“En Argentina nunca se sabe quién es la rana y quién el escorpión”

admin

19/09/2021

En la famosa fábula del “Escorpión y la Rana”, cuyo origen sigue resultando incierto y desconocido, trata del encuentro de estas dos criaturas en la orilla de un río. El escorpión le pide a la rana una gentileza imposible, un favor muy difícil de aceptar: que la cruce del otro lado del río.

La rana, sabia en la historia de la biología, le dice: “Conozco bien a los de tu especie, y los de tu especie pican a los de mi especie, de ninguna manera te prestaré mi cuerpo para tu empresa”. El escorpión, hábil con la palabra y con muchísima experiencia en sofismas y artilugios, la hace razonar con este magnífico cuestionamiento lógico: “No seas idiota, rana, ¿cómo podés creer que sería capaz de clavarte mi aguijón?. Si hiciera eso, mientras cruzamos, ambos moriríamos ahogados. ¿Cuál sería mi beneficio ?”.

La rana vuelve a pensar la situación y encuentra sumamente lógico el razonamiento y el argumento del escorpión, y acepta el viaje. Será un viaje de ida, porque, lamentablemente, todos conocemos el final de la historia.

Alberto Fernández cuando asumió la derrota el domingo pasado, escoltado por Cristina Kirchner, Axel Kicillof y los principales candidatos oficialistas.
Alberto Fernández cuando asumió la derrota el domingo pasado, escoltado por Cristina Kirchner, Axel Kicillof y los principales candidatos oficialistas.

En la Teoría de los Juegos, a través de la matemática aplicada, se aplican modelos con el fin de estudiar la interacción entre partes con diferentes incentivos y estructuras. Los juegos en los que los intereses de los jugadores no se encuentran del todo opuestos, se denominan “juegos de suma variable”; aquellos juegos en los que los intereses se hayan totalmente contrapuestos, se llaman “juegos de suma cero”.

En los juegos de suma cero, para cada posible resultado del juego, a la hora de sumar las utilidades de la dos jugadores, termina dando cero, lo cual equivale a decir que lo que un jugador gana, el otro lo pierde. ¿Estaremos ante una situación análoga en la coyuntura de nuestra política argentina? Tal vez, sí.

Dentro del infinito universo de la Teoría de los Juegos, también se encuentra lo que conocemos como el Dilema del Prisionero. En dicho dilema, la Policía arresta a dos sospechosos a quienes encierra en compartimientos separados, y a cada uno le ofrece el mismo trato. La Policía no tiene suficientes pruebas para condenarlos.

Los jugadores tienen una naturaleza no racional y no honesta, y la posibilidad latente de la traición del otro, termina desencadenando la traición propia hacia el otro”.

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Los escenarios posibles, son: A) Si uno confiesa el crimen y el otro no, el cómplice es condenado a diez años (pena total bajo una Justicia ordinaria en cualquier país civilizado), y el otro es liberado. B) Si uno calla y el cómplice confiesa, ocurre el mismo resultado, el que cometió el crimen queda preso, y el cómplice se libera. C) Si ambos confiesan, ambos reciben seis años de condena (bajo un país civilizado, insisto). D) Si ambos niegan el crimen, serán detenidos por un año bajo cargos menores.

Si los dos sospechosos (jugadores) son racionales y honestos y no dudan del otro, ambos optarán por cooperar y decidirán ocultar la verdad. Si hubo crimen, lo negarán y con eso obtendrán la pena mínima. Pero como termina ocurriendo en la mayoría de los casos y de las variables, los jugadores tienen una naturaleza no racional y no honesta, y la posibilidad latente de la traición del otro, termina desencadenando la traición propia hacia el otro.

Jueces que son rehenes, policías que matan gente, prisioneros que terminan siendo presos políticos, o ladrones disfrazados de justicieros.”

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El punto se encuentra en quién mueve la primera pieza, quién confiesa o no, quién traiciona primero. Y, “el que avisa no traiciona”, reza el saber popular. El que dice que jamás traicionará al otro, ¿qué quiere decir? En la fábula, antes de ahogarse ambos, la rana alcanza a balbucearle al escorpión, todavía en su lomo: “No entiendo por qué hiciste lo que hiciste, nos mataste a ambos”. El escorpión le contesta: “Lo siento rana, pero clavar el aguijón en mis presas forma parte de mi naturaleza. No pudo evitarlo”.

Como Argentina no es una fábula, sino un sueño, uno difícil de alcanzar, de salvar, de cumplir, acá nunca se termina entendiendo quién es la rana y quién el escorpión. Nuestras especies suelen ser mutantes, híbridos, andróginos, mestizos. Roles y personajes sustituibles, intercambiables, desdoblados, superpuestos. Jueces que son rehenes, policías que matan gente, prisioneros que terminan siendo presos políticos, o ladrones disfrazados de justicieros.

Anverso y reverso se confunden. Y en esa confusión quedamos atrapados nosotros, los eternamente confundidos. En definitiva, ¿no seremos nosotros los prisioneros? Del otro lado, la orilla siempre aparece como una posibilidad inalcanzable, pero existente. Allá está, se la puede ver, casi llegamos. Tan lejana como posible. Pero las apariencias engañan…

Sergio Rienzi / rienzisergio@hotmail.com

EL COMENTARIO DEL EDITOR

Por César Dossi

Se ahogaron con su propio veneno

Alberto Fernández Cristina Kirchner.
Alberto Fernández Cristina Kirchner.

La Argentina de hoy es también un cuento. Un relato más que el país lleva a cuestas en su vieja mochila. Es el de las maniobras sucias, el de reemplazar cargos priorizando los prontuarios antes que los currículums.

Es una historia de larga data que ya conocemos y que, en su carta, el lector Rienzi la ilustra con la fábula de la “Rana y el Escorpión”. Y se pregunta quién es quién en un escenario político que lleva vacío una semana, con el público expectante, con los actores ausentes, pero que dejó entrever detrás del telón el mar de fondo.

Fueron insultos, gritos y altas traiciones el “ceremonial” que ellos manipularon como herramientas de protocolo para limar las asperezas. No conocen de diálogo y dignidad. Mientras tanto, la demanda pública les desborda.

La gobernabilidad no existe. Pero empujan la inseguridad, la falta de trabajo, el desplome de la economía, las carencias en la salud, la indigencia y pobreza, la inflación, la inseguridad y la corrupción que, entre otras, son las necesidades básicas insatisfechas de un país que ya ocupa un lugar en la lista roja de otros continentes.

Esa es la foto. Es el reflejo de un peronismo obsoleto y de un kirchnerismo enquistado viciado de codicia. Con un Gabinete de emergencia, con funcionarios que ya no funcionan y con “flamantes” que juran mañana, quieren imponer la idea de “una nueva gestión” para intentar ganar en noviembre.

Estos mismos administradores transitorios de la Argentina que quieren distraer a la sociedad “con sofismas y artilugios”, como dice el lector, hicieron lo mismo que en la fábula. Llegaron a la mitad del mandato y, antes del final, en medio de la gestión, le inyectaron el aguijón K. Sin vacunas, se ahogan en su propio veneno.

Ya es tarde para antídotos que no hicieron efecto en el pasado. Hoy se cumplen siete días del estrépito que sacudió las urnas. La segunda dosis se aplica el 14 de noviembre. Y, con ese resultado, la sociedad llega al fin de un camino que ya no quiere recorrer.

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