En movimiento, por Netflix: danza y sus muchos colores

admin

10/04/2021

Bailarines y coreógrafos de diferentes regiones del mundo toman la voz en En movimiento, una extraordinaria serie documental de Netflix dirigida por Thierry Demaizière y Alban Teurlai.

En movimiento tiene cinco capítulos dedicados a artistas de la danza y cada uno habla, por así decirlo, en su propio idioma sin palabras.

Israel Galván, uno de los más admirados bailaores del flamenco contemporáneo y también el más excéntrico. Los jóvenes Lil Buck y Jon Boogz, intérpretes y coreógrafos sobresalientes de una de las tantas ramas de la danza urbana estadounidense, que crecieron en medio de la pobreza y la violencia familiar. Ohad Naharin, deslumbrante coreógrafo israelí que dirige desde 1990 la Batsheva Dance Company y que creó la técnica Gaga para que todo el mundo pueda bailar. Akram Kahn, británico de origen bengalí y uno de las grandes figuras de la danza contemporánea internacional; en él se unen la tradición de sus ancestros y las formas de la danza de este tiempo. Y Kimiko Versatile, jamaiquina y fuerte estandarte feminista de la dancehall, un género de baile popular de Jamaica.

Algo une las historias de Lil Buck y Jon Boogz con la de Kimiko Versatile; los tres se consagraron a las danzas de calle y los tres las llevaron a un plano de elaboración coreográfica. Pero no es sólo esto: también hay en los tres la necesidad de explicar su arte como actos de resistencia a la dominación blanca y de referirlo a la esclavitud de sus antepasados.

En movimiento, la docuserie de Netflix consta de cinco capítulos.
En movimiento, la docuserie de Netflix consta de cinco capítulos.

Lil Buck y Jon Boogz, que crecieron respectivamente en Memphis y Miami, desarrollaron cada uno por su lado dos estilos diferentes de bailes urbanos:el jooking, un baile más bien competitivo, y el popping, que Lil Buck baila como si su cuerpo careciera de huesos.

Se conocieron bailando para turistas en una calle de Santa Mónica, unieron sus fuerzas y hoy son un dúo artístico enormemente exitoso si bien la proyección internacional de Lil Buck es mucho más notoria: ha hecho giras con Madonna, hizo su propia versión de La muerte del cisne acompañado por el cellista Yo Yo Ma (video viral en Youtube), se presentó en el palacio de Versalles con la compañía de Benjamim Millepied y participó como modelo, al lado de Mijail Barishnikov, en una campaña de la marca de ropa Rag&Bone.

El ritmo de Jamaica

También es singular el recorrido de la jamaiquina Kimiko Versatile, que nació en el interior de su país, conoció la dura vida de los guetos negros de Kingston y que con una potencia fenomenal -como bailarina y como persona- creó su propia compañía de dancehall formada por mujeres en un medio exclusivamente masculino. Su estilo es abiertamente sensual y erótico.

En movimiento. El poster que promociona la docuserie de Netflix.
En movimiento. El poster que promociona la docuserie de Netflix.

“No se puede bailar dancehall si no se es sexy”, dice la que fue su maestra de danza. Desde hace tiempo Kimiko viaja por el mundo dando clases de dancehall en sitios tan inimaginables como Rusia, donde hay muchos seguidores de este baile jamaiquino de fuertes raíces africanas. El episodio que protagoniza culmina de una manera épica: un enfrentamiento abierto entre el muy probado grupo masculino Sopreme Blazzaz y las Versatiles Ones, que salen triunfantes por el aplauso aplastante del público.

Flamenco con lenguaje propio

Saltamos de continente y nos encontramos con Israel Galván, hijo de un matrimonio de bailaores sevillanos y auténtico prodigio infantil que actuaba en los tablados desde pequeño: “Jugar al fútbol con otros niños -dice en cierto momento- era para mí la luz; bailar, era la oscuridad”.

Después de ganar los más importantes concursos del género, a los dieciocho años decidió, no exactamente abandonar el flamenco, sino hacerlo a su manera: vestido de mujer con una larga peluca rubia y movimientos propios de las bailaoras; o bailar en un ataúd colocado verticalmente; o concebir una versión flamenca de La metamorfosis de Kafka.

En movimiento. Israel Galván.
En movimiento. Israel Galván.

Para su padre fue un golpe terrible y sintió tanta amargura que le ofreció una suma colosal de dinero para que volviera al flamenco puro. Pero Israel quería hacer un camino propio y su talento y su originalidad lo llevaron en poco tiempo a un enorme éxito internacional en Estados Unidos, Japón, Europa; en todo el mundo, excepto, hasta cierto punto, España.

Pero en 2018 ocurrió algo crucial para él y también algo único en la historia del flamenco: bailó, frente a 14.000 personas, en la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla. Para entonces sus padres ya habían reconocido el valor de Israel. Dice la madre sobre el final del episodio: “Mi hijo es un… ¿Picasso?; ¿se llama así ese que pinta?”.

Un baile en Tel Aviv

Y ahora, otro salto hasta la ciudad de Tel Aviv donde Ohad Naharin, desde 2018, es el coreógrafo residente de la Batsheva Dance Company. Durante tres décadas fue su director artístico y el creador de un repertorio único y genial. El episodio dedicado a él incluye ensayos para el montaje de una obra nueva, comentarios a la cámara de algunos bailarines, escenas familiares y al propio Naharin diciendo este tipo de cosas: “No sé si mis bailarines son más talentosos que los de otras compañías. Pero tienen herramientas que otros bailarines no tienen, como saber que no son perfectos y estar dispuestos a probar lo que sea. Con eso se crea un intérprete más sensual, más peligroso, más misterioso, más hermoso. Me encantan los bailarines que llegan cada mañana al estudio esperando descubrir algo nuevo”.

La docuserie En movimiento refleja distintas maneras de encarar la danza. Foto Netflix
La docuserie En movimiento refleja distintas maneras de encarar la danza. Foto Netflix

Y luego está la escena en las que utiliza su técnica Gaga para hacer bailar a la gente de un hogar de ancianos -entre los cuales está su propia madre de 90 años-, y a un multitudinario grupo de gente sin ningún entrenamiento de danza. El mismo dice: “Al conocer personas que no eran bailarines, aprendí tanto como de mis propios bailarines”.

Akram Kahn nació en 1974 en Londres, donde sus padres se habían refugiado después de huir de los sangrientos conflictos por la independencia de Bangladesh. Dejaban atrás una parte de su vida y necesitaban celebrar el hecho de haber sobrevivido y también hacer el duelo por los muertos. La madre enseñó a sus hijos el kathak, la danza tradicional de Bangladesh, y Akram recuerda: “Mi hermana y yo nos transformamos en museos vivos”. Sentía que debía cargar penosamente con los recuerdos de sus padres, pero más tarde el kathak pasó a ser parte de su vocabulario de danza.

Durante la infancia rechazaba su piel oscura y solía rascarse porque pensaba que quizás, abajo, era blanca. Consideraba a Inglaterra como su hogar, pero sus compañeros en la escuela le decían “apestas a curry”. Jóvenes blancos borrachos atacaban el restorán de su padre y el racismo lo acompañó durante toda la adolescencia.

En movimiento capta muy bien la pasión por el baile, más allá de razas y nacionalidades. Foto Netflix
En movimiento capta muy bien la pasión por el baile, más allá de razas y nacionalidades. Foto Netflix

Sin embargo, su doble pertenencia a la danza contemporánea y al kathak lo condujeron por un gran camino artístico. Eximio y multipremiado bailarín (en Buenos Aires tuvimos la dicha de verlo en dos oportunidades, como parte de la programación del FIBA) y coreógrafo superlativo, fue invitado a comienzos de 2020 a participar con una breve creación propia en un inmenso festival en Daca, la capital de Bangladesh. Se celebraría el centenario del nacimiento del héroe nacional Mujibur Rahman y para Akram Kahn era una forma de regresar a un lugar propio que no conocía.

Una parte de los bailarines ensayó en Londres con Akram, otra parte en Daca con sus asistentes y luego se reunieron, días antes del estreno. Fue en el momento exacto en que comenzó la pandemia: Akram Kahn no pudo viajar desde Inglaterra pero su obra fue hecha por los 33 bailarines -el único espectáculo que no se suspendió- frente a una gigantesca platea vacía. Toda la secuencia de hechos, desde que Akram explica por zoom a los bailarines que no podrá viajar a Daca, es terriblemente conmovedora.

En movimiento habla de la danza de una manera reveladora y profunda; pero también habla de otras cosas: de los lazos familiares, del amor, de la pasión, del dolor y de la riqueza cultural de este mundo al que llamamos globalizado.

WD

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