar las vacunas cuyo principio activo se fabrica en Argentina. El cuello de botella se profundizó desde que la planta alternativa de Albuquerque salió del circuito.

Hasta ahora fueron entregados 12,6 millones de dosis de un contrato total por 22,4 millones. La llegada a destiempo de las dosis complementarias de la vacuna de Oxford fue salvada en parte por España: ya donó 400 mil dosis y en las próximas semanas enviará otras 850 mil.

En el medio del desierto apareció Richmond, que ya produjo unos 4,5 millones de segundas dosis de la Sputnik V y 1,5 millón del primer componente. El problema ahí son los tiempos de Rusia para controlar los lotes. En revisión hay actualmente 2,9 millones de segundos componentes.

Si bien esa producción local puede ser una bocanada de oxígeno, tiene una contraparte menos generosa: ya casi no llegan dosis terminadas de Rusia. El último lote lo trajo la ministra Carla Vizzotti a su regreso de ese país, el 24 de agosto, y consistió en apenas 400 mil dosis del componente 1 y 250 mil, del 2.

Esto ocurre porque el presidente Vladimir Putin exige que las tan preciadas segundas dosis terminadas por el Instituto Gamaleya, y envasadas en Moscú, se apliquen a los rusos. Por eso casi todo lo último arribado a la Argentina ha sido antígeno para formular y envasar aquí.

Vizzotti con una funcionaria de EE.UU. y el gerente de Pfizer, en el arribo de vacunas.
Vizzotti con una funcionaria de EE.UU. y el gerente de Pfizer, en el arribo de vacunas.

Algunos observadores han querido vincular la sequía de envíos de dosis terminadas con una supuesta “represalia” rusa por la “traición” argentina de cerrar contratos con Pfizer y Moderna. En rigor, el problema de las segundas dosis que no llegan es anterior a esos acuerdos.

Volviendo al problema de los más de 12 millones de vacunas en las heladeras, con una cantidad similar o incluso menor de argentinos que esperan las segundas dosis, la causa debería buscarse en cómo el Gobierno diseñó el plan de inmunización. Es decir, qué marcas compró, cuándo y en qué plazos.

Lo que se vio en el primer semestre de 2021 fueron adquisiciones a pocos laboratorios, lo que redundó en el imprevisto cuyas consecuencias se sostienen hasta hoy. Más acá en el tiempo se amplió la mirada a otras farmacéuticas.

​Esa apertura en busca de nuevos proveedores coincidió con el aliciente de la combinación de vacunas, una herramienta para mitigar la escasez. El problema es que no sólo hay insuficiencias en la opción vacunatoria homóloga, sino también en el posible reemplazo heterólogo.

Una investigación de la gestión vacunatoria podría arrojar alguna conclusión. Hay iniciativas para hacerlo, como la que impulsan en la Auditoría General de la Nación. Sin embargo, la grieta entre los auditores ha impedido avanzar. El peritaje propuesto por el ala opositora al Gobierno empatiza con el gran stock de vacunas: se conserva en la heladera.

PS

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