En la voz está el estilo

admin

20/05/2021

Denton Welch (1915-1948) fue admirado con devoción por escritores como William Burroughs y John Waters.

La editorial que publicó algunos de sus pocos libros en España lo presenta así: Nació en Shanghái, creció en Inglaterra y su principal ambición fue la de convertirse en pintor, hasta que un día lo atropellaron cuando paseaba en bicicleta. El accidente, ocurrido cuando tenía veinte años, lo dejó parcialmente paralizado y lo empujó a escribir una obra mínima en la que se mezclan la memoria y la nostalgia. Murió a los treinta y tres años como consecuencia de las secuelas que le dejó el atropello.

César Aira inicia Las tres fechas, su libro del 2001 sobre la literatura de la experiencia, señalando: “pocas lecturas pueden dar una enseñanza tan útil de estilo e inteligencia como la de los libros de Denton Welch. Estilo e inteligencia en él son una sola cosa, y ésa es la primera y última lección: la transformación de la inteligencia en estilo, la resolución de una en otro. Sin estilo, la inteligencia no es más que una forma especialmente destructiva del escepticismo, y el estilo sin inteligencia es un esnobismo que se agota en sí mismo”.

Dos libros publicó Welch en vida : Primer viaje, (1943), relato de un viaje de regreso a China que le valió un importante reconocimiento de la crítica y tuvo el apoyo de Edith Sitwell, y En la juventud está el placer (1945), un retrato de adolescencia que Herbert Read publicó en edición limitada porque temía que los lectores consideraran a su protagonista perverso y desagradable.

De manera póstuma se editaron otros títulos, los principales de los cuales son el volumen de relatos Bravo & Cruel (1949), del que Welch llegó a corregir las pruebas de imprenta y que salió publicado pocos días después de su muerte, y Una voz a través de una nube (1950), el único de sus libros que sucede luego del accidente, y quedó inconcluso. Posteriormente se editaron dos libros con los relatos y poemas que escribió primero, y en 1982 se publicaron sus Diarios completos.

Toda la literatura de Welch es autobiográfica, y retrata en gran medida la vida privada de la Inglaterra de los años 40 y 50.

Bravo & Cruel acaba de ser editado en nuestro país, por primera vez en castellano, con prólogo de Luis Chitarroni y una traducción adictiva de Santiago Featherston. “El sistema que Welch parece inventar”, escribe Chitarroni, “es el de hacer oraciones claras, inconfundibles, e ir coleccionándolas en páginas perfectas”.

Bravo & Cruel sigue a través de diez relatos, que dan cuenta de lo que sucede en cada uno en una fecha distinta: la vida del narrador desde sus ocho años, recorriendo China, los Estados Unidos y Europa, asistiendo a la inesperada muerte de su madre, pasando por sus estudios en la escuela de arte hasta llegar a la Segunda Guerra Mundial.

De inmediato, Welch sorprende por la regularidad de su relato. El tiempo de esa regularidad es el tiempo de la descripción, porque como muy pocos Welch logra que descripción y narración sean prácticamente lo mismo. La descripción se hace siempre a la misma velocidad, como si fuese esa casa flotante que baja por el río Yangsté cuando el narrador es más chico, y cuenta lo que va viendo, en el primero de los relatos.

A Welch le encantan los objetos: revisa los cuartos y observa lo que encuentra. La regularidad de su descripción es esencialmente la del dibujo. Hasta el momento de su accidente, cuando empezó a escribir, se había dedicado principalmente a la pintura. Los motivos de su pintura, que expuso en varias galerías, incluía paisajes de inspiración gótica, objetos de arte, gatos, naturalezas muertas, motivos fantásticos. En 1945 restauró una casa de muñecas del siglo XVIII que se puede ver en el Victoria and Albert Museum.

Pero la regularidad es también una forma de la sexualidad, una manera de seducir y dejarse seducir. Es la exposición de la seducción. Las situaciones inesperadas, los personajes extraños, excitan la curiosidad del protagonista, que se deja llevar. Lo que se teje es un vínculo homoerótico.

Hay algo extraño en la psicología de los personajes con que el narrador traba relación. Los personajes que describe no actúan según las impresiones que le causan.

Denton Welch es un narrador muy fino, aristocrático, con una memoria prodigiosa y una enorme capacidad y sutileza para identificar sensaciones. Sin embargo, la psicología del otro es siempre un enigma, una no coincidencia que esconde algo macabro.

En los cuentos de Bravo & Cruel lo que sucede, sucede precisamente entre saber y no saber, casi como si ese fuese el espacio vital a conquistar.

Observar y dejarse llevar. “Me gustaría hacer lo mismo que usted”, le dice el narrador a un vagabundo. “Me gustaría caminar durante millas cada día, y dormir en un sitio distinto cada noche, y conseguir mi propia comida.” “Finalmente me obligué a alejarme de ellas y de la casa; no seguiría buscando motivos, simplemente dejaría que mis pensamientos flotaran en mi cabeza mientras paseaba por el jardín”, escribe más adelante. Y casi al final: “Yo era nada, y flotaba sobre un montón más grande de nada”.

Bravo & Cruel, Denton Welch. Trad. Santiago Featherston. La Tercera Editora, 372 págs.

Mirá también

Lo leiste en #FMVoz

0 Comments

Dejá una respuesta

Abrir